Jesus in the house of pharisee - St Vincent de Paul Sisters convent - Betania, Bethania- Israel

(Juan 12, 1-11)

Con este imperativo, “déjala”, (con pronombre enclítico, el cual entendemos en la forma de orden o mandato), Jesús, favorece el gesto de María, hermana de Marta y Lázaro, y corta la pretensión de Judas: la avaricia y el engaño.

Además, tal imperativo, nos orienta a la apertura del primero de los cuatro “Cantos del Siervo de Yahvé” (cf. 1ª lectura), según el cual reconocemos que el Siervo (ʼEbed), es decir, Jesús, con su verbo actúa como redentor, rompe el particularismo de Judas, y de muchos en la actualidad, causando la apertura de los ojos (conciencia) y la libertad de espíritu.

Estos dos aspectos, tan esenciales a nuestra vida de fe, y aleccionados por Cristo en la Iglesia, nos impelen a llevar luz a las periferias geográficas y existenciales, (expresión característica del Papa Francisco, incluso antes de haber sido elegido Sumo Pontífice), misión necesaria de nuestra “madre y maestra”: la Iglesia Católica.

Desde luego, la luz no es un algoritmo intelectual, sino la puntual presencia de Dios que disipa las tinieblas del miedo, del caos.

A pesar de la frecuencia de estas anomalías, permitamos, como en la unción de Jesús por María en Betania, que nuestra casa común, nuestro mundo, “se llene del olor del perfume”, porque el “olor” recuerda la denominada Shejiná, esto es, la presencia de la gloria de Dios. Ese detalle descrito por Juan, no es simplemente un pormenor doméstico, es una teofanía; puesto que, donde está Jesús ungido, está el resplandor soberano de Dios.

Por cierto, el reproche de Judas, “se pudo haber dado a los pobres”, podemos categorizarlo “utilitarista”.

Desde luego, el imperativo, “déjala”, además nos recalca que Jesús no desprecia a los pobres, pero esclarece con autoridad, —por ende, el imperativo—, que el culto a Dios es el principio de donde debe emerger la caridad. Sin el “perfume” para Cristo, el socorro a los pobres se transmuta en mera filantropía ideológica.

Hay muchos malos olores espirituales, desprendidos de comportamientos avaros y traidores; por consiguiente, diseñemos con sabiduría y buen trato una geografía del corazón y de los sentidos, porque hemos de impregnarnos del buen olor de la Gracia.

30-03-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com