Una oración cariñosa “mi amor por favor, quédate en casa”, que emana de las personas que están conscientes del gravísimo peligro que implica salir a la calle, sin ningún objetivo, solamente por el hecho de no aguantar el encierro que significa esta cuarentena, tenaz pero necesaria. Hay quienes se exponen sin razón ni argumentos, contrariamente a la actitud valiente de las personas que tienen un deber con la sociedad y lo están cumpliendo a cabalidad, afrontando el riesgo con una fuerza inaudita que los guía y ojalá los proteja de ese enemigo invisible, pero cierto: el coronavirus. Ese organismo microscópico está en todos los lugares: aceras, escaleras, pasamanos, ninguna superficie que toquemos está a salvo. Lo que sucede es que no podemos verlo pero el enemigo viral está acechando para continuar propagándose indiscriminadamente.
La población debe entender que esta pandemia es planetaria. Ha cobrado muchas víctimas y las seguirá cobrando mientras no se asuma que, las barreras sociales, son la única manera de mantener al virus lejos de cada uno de nosotros.
¡Es fácil? No. ¿Es sumamente molesto y angustiante? Sí. ¿Causa una honda preocupación en los padres de familia, en los trabajadores, en las amas de casa? Por supuesto que sí. Sin embargo, y por duro que sea, debemos adaptarnos y comprender que el mundo que conocimos antes del COVID-19, cambió radicalmente.
Aisha Ahmad es profesora asistente de ciencias políticas en la Universidad de Toronto y autora del galardonado libro Jihad & Co: Black Markets and Islamist Power (Oxford University Press, 2017). Ella escribió: ¿Por qué deberíamos ignorar toda esa presión de extrema productividad inspirada por la crisis del coronavirus?, un material que todos deberíamos leer porque está basado en experiencias reales de su vida en diversos escenarios de extremo sacrificio.http://altascapacidadespitagoras.com/deberiamos-ignorar-toda-esa-presion-extrema-productividad-inspirada-coronavirus/.
Entre otros aspectos muy interesantes menciona los siguientes: “La respuesta a la pregunta que todos se hacen: « ¿Cuándo terminará esto?» Es simple y obvia, pero terriblemente difícil de aceptar. La respuesta es nunca. Las catástrofes globales cambian el mundo, y esta pandemia es muy parecida a una gran guerra. Incluso si contenemos la crisis del Covid-19 dentro de unos meses, el legado de esta pandemia vivirá con nosotros durante años, tal vez décadas por venir. Cambiará la forma en que nos movemos, construimos, aprendemos y nos conectamos. Simplemente no hay forma de que nuestras vidas se reanuden como si esto nunca hubiera sucedido. Y así, aunque puede hacernos sentir bien en este momento, es una tontería sumergirse en un frenesí de actividad u obsesionarse con la productividad en este momento. Eso es negación y autoengaño. La respuesta emocional y espiritualmente sana es prepararse para ser transformados para siempre”.
Salvar la vida y la de nuestros seres queridos.
Venezuela también está en peligro. El coronavirus entró en nuestro territorio. Sea por las razones que sea, eso no es lo importante, las medidas, especialmente la cuarentena “social”, se tomó a tiempo, pero si la población no acata el llamado de “quédate en tu casa”, el virus podría hacer desastres en el país, especialmente porque nuestro sistema de salud, venía presentando serios problemas mucho antes de la llegada del COVID-19.
El panorama de Venezuela es conocido por todos, sentido por muchos e imposible de ocultar. Los venezolanos ganamos sueldos de miseria, 3 dólares a lo sumo es el salario mínimo establecido ¿qué podemos comprar con eso? No hay gasolina ni para los productores agropecuarios. El gas doméstico no ha vuelto a llegar y las personas que pueden, cocinan en fogones de leña. Los niños están malnutridos. Los Claps no llegan. Las ayudas monetarias ofrecidas por el gobierno para paliar la crisis todavía no aparecen. En algunas regiones como los Andes y Zulia los incesantes cortes de energía eléctrica son un castigo constante, inaguantable y perverso. Entonces… pedir paciencia y acatamiento de la cuarentena es algo incongruente porque no contamos con bienestar ni seguridad dentro de la crisis provocada por el coronavirus. Pero ATENCIÓN, la vida es un regalo maravilloso y debemos tratar de preservarla por encima de las circunstancias. Como dice la doctora Aisha Ahmad “Al otro lado de este viaje de aceptación están la esperanza y la resistencia. Seremos creativos y receptivos, y encontraremos luz en todos los rincones. Aprenderemos nuevas recetas y haremos nuevos amigos. Tendremos proyectos que no podemos imaginar hoy e inspiraremos a personas que aún no hemos conocido. Y nos ayudaremos los unos a los otros. No importa lo que suceda después, juntos lo conseguiremos.
Paciencia, valor, oración y mientras tanto, no dejemos de aconsejar: Mi amor, por favor, quédate en casa.
Arinda Engelke. Leo León. C.C.


