Miércoles Santo: Mi hora está ya cerca

01(Mateo 26, 14-25)

En 1a 1ª lectura leemos el llamado “Tercer Canto del Siervo de Yahvé”.

En él encontramos el término hebreo ‘Ut, que traduce consolar, sostener. En la pasión, a pesar de su tristeza, Jesús nos manifiesta su inquebrantable disponibilidad absoluta; de hecho, la frase “mi hora está ya cerca”, cuyo intenso significado uno al del término hebreo ‘Ut, esclarece con tal bondad para sus seguidores, que Él, incluso en la agonía, “llega a tiempo” con una palabra “providente” para el que está abrumado.

La locución proferida por Jesús durante la Última Cena y el término hebreo, nos encausan a los versículos 6-7 del tercer Canto del Siervo de Yahvé, en donde el hagiógrafo recalca esta otra sentencia, Ba’al mishpāt, es decir, “mi adversario en el juicio”; en efecto, la sentencia, terminología legal propia de los tribunales antiguos, nos aclara que el Siervo reta a sus delatores en un juicio providencial donde sabe que Dios es su abogado (Go’el).

Por supuesto, para el creyente, la Iglesia nos rememora que, unidos a Cristo, el juicio del mundo es provisional frente a la sentencia de lo alto.

Es en dicho juicio, tan bien representado en esta bienaventuranza, “felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias” (Mt 5, 11), en donde el Altísimo abre nuestro oído y nos da su palabra.

En realidad, Jesús aún señala, “mi hora está ya cerca”, pero con tal motivo, nos recomienda no volvernos insensibles y fríos, porque la decisión de comprobarnos sin límites, “yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lc 22, 27), es más dura que el sufrimiento. Asumirla en nuestras vidas, testimoniarla en privado y en comunidad, nos requiere la actitud propia de los ‘Anāwîn, pobres, humildes, pues son aquellos que no tienen más apoyo que a Dios.

Por supuesto, este apoyo de los ‘Anāwîn, no logramos apreciarlo según el chronos, el tiempo del reloj, sino según el tiempo de la gracia y la Providencia divina: “Mi hora está ya cerca”.

La hora de Jesús también indica su cercanía, por la cual robustecemos respecto a Él un vínculo inquebrantable de lealtad.

Este Miércoles Santo acompañamos al Nazareno en la tradicional procesión por las adyacencias de los sectores de cada parroquia; por consiguiente, en la liturgia revisemos nuestras propias monedas de plata, (Judas vendió a Jesús en 30, que, según Éxodo 21, 32, treinta siclos era la compensación legal que debía pagarse al dueño de un esclavo si éste moría por el ataque de un buey); entonces, ¿esas monedas en reiteradas ocasiones representan aquello por lo que cambiamos nuestra fidelidad?

01-04-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com