Por: Fernando Luis Egaña…
Qué caballero era Manuel. Cuánto hace falta. En general al país. Su lucidez singular. Su valentía cívica. Maestro de maestros. No sé si una sonora voz en el desierto. No sé. Pero esa voz y esa pluma republicana, democrática y civil están allí, como el testimonio de un hombre cabal que no cesó nunca en impulsar el renacimiento de la democracia venezolana.
Y en particular, también me hace mucha falta. Con él logré una amistad fraternal que sigue conmigo todos los días.
Era un erudito. La vastedad de su cultura política, histórica, del pensamiento de las ideas, es difícil de avistar. Algunos se confundian con su lengua de trapo… pero acaso no haya un escritor más riguroso y exigente, en estos años de tragedia.
Su hermano intelectual, Luis Castro Leiva, era sujeto de su reproche: la mente de Luis es colosal pero escribe en arameo… Manuel era completamente independiente. Sus años en el Partido Comunista y en la etapa fundacional del MAS, no dejaron huella de disciplina ideológica. Una persona, Teodoro Petkoff, era su única dirección, y más o menos.
Decía siempre que era fanático de la Divina Pastora y devoto de los Cardenales de Lara. ¿Quién conoció más la vitalidad esencial de Barquisimeto? Sólo Ramón Guillermo Aveledo se le puede aproximar.
Un toque personal: poco antes de su muerte, lo fui a visitar. Lo sentí en paz. La paz del Señor. Manuel Caballero hace mucha falta. Es verdad. Pero su gran obra y su humanidad esclarecida seguirán siempre con nosotros.
27-08-2026
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