Mercosur es un parapeto

Por: Fernando Luis Egaña…

Cuando Mercosur fue constituido, en 1991, los países fundadores: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, consideraban que podía ser un mecanismo verdadero de integración económica regional que, además, le diera soporte y energía a los sistemas democráticos todavía recientemente implantados. Por un tiempo fue así. Mercosur se convirtió en un ejemplo de proceso de integración. Pero entrado el siglo XXI, Mercosur fue perdiendo vitalidad y destino. Tanto que el peor gobierno del mundo, el de Venezuela, se ufana de poder acceder a la presidencia rotatoria de Mercosur.

La hegemonía que impera en Venezuela ha desbaratado los sistemas de integración que funcionaban a finales del siglo XX, en particular la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el G-3 con México y Colombia. Ha enclaustrado la economía, la ha venido aislando de la globalización, y hasta ha cerrado la principal frontera comercial de la nación, la venezolano-colombiana. Sus ejecutorias son completamente contradictorias con la teoría y práctica de la integración.

Lejos de considerarla una iniciativa de apertura, intercambio y competencia, la hegemonía entiende a la “integración” como un esquema gubernativo de regaladera de recursos y negociados billonarios. De eso se trata, por ejemplo, el llamado “Alba”, que le ha costado y le cuesta una cifra colosal al menguado erario del Estado venezolano. Por ello la condicionada membresía de Venezuela a Mercosur es una formalidad con poca o ninguna consecuencia favorable a la economía y a la población del país.

Mercosur se ha convertido en un carcamán que sólo sirve como tribuna política de gobiernos populistas y corruptos como fueron los de los Kirchner y en gran medida los de Lula Da Silva y Dilma Rouseff. La ilusión de que Venezuela fuera la bisagra entre un Mercosur efectivo y una CAN efectiva, quedo en eso, en una ilusión de las postrimerías del siglo anterior, que el actual se encargó de disipar.

La presidencia de Mercosur es un mecanismo rotativo que no supone ningún tipo de reconocimiento especial. Y como será la mala reputación del desgobierno de Maduro, que varios países que forman parte de dicha asociación están en contra –abierta o solapadamente—de que esa presidencia le toque al señor Maduro. Se sabe de sobra que la propaganda roja le sacaría jugo al tema, y ello sería un factor adicional para la decadencia terminal de Mercosur.

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