Lujos en dólares y miseria en bolívares

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Venezuela ha vivido un colapso económico en los últimos ocho años que ha destruido el país. Sin embargo, es previsible un efecto rebote tras tocar fondo. El régimen permite ahora el uso del dólar y ha abierto la mano a la inversión extranjera, muy selectiva y en procesos de poca o nula transparencia. Los empresarios aprovechan los bajos impuestos y la eliminación de aranceles para hacer negocios. El efecto que ha producido es el de una burbuja. En este mundo exclusivo se manejan grandes cantidades de divisas en efectivo. Funciona, también, como una lavadora de dinero de los cientos de millones de dólares saqueados a las ganancias del petróleo o provenientes del tráfico de drogas. Eso ha creado una nueva clase social, similar a la oligarquía rusa de los noventa, que llena los lugares de moda como el Hotel Humboldt.

Por él pasean genuinos negociantes, eso seguro, pero predominan los amigos del régimen. El lavado tiene un gran espacio en el país. La opacidad impregna toda la actividad nacional. Desde la ausencia absoluta de rendición de cuentas por parte del Estado, lo cual facilita la vida de actividades ilegales o de dudoso origen. Un ejemplo de ello es el colombiano, barnizado de representante diplomático Alex Saab, extraditado a Estados Unidos acusado de ser un testaferro del chavismo, mutado a madurismo. Muchos temen que les pueda ocurrir lo mismo y gastan todo su dinero en Venezuela. Por supuesto, hay espacios de lujo en lo que esto es absolutamente notorio. Lugares donde la oligarquía novel gasta a manos llenas, sin escrúpulos y exhibiendo fortunas visibles, que van desde vehículos de alta gama, vestimenta de marca y una que otra joya extravagante. El Humboldt se observa full de enchufados, pegados al gran tomacorriente en que se ha convertido el Estado venezolano para la canalla unión cívico militar.   

Los boliburgueses y cercanos del régimen se encuentran inmersos en su burbuja, mientras otras empresas se vieron obligadas a cerrar durante las jornadas de cuarentena radical, sus lugares favoritos permanecen abiertos para ellos. No se es buen enchufado si no haz disfrutado en Caracas de restaurantes y panaderías exclusivas, de reciente apertura. Una oferta para atender las extravagancias de esta clase sedienta de lujos, confort y dólares sobrantes deseosos de ser consumidos. Las últimas tendencias son los tratamientos de belleza, tanto corporales como faciales. Las vacunas antienvejecimiento están en el top, también el ácido hialurónico y bótox, el precio de los tratamientos no es un limitante. Obviamente el lujo sexual también es una exigencia para es grupeto de delincuentes, los escándalos suenan todos los días, la dolce vita caraqueña bajo el anonimato.

Mientras ocurre en la burbuja de confort que muestra una aparente recuperación económica, pero en dólares, la gran mayoría de venezolanos en pobreza extrema ganando en bolívares. El reciente informe de la FAO señala que: América Latina y el Caribe enfrenta una situación crítica en términos de su seguridad alimentaria. Ha habido un aumento de casi el 79 %, en el número de personas con hambre entre 2.014 y lo que va del 2.021. Aunque la pandemia ha agravado la situación, el hambre ha ido en aumento. Debemos corregir las vulnerabilidades profundas de los sistemas alimentarios, hacerlos más inclusivos y sostenibles y asegurar que brinden bienestar a las personas que alimentan a las sociedades. Los países en peor situación son Haití, Venezuela y Nicaragua. Es necesario que el país tome acciones urgentes para detener el aumento del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. Transformando los sistemas de agroalimentarios y hacerlos más eficientes, resilientes, inclusivos y sostenibles, para proporcionar dietas saludables para todos. Soluciones que no están en el suministro de bolsas clap, politizadas y profundamente discriminatorias amen de las deficiencias nutricionales que presentan.

El 94,5% de la población del país se encuentra en algún nivel de pobreza. El más notorio es la pobreza extrema, en el que se encuentra 76,6% de la población de Venezuela. El año culminara con una hiperinflación cercana al 1.000 %, un leve crecimiento cercano al 3 % del PIB, la desaceleración de la inflación en los últimos días, es producto de la dolarización consentida de toda la economía, las remesas, la informalidad de la economía y la intervención del BCV, para mantener la tasa de cambio controlada, sacrificando reservas internacionales. El régimen utiliza una arquitectura financiera para poder burlar las sanciones. Eso alivia su situación, no en el sentido de que tenga por ello ingresos mucho más grandes, aunque los ingresos han mejorado de manera significativa, sino que hay un manejo para tratar de aliviar el efecto de las sanciones. Y en otros casos para transferir el costo de las sanciones a la población y tratar de que haya una corriente de opinión pública generalizada contra las sanciones. Esta estrategia genera factores que reducen el impacto negativo de las sanciones, pero no acerca a Venezuela hacia una mejora.

La desigualdad en términos sociales y económicos seguirá muy presente en el país, cada vez con más contradicciones. Va a depender de esos sectores vulnerables saber si estaremos mejor o peor. Quienes estarán peor, quienes dependen de un salario del ingreso público, los empleados públicos y toda la parte de retirados y pensionados, eso no va a mejorar en 2.022, las perspectivas para este grupo seguirán siendo negativas. En conclusión, se ha destruido tanto que estamos prácticamente en la miseria, pero por supuesto se tendrá un crecimiento ligero, no muy importante de cara al hueco que se tiene, en otras palabras, tendremos para consuelo la estabilización de la miseria.  Esta situación varía levemente hacia la otra cara de la moneda. Algunos sectores quedan dentro de considerados ganadores, o con familiares en el exterior, a través de lo que han podido consolidar su posición económica, los que verán un mejor nivel de ingreso el próximo año. Mientras la gran mayoría de venezolanos condenados a la miseria colectiva, forzados mantener la marcha de la diáspora, para eludir la condena a muerte impuesta internamente. Unos viviendo con todo tipo de confort y lujo en dólares, y otros cual mendigos sobreviviendo en bolívares. Crecimiento económico, pero a que costo.     

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