Con la frase pudiera inferirse, o bien que la merideña es propiedad colectiva o, por el contrario; que vive en anarquía y esto no pude traducirse en axioma, bajo ninguna circunstancia. La diversidad histórica va más allá de su cosmogonía hasta enlazarla con atributos culturales que le fueron de suyo un rasgo singular por mucho tiempo. Los Viajeros de Indias legaron bonitas expresiones de su naturaleza y civilidad.
Mérida de Los Caballeros como se llamó a la culta ciudad andina, a tenor de la recurrente simpatía por las letras y el pensamiento, expresada con indudable prueba en escritores, poetas y creadores que en mucho contribuyeron sucesivas generaciones para darle prestigio y solera. El imperioso proceso que se cierne para devastar todo vestigio cultural que hable del pasado, es el enemigo silente de este tiempo.
La lucha desigual sitúa entre los intervinientes a la intrusión de culturas exógenas, que en tiempos reales desde las redes sociales intentan imputarnos códigos alienantes. La resistencia no es una novedad, pero a veces pareciera que la sociedad va cediendo a esos tentáculos y es entonces válida la preocupación de vivir la cultura desde lo íntimo de sus signos distintivos y en las formas más expresivas de su identidad.
Mérida no es la isla en este maremágnum porque conocemos su dimensión. Los gobiernos no fueron suficientemente generosos para leerla en sus signos vitales. Su carta de identidad ha sido ajena a la mayoría; con una retórica que hizo eslabón hacia la narrativa que convino a los fines personales del momento. A cada Alcalde “se le ocurría su ciudad” con el penoso saldo de rematar en negativo pues las carencias superaron las expectativas.
Los mandatarios llevaban tan poco en sus alforjas que las vaciaron muy pronto al punto que en tiempos recientes uno quiso emular “su propia” Ciudad Disney. Tales delirios, que son historia ya, sirvieron para desvanecer el retrato que la identificó por épocas y que fue ensayo para denostarla con infamantes adjetivos en sus plazas descuidadas, edificios patrimoniales abandonados, calles arruinadas, accesos en dejadez que hoy rayan en la anarquía.
Esa Mérida aún es posible si se impulsa una propuesta que observe sus rasgos de identidad, valore su historia, calibre su trascendencia y potencie su fortaleza hacia un paradigma que la merezca. La cultura, el turismo y el conocimiento son pilares sobre los que debe asentarse la cosmovisión de la ciudad. No planteamos aquí la primicia de otro plan sino la oportunidad de garantizar en la facultad del Municipio, el funcionamiento de los servicios elementales.
A lo anterior se suma el cumplimiento de sus obligaciones legales; esto es, propiciar una mayor calidad de vida y en consecuencia, la inversión se verá cristalizada. Distinguirnos en la bondad del merideño, del trabajador decidido, del estudiante solícito, el empresario y emprendedor afanoso, pasa por un Municipio responsable que atiende la salud, formación en valores, educación, servicios básicos de aseo, ornato, agua, vialidad y transporte.
Bajo estas premisas se puede pensar en un modelo de transformación real con capacidad de sostenibilidad y sustentabilidad. Vale la ocasión para evocar la infeliz frase del mandatario local que en su tiempo pensó invertir el trazado de las avenidas de norte a sur. Cuando indagaron su razonamiento, apenas farfulló: “es que a mí se me ocurre”. Ese es el concepto de ciudad que nuestros flamantes Alcaldes han llevado a cuestas.
Excepciones hay y no podemos soslayarlas. El Municipio Libertador proyectó una Bienal de Música y otra de Literatura, publicó libros sobre la ciudad, edificó la Biblioteca Bolivariana y un sinfín de hechos indiscutibles que obedecen a la cosmovisión del Alcalde. Pareciera que el desdén reciente opaca las buenas gestiones, pero ello ha de ser aliciente para rehacer un concepto humano de la ciudad pensadora y cosmopolita que la ornó de antiguo.
La ciudad creadora tiene en los artesanos, músicos, escritores e investigadores, una veta colosal. Estimular esas experiencias desde la convocatoria real para hacer de Mérida el escenario de promoción de sus fortalezas, es un ejercicio de buena voluntad y mejores intenciones que reserva al gobierno y cogobierno Municipal de Libertador la oportunidad de reivindicar el tiempo descarriado de quienes no supieron leer sus signos trascendentes.
Ramón Sosa Pérez
07-09-2025



