En las calles de nuestra ciudad, el tránsito es un reflejo de la convivencia (o falta de ella) entre sus habitantes. En los últimos años, el aumento de motorizados ha sido notable, ya sea por su practicidad, economía o rapidez. Sin embargo, este crecimiento no ha ido acompañado de una cultura vial que garantice la seguridad de quienes optan por estos medios de transporte.
Los conductores de vehículos de dos ruedas deben ser los primeros en actuar con precaución. Circular a velocidades moderadas, usar casco, respetar los semáforos y evitar zigzaguear entre los carros no son sugerencias, son obligaciones. Muchos accidentes ocurren por imprudencias como adelantamientos abruptos o no respetar las señales de tránsito. La vulnerabilidad de un motorizado exige mayor atención, un error puede costar la vida.
Pero la responsabilidad no es solo de los motorizados. Todos los conductores de vehículos deben entender que las calles no son exclusivas para ellos. Es común ver cómo algunos carros o autobuses no guardan distancia, cierran el paso o incluso ignoran la presencia de una moto al cambiar de carril. Un retrovisor no revisado, un frenado brusco o una puerta abierta sin precaución pueden tener consecuencias graves.
El respeto mutuo es clave. Mérida es una ciudad en crecimiento, y su movilidad demanda empatía. Los motorizados tienen derecho a transitar seguros, y los automovilistas deben recordar que, dentro de ese vehículo de dos ruedas, hay una persona tan vulnerable como cualquier peatón.
No basta con campañas esporádicas. Se necesitan más operativos para sancionar excesos de velocidad y el incumplimiento de las normas por parte de todos. Educación vial desde las escuelas y mayor señalización podrían marcar la diferencia.
Las calles son de todos. Que el respeto, la paciencia y la conciencia sean nuestro mejor combustible.
Redacción C.C.
11-08-2025



