Hace unos años, decir Euskadi era asociarlo a extremistas que luchaban por autonomía sin excluir los excesos que argumentaban transgredir el orden instituido. La frase se hizo neologismo en la imaginación de Sabino Arana en 1896 para referirse a la patria vasca formada por las provincias Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y Álava que fueron españolas y luego de los pirineos franceses. Es Álava el lar nutricio de Manuel Mujica Millán, nacido el 26 de mayo de 1897.

A los 16 años estudiaba en el Colegio Superior de Cataluña con egreso de Arquitecto el 24 de enero de 1925, bajo tutoría de Eusebi Bona Puig, geronés autor de la remodelación del Palacio Real de Pedralbes, en Barcelona y que fue residencia de la Familia Real entre 1919 y 1931. Tuvo el privilegio de seguir las cátedras del Arquitecto Josep Pujol, cuya vena heredó del abuelo Segimon Pujol, autor del retablo de la Virgen de los Ángeles, en Barcelona y de su padre Segismund, autor del Retablo Mayor de Santa María en 1735.

Pere Domenech y Joaquim Bassegoda son parte de su forja magisterial. El primero, autor del Estadio Olímpico de Barcelona en 1929 y Bassegoda, “poco dado a florituras estilísticas pero de perfecta ejecución”, dejarán influencia en Mujica Millán. Meridalba Muñoz acentúa la influencia: “él viene de una formación en arquitectura con bases sólidas de lo que es el conocimiento de estilos, valores de la arquitectura, de la tradición y eso es parte del material que él trae a Venezuela (..) y agrega en su tesis: “cuando estaba estudiando en España tuvo relación permanente con sus profesores que son arquitectos municipales, personas que van definiendo en ese momento la imagen de las ciudades en las cuales están interviniendo”.

Mujica llega a Venezuela contratado para comenzar varios proyectos en Caracas. Arribó por el Puerto de La Guaira el 12 de octubre de 1927 y con los emisarios del gobierno visita los lugares de trabajo: la reestructuración y decoración del Hotel Majestic. Esa obra da apertura a su labor en el país y será inaugurada el 30 de diciembre de 1930. Fue el edificio más alto de la ciudad, el primero en disponer de ascensor y lugar de hospedaje de distinguidas figuras de la élite política y artística como Carlos Gardel en 1935.

En Caracas recibe los proyectos de la iglesia neogótica de Las Siervas del Santísimo Sacramento, la remodelación del Panteón Nacional, cambiando su concepto neogótico a una forma neobarroca. Mujica edifica los complejos urbanísticos Campo Alegre, La Florida, Capilla Nuestra Señora del Carmen y diseña los proyectos del Teatro Coliseo, en los espacios del Teatro Pimentel y el Teatro Continental, entre las esquinas Pepe Sierra y La Bolsa.

Cuando Mujica llegó a Venezuela, el poeta Menotti Spósito publicaba en Mérida sus Cantos Bárbaros: “soberbia, casta y pura ciudad de caballeros,/ con los blasones áureos, de perlas y coral,/ libradnos de la plaga de sabios y toreros,/ de juntas literarias, de santos misioneros/ de cómicos de a legua y de cualquiera mal”. En 1927 el Colegio San José funda el equipo San José F. C. que jugó con los ejidenses Deportivo Fénix y Deportivo Única, en el primer referente de Mérida en el deporte. Luego de 18 años de estada en Caracas, Mujica llega en 1945 y se radica en Mérida.

La experiencia apilada en Cataluña, emerge avecinada en Caracas para decantar en una obra material que enorgullece a la Mérida contemporánea. Se ha formado con grandes maestros, de quienes adquiere gran destreza y condiciones naturales porque “era un dibujante magnifico, sus trabajos están acompañados de planos que son más bien verdaderas obras de arte, más allá de los convencionales planos técnicos”, acredita Meridalba Muñoz. El Arzobispo Acacio Chacón, impulsor de hermosas obras arquitectónicas en la ciudad, concierta y logra traer el maestro a Mérida.

La Catedral de Mérida, el Palacio de Gobierno y el Seminario Arquidiocesano son clases magistrales de una arquitectura comprometida con el destino de la ciudad. El historiador Pedro María Molina refiere que Mujica es contratado para elaborar el diseño arquitectónico de ampliación del Edificio Central de la ULA y que su destreza “le permitió tomar elementos de las edificaciones existentes para mantener estilo y armonía estética, logrando un equilibrio interno y externo en su obra con una magistral organización de la cuadra de la Plaza Bolívar”.

Mérida se convirtió en razón de vida y su proyecto se asentó en medio de seductoras montañas. En 1950 trasladó a su familia y se hizo uno más de los moradores en la provinciana urbe y así darle obra trascendente entre 1945 y 1963. Manuel Mujica llevó a término fábricas de instituciones públicas como el Edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes y varias residencias que hoy son eje del circuito arquitectónico que define a la ciudad moderna y cosmopolita en un legado que aboga por el crecimiento en armonía con el entorno estético.

El 22 de enero de 1963 las autoridades Municipales de Mérida otorgaron a Don Manuel Mujica Millán el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad, revalidando el mérito por su dedicación en la hechura de un novedoso concepto arquitectónico para la urbe, que se asomaba con discreción y cortedad a la segunda mitad de la centuria pasada.  

Meridalba Muñoz, docente de la Facultad de Arquitectura y laboriosa en el estudio del maestro, refiere que su obra ha contribuido a precisar “la definición del perfil urbano de la ciudad y a esculpir la imagen de la Mérida del siglo XX”, lo que resulta una de las aportaciones más revolucionarias de los últimos años en Venezuela, y de manera particular en Mérida, donde concibió y sentó doctrina en arquitectura; señalada en sus construcciones colosales, impresionantes y útiles, tan presentes en su espacio físico que ya conforman el patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad contemporánea.  

El Maestro Manuel Mujica Millán, hacedor de la Mérida moderna, refería en su concepto “la importancia de la condición urbana de la arquitectura”, subraya Meridalba Muñoz Bravo. Una ciudad así, pensada para que el habitante disfrutara su ciudad, con zonas arborizadas, espacios para la gente y caminerías, en un proyecto que se pudiera recorrer la ciudad con los servicios a mano, en un lenguaje arquitectónico abierto y con sabor a identidad.  “Nunca ha sido norma de mis trazos guiarme por escuelas foráneas, yo me guio por el ambiente, tradición y cultura de los pueblos”, describía el Maestro vasco frente a su obra. Don Manuel Mujica Millán falleció en su querida Mérida, el 13 de febrero de 1963, a los 66 años de edad.

Por: Ramón Sosa Pérez

02-10-2025