Marcha por la Ciencia

Por: Alfredo Portillo…

El pasado 22 de abril, justamente el Día de la Tierra,  se realizó en  Washington (Estados Unidos), y en unas 200 ciudades más en el mundo, la Marcha por la Ciencia, para exaltar a la ciencia y al rol que ésta juega en la vida diaria de las personas, de las sociedades, de la humanidad toda. Una de  las pancartas que se mostró, en alguna de las ciudades donde se marchó, decía: “No hay planeta B”.

Una de las motivaciones que tuvieron los colectivos de científicos y activistas por la ciencia para convocar este original evento, fue la necesidad de mostrar que los resultados de la actividad científica debe estar  presente en el centro de las políticas públicas que formulan quienes gobiernan a las sociedades, para evitar que se siga improvisando y apuntándole al tiro al blanco, cada vez  que hay que tomar decisiones  trascendentales.

Problemas complejos como el cambio climático, la salud, la producción de  medicamentos, el hambre, la educación,  el crimen organizado, el crecimiento económico, la generación de empleos, entre otros, requiere del aporte de las diferentes ciencias para que se consigan  las soluciones más adecuadas.  Al respecto la científica Caroline Weinberg, cofundadora de la Marcha por la Ciencia en Estados Unidos, señaló lo siguiente: “La ciencia alarga nuestra vida, protege nuestro planeta, pone comida en nuestra mesa  y  contribuye a la economía”.

A propósito de lo anterior, resulta oportuno recordar nuevamente al insigne economista y teórico de la planificación Carlos Matus, quien en su libro Teoría del Juego Social, dice: “Las ciencias no parecen tener impacto relevante en el enfrentamiento de los problemas sociales y en la calidad de la gestión pública. Hay un abismo entre el retraso  de la política y el avance de las ciencias. La primera ignora a las segundas”.