Los venezolanos con su cruz de leña a cuestas para llevar el fuego al hogar

La cruz de leña que cargamos todos los venezoelanos

Es inadmisible, injusto, inhumano, detestable lo que está sucediendo en el país con respecto a la falla total en los servicios públicos. Todos, sin excepción no cubren la demanda de una población que ya no sabe qué hacer con tantos problemas que la aquejan. El escenario es complejo, literalmente oscuro, sombrío, en cualquier ámbito y este caos se ha convertido, además es un atentado a la salud pública de los venezolanos, en general y de los merideños en particular.

Sí, porque si no hay agua las personas no pueden asearse, y muchos menos mantener el lavado frecuente de manos como medida probada para evitar contagiarse con el coronavirus que está en todas partes y que no hace ninguna distinción en sus ataques. El agua es vida, es limpieza, es purificación de ambientes, pero en este país, también se nos niega el derecho al vital líquido. Sí, porque al no haber gas doméstico la gente ha tenido que volver a la práctica ancestral de cocinar con leña para no morirse de hambre. Eso, como lo han dicho los médicos especialistas, es una amenaza latente para quien debe hacer una fogata y aspirar el humo que proviene de la combustión de la madera y, peor aún de los plásticos que también se utilizan para tal fin.

De vez en cuando, está bien, como se hacía cuando Venezuela era otra, y los amigos y familiares se reunían para compartir animadamente, una parrilla o preparar un sancocho. Ahora, no. Ahora, es por necesidad porque en este país otrora petrolero y en vías de desarrollo, ya no se consigue el preciado hidrocarburo. Y, si a través de “caminos verdes” se logra una bombona, los precios dolarizados hacen inaccesible la compra para el ciudadano común.

Sí, porque el tormento de los cortes de electricidad, de las subidas y bajadas de voltaje atentan contra la salud mental de los habitantes. Todos, de alguna u otra manera nos vemos afectados por el desplome eléctrico. No hay respeto, ni consideración y muchas menos misericordias con los que sufrimos constantemente al observar cómo nuestra vida pende de un hilito de luz que nos permita hacer algo por nuestra existencia.

Mucha gente ha perdido sus electrodomésticos, sus computadoras, cualquier cosa que trabaje con energía eléctrica está en peligro de extinción. En este país, nadie va a responder por los daños tantos físicos, mentales y morales que padecemos con cada corte de electricidad.

La población se siente vulnerable. Las protestas, que se han multiplicado en todo el país en los últimos meses, muchas veces son reprimidas con violencia, pero ya la ciudadanía está perdiendo el miedo y sale a las calles a mostrar su descontento.

Sí, porque tampoco hay gasolina para que el parque automotor se movilice. Y el intentar cargar combustible se ha convertido en un verdadero calvario de injusticias y manejos desiguales, corrupción y mafia. Es lamentable ver a nuestros agricultores, con sus camiones cargados del fruto de su labor, parados días con sus noches para poder cargar combustible, mientras otros, los VIP, pasan a la estación de gasolina con toda tranquilidad.

Sí, porque hay hambre en gran parte de la población. Y las posibilidades de adquirir alimentos para una comida balanceada, está muy lejos de ser alcanzada con los sueldos de miseria que percibe la mayoría.

Sí, porque la idea, no es recibir cada cierto tiempo una bolsa CLAPS que trae en su mayoría carbohidratos y nada de proteínas. La solución es tener un país productivo, con sueldos justos, que les permita a las familias, comprar su canasta básica dónde y cuándo quieran, según sus posibilidades.

Sí, porque los precios de los medicamentos también son, paradójicamente, un atentado para la salud de los venezolanos. Hay, por sólo citar un ejemplo, una medicina para los enfermos de la Covid-19 que puede llegar a costar 600 dólares, y para un tratamiento se necesitan varias.

Sí, porque el dólar sube vertiginosamente, cada hora, y los precios de los productos, según los comerciantes, para no descapitalizarse, crecen al mismo ritmo macabro. La solidaridad, brilla por su ausencia. La idea, para algunos, es ganar y ganar más, sin importarles los sufrimientos ajenos.

Y mientras el venezolano lleva su cruz de leña a cuestas, el gobierno sigue empeñado en sus elecciones, y le ponen tanto empeño, que al parecer, no le importa, ni la pandemia, ni los problemas de salud de la población. Tampoco, entre tanta diatriba política, entre tanta cacería de brujas, entre tantas reuniones estériles para hablar de lo mismo, el país se destruye, nada funciona, y la gente pide a gritos un cambio de rumbo, porque vamos hacia un abismo aún peor. Redacción. C.C.

12-11-2020