Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, la sombra de la oscuridad se cierne sobre Mérida. Una oscuridad impuesta por la ineficacia y la desidia, que condena a las mujeres a una lucha diaria por la supervivencia.
Ellas, las luciérnagas que iluminan la noche con su fuerza y determinación, son las que más sufren las consecuencias de los constantes cortes de electricidad. Madres que batallan para alimentar a sus hijos bajo la tenue luz de las velas, profesionales que ven truncada su jornada laboral, estudiantes que se aferran al conocimiento en la penumbra.
Ejemplos hay muchos:
Ana, madre de dos niños pequeños, se despierta sin electricidad. La noche anterior no pudo dormir con el calor sofocante y el zumbido de los mosquitos. La nevera está vacía, la comida se ha echado a perder. A la luz de una vela, prepara un desayuno frugal para sus hijos.
María, universitaria, tiene que preparar un examen, pero en la biblioteca, la luz parpadea y se apaga, frustrando su esfuerzo por cumplir con sus deberes.
Rosa, trabaja online, pero su labor se ve interrumpida cada dos horas aproximadamente debido a los cortes perversos de electricidad, que suscitan sin aviso y sin posibilidades de protesta. Cristina es operaria en una imprenta, pero no puede cumplir con las entregas por los constantes cortes de electricidad.
Dulce es odontóloga y cada mañana, cuando llega a su consultorio se persigna y le pide a Dios que este día no le corten la luz en su horario de atención a los pacientes.
Y así miles de casos, tantos como mujeres, hay en nuestro Estado Mérida.
La oscuridad no solo roba la luz, sino también la esperanza. La doctora Marianela Valecillos lo explica con crudeza: «La falta de energía eléctrica genera envejecimiento precoz, pérdida de peso, anulación social y riesgo de enfermedades como diabetes, cáncer e hipertensión». Un panorama desolador que acorta la vida y limita las posibilidades.
¿Puede Mérida progresar bajo estas condiciones? ¿Pueden las mujeres cumplir con sus responsabilidades si están condenadas a vivir sin electricidad? La respuesta es un rotundo no.
En este día, lanzamos un grito de auxilio. No queremos más oscuridad, queremos luz para nuestras casas, para nuestras calles, para nuestros sueños.
Mientras tanto, oremos juntas en fe y optimismo. Porque aunque nos pueden quitar la electricidad, jamás podrán apagar nuestra luz interna, esa que nos permite iluminar la existencia de nuestros seres queridos.
Arinda Engelke
08-03-2024



