Mérida bajo la sombra del humo

Caminar por Mérida a las siete de la mañana no debería sentirse como una prueba de resistencia para los pulmones. Pero, para cualquiera de nosotros que camina hacia la escuela o espera el transporte en una avenida principal, la realidad es otra, una nube negra, densa y con olor a azufre que sale disparada de los tubos de escapes de camiones de carga y autobuses viejos o con falta de mantenimiento.

A veces parece que los adultos se han acostumbrado, pero este humo no es solo «parte del paisaje»; es una falta de respeto a nuestro futuro.

No es necesario ser un científico para entender el problema, basta con ver esos camiones de carga o algunos autobuses que parecen sacados de una película de hace cincuenta años. Cuando aceleran, sueltan una nube de humo que nos obliga a taparnos la cara con el bolso del colegio o con la mano.

Ese humo no desaparece, se queda en nuestra ropa, en nuestro cabello y, lo más preocupante, en nuestro cuerpo. Según lo que leemos y vemos en redes, esas partículas diminutas (llamadas PM2.5) son tan pequeñas que entran directo a nuestro sistema, causando asma y cansancio crónico. ¿Cómo esperan que nos concentremos en un examen de matemáticas si estamos respirando veneno de camino al salón?

Se supone que el transporte público es la solución ecológica para reducir el uso de carros particulares. Sin embargo, en muchas de nuestras ciudades, los autobuses son los principales responsables de la contaminación. Es una ironía cruel, tratas de hacer lo correcto usando el bus, pero terminas contribuyendo a una nube de smog porque las unidades no reciben mantenimiento o son modelos obsoletos que deberían estar en un museo, no en las calles.

Como adolescentes, a menudo nos dicen que somos el «mañana», pero necesitamos respirar hoy. Nos molesta la indiferencia de las empresas o líneas de transporte público, que priorizan el ahorro de costos sobre la renovación de sus flotas de buses. También de las autoridades, que permiten que vehículos que claramente no pasan una prueba de emisiones sigan circulando como si nada.

No queremos normalizar el hecho de que nos lloren los ojos al caminar por el centro por culpa de ese dañino humo. Exigimos un transporte público digno y una regulación estricta para el transporte de carga. Queremos una ciudad donde el aire sea un derecho y no un peligro.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 3er año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

19-04-2026 (142)