Más y más círculos de mujeres

Por: Rosalba Castillo R…

En la tendencia de la construcción de sororidad (hermandad, alianza entre mujeres) para el logro de la igualdad de género, construir círculos femeninos,  está identificado como una de las mejores herramientas para encontrar  ese camino. Conocernos y aceptarnos  como agentes de cambio,   es un largo pero fructífero proceso. Sustituir  antiguos paradigmas. Dejando  morir aquello que ya  no nos funciona. Construyendo nuevos códigos  para fortalecer y lograr una  paridad  entre ambos.

Una canción, una danza, una escucha, una historia, un gesto amoroso, mientras estamos sentadas en círculo, donde todas somos iguales. Sin jerarquías, sin críticas, en contención y mucha sabiduría. En un encuentro intimo  entre mujeres que han decidido sanar sus heridas. Fortalecerse como seres sociales y culturales y así, cambiar  nuestras  vidas y las de otros. Mientras descubrimos nuestro potencial y nos vamos empoderando. A  la vez que nos convertimos en efecto multiplicador con otras mujeres y por supuesto, otros hombres.

Los círculos son una parte clave de la evolución del género. Nos llevará de ser una sociedad  en competitividad, represión y violencia a una  con  una conciencia  que nos abraza desde el sentir y la igualdad. Para la antropología estos  círculos  son  un modelo arquetípico de organización femenina  y se constituyen en un gran reto. “Analizar a las mujeres por si mismas, dejar de mirarlas como el otro negado para considerarlas seres  cognocientes, cognociables y reconocerlas en su papel de creadoras  culturales desde su experiencia como sujetos sociales”.

Plantearnos círculos de mujeres sigue siendo mi invitación para aquellas  que  nos buscamos como una pequeñita parte  en  un mundo  globalizado donde requerimos de mucha más sabiduría para la convivencia en este planeta que está en pausa, en tiempos de pandemia y donde se ha exacerbado  la violencia de género. Evidenciando la desigualdad entre los mismos. Los círculos de mujeres se remiten a esos encuentros que se tenían en pequeñas comunidades indígenas. Mujeres y hombres conversaban mirándose a los ojos y desde la misma altura sobre lo relevante para cada uno y para la comunidad. A veces con historias y ceremonias ante al fuego, creando así  espacios de comunicación.

Estas reuniones en rueda fueron reemplazadas por filas donde los miembros de las comunidades,  como seres  pasivos, recibían instrucciones e información de parte de los líderes del  nuevo patriarcado.  Una de las pioneras en la creación de estos círculos  fue la siquiatra y analista jungiana Jean Shinoda Bolen. Su hipótesis afirma que: “ellos pueden acelerar el cambio de la humanidad a una era post patriarcal”.

Gather The Womem, una comunidad virtual,  que  reúne mujeres de 52 países, favorece el empoderamiento  social al que alude Bolen. ”La conexión con la propia feminidad  y el crecimiento que experimentan las mujeres repercuten en su entorno social”. Pareciera que el mundo es masculino y las mujeres hemos tenido que ganarr batallas  por nuestros espacios a pesar de ser reconocidas como inteligentes, planificadoras y visionarias. Actualmente, los estudios llevan a conocer que la educación  de las mujeres  lleva a la construcción de los roles femeninos y masculinos,  desde tempranas edades, donde el opuesto constituye la reafirmación de la propia identidad. Es justamente  en la cotidianidad como la igualdad debe instaurarse.

Mujeres conversando. Escuchándose. Riéndose. Respetándose. Admirándose. Solidarizándose. Danzando. Cantado. Meditando. Dibujando, pero por sobre todo aceptándose  así mismas y a las demás. Construyendo sororidad. Las ventajas del círculo para las mujeres del siglo XXI residen en el hecho de que entre ellas puede hacerse una sola voz. Tejerse trenzas, no solo desde el cabello sino, desde el alma. Crear comunidades femeninas nos lleva a reflexionar sobre el ser sororas, como redes de apoyo con aquellas que lo requieren y como entes de cambio frente a la equidad.  Esa práctica ayuda a la sanación individual y colectiva de las mujeres, en la construcción de espacios afectivos y efectivos.

Disponer de  un tiempo sin prisa para llevar una mirada hacia adentro. Hacia eso que perdimos por ser demasiado proactivas, multifuncionales en pos de la igualdad. Conectarnos con lo que realmente somos y necesitamos. En compañía de otras mujeres que disfrutan por igual este proceso. Atendemos el hogar, los hijos, la pareja, el trabajo, el estudio, pero nos olvidamos que nosotras, somos lo más importantes de nuestras vidas. Cada vez somos más las mujeres que sentimos  la necesidad de cocrear espacios de transformación  para encontrar nuestra propia voz.

Siento que en estos tiempos, los círculos de féminas, vienen a llenar escenarios donde la sororidad  nos lleva al verdadero significado de la vida. Se hace necesario encontrar nuestro propio poder y creatividad para volar sobre el mundo. Conectándonos íntima y colectivamente, desde esos espacios de renovación.

Experimentar nuestra siques, nuestro cuerpo y nuestra alma se convierte en un ensamblaje de discursos y prácticas, que nos permiten ser desde nuestra propia realidad  para luego configurar esa otra realidad que nos ha excluido y maltratado más allá de los golpes.

Construyamos círculos de mujeres, desde las familias, desde las  comunidades, desde las escuelas, universidades y trabajos. En la diversidad de edades, razas y credos. Invitemos a los hombres a caminar al lado nuestro con las experiencias que nos ofrecen los círculos amorosos de mujeres.

rosaltillo@yahoo.com

27 /03/2021