Por: Juan Carlos Delgado Barrios*
¿Ahora los militares son un cuerpo político, parte de un partido, un colectivo militar, que tiene el sartén por el mango y, con ello, la dirección del régimen? De esa pregunta surgen las interrogantes adicionales: ¿Quién verdaderamente gobierna a Venezuela?; ¿Existe hoy mayor militarismo que en los tiempos de Chávez? Para responder a estas interrogantes comencemos con recordar que en Venezuela desde 1999 se desarrolla un militarismo atípico, diferente a los modelos latinoamericanos que conocimos y que tuvieron vigencia hasta mediados de los años 80, militarismo que se profundizó a partir del 2003 cuando Hugo Chávez se declara socialista y conductor de una revolución al estilo de la revolución castrocomunista, de allí que, se expresa que es una revolución pacifica pero armada sostenida por un movimiento cívico militar.
Esto ultimo impuso transformaciones en el estamento y estructura castrense para lograr la hibrides cívico-militar que se proponen, lo que condujo, por una parte, a la militarización de la sociedad, a la creación de un cuerpo de milicias, – cuerpo informal bajo el mando supremo y directo del presidente de la republica, siguiendo el modelo de Cuba de los Castro y de Libia de Gaddafi -, y, por la otra, la saturación de la administración publica con oficiales activos desplazando a los civiles de los cargos de mando. Se reformo la Ley de la FANB en abierta contradicción con la misma Constitución Nacional para darle legalidad a la nueva ideología y funcionamiento del sector militar. Unas FANB socialistas, revolucionarias y chavistas como se declaran sus altos mandos.
Con el argumento de la defensa de la patria el gobierno nacional, pretende fomentar un neomilitarismo en la sociedad venezolana, sobre todo, en las nuevas generaciones que se sustenta en la promoción del arraigo del culto a la personalidad de los actores de la revolución militar, en la colocación del paradigma militar por encima de lo civil, en la conversión del ciudadano en un combatiente o miliciano defensor de la revolución, en la promoción de la vía de las armas para dirimir los conflictos internacionales colocado por encima de la vía diplomática, en el infundio de la existencia de un poderoso enemigo externo y la continua alarma y preparación para enfrentar a ese enemigo invasor, en el desarrollo de la visión y posición de pueblo-victima frente al poder imperial, en la concreción de una fuerza futura de milicianos que se preparan para una guerra asimétrica, informal y de guerrillas que solo existía en la mente de Hugo Chávez.
En este contexto Chávez fungía como el caudillo militar, el comandante supremo, en el centro del proyecto cívico-militar, sin que nadie y nada le hiciera sombra, en este sentido, desmontó todas las posibles competencias internas dentro del mundo de las FANB con sucesivas purgas y escogencia de leales “hermanos de la revolución”, mientras a otros, les permitió participar en “negocios” que luego les sirvió para sancionarlos moralmente o penalmente, incluso silenciarlos lanzándolos al ostracismo. Todo el proyecto militar giraba a su alrededor bajo el tutelaje directo de asesores cubanos y del poder supremo de la Habana.
Con la muerte de Chávez quedo un gran vacío en este proyecto cívico militar, ningún líder militar tenia la talla y confianza de los Castro para sustituirlo, es cuando se apela a la candidatura civil impuesta desde la Habana, un hombre de su entera confianza y formado en los cuadros de las escuelas revolucionarias para America Latina. Este es Nicolás Maduro. Desde este momento se arrecia aún más el control de los cubanos sobre la vida castrense venezolana para sustituir al caudillo muerto, mayor control y mayor vigilancia hacia el cuerpo castrense. Lo que conduce a reacomodos de las fuerzas de opinión dentro de la FANB, aflorando comportamientos de rebeldía ante los cubanos y de exigencia de una mayor presencia de los militares en las grandes decisiones del país, un verdadero gobierno cívico militar se demanda, ahora un cogobierno militar cívico por la estrategia de compartir el poder entre civiles y militares comprometidos con la revolución.
El equilibrio se logra con el consenso de una mayor participación militar dentro del gobierno. Se crea, en consecuencia, la Dirección Política Militar de la Revolución, órgano no contemplado en la Constitución Nacional y que tiene inherencia y competencias desde la seguridad nacional, la economía, la información y comunicaciones, en materia de asuntos fronterizos, electoral, de educación, de salud, de control político, distribución de alimentos, construcción y asignación de viviendas y, por supuesto, militar, entre otras competencias.
Todo instrumentado mediante la reestructuración de la administración publica en cuerpos de decisión e integración político-militar llamados Estados Mayor de Gobierno, organización desde el paradigma y estrategia militar; según el mismo Nicolás Maduro, que por cierto, estas estructuras están por encima de los ministros y sustituyen prácticamente al Consejo de Ministros. Este poder militar se ensancha con los jefes regionales de las zonas estratégicas militares dentro de la llamada Nueva Geometría del Poder a los cuales les han ampliado sus competencias de gobierno sobre los territorios correspondientes. Lo que nos permite inferir que esta nueva estructura propicia una presencia muy significativa del componente militar en el gobierno de la Nación. Hoy hay más poder e inherencia militar que en los tiempos de Hugo Chávez.
Como puede observarse ya este régimen dejo de ser gobernado por un “caudillo militar” al estilo de Hugo Chávez, Fidel Castro, Augusto Pinochet, Jorge Videla, Hugo Banzer, Velasco Alvarado, Anastacio Somoza, Omar Torrijos Herrera, entre otros, para dar paso a un militarismo sin caudillo militar, con un colectivo cívico-militar de dirección colegiada, de convivencia interna y tutelaje externo, con mayor presencia de cuadros militares medios y altos en el poder publico, organizados en logias y en grupos de opinión con mayor libertad de albedrío, de intervención y de influencia directa, ya que antes estaban solapados por la sombra del jefe de la revolución. Estos grupos imponen a Nicolás Maduro y a sus ministros civiles el ritmo del gobierno, en común acuerdo, con los comisarios políticos cubanos dirigidos desde la Habana. ¡Los militares de hoy tienen el sartén por el mango¡
*Profesor Titular (Jubilado) de la Universidad de Los Andes, juancdula@yahoo.es


