Te daré gracias, Señor, de todo corazón; Me arrodillaré en dirección a tu santo templo
para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra
por encima de todas las cosas.
Cuando te llamé, me respondiste, y aumentaste mis fuerzas. Cuando me encuentro en peligro, tú me mantienes con vida; despliegas tu poder y me salvas de la furia de mis enemigos.
¡El Señor llevará a feliz término su acción en mi favor! (SALMO 138)
Les quiero contar lo que siempre le pedí a Dios cuando era muy joven, pienso que desde niño: le tenía mucho miedo a los terremotos y a todos los desastres naturales, por tal motivo pedía constantemente a Dios que si eso sucediera en Mérida o en Venezuela, me permitiera sobrevivir y quedar en buen estado para ayudar a los que quedaran en malas condiciones por el desastre. Desde que en Venezuela, hemos comenzado a vivir toda esta terrible tormenta y desastre en muchos sentidos, me he dedicado a ayudar y a cumplir con la misión que él me ha confiado.
Actualmente con esta pandemia no he descansado del trabajo multiplicado que he tenido que realizar, más no me siento mal, sino contento, satisfecho y agradecido, de haberle cumplido ante la petición que una vez le hice.
Estoy vivo y con salud, esta es la razón más grande para dar Gracias infinitas al Todopoderoso, porque no nos ha dejado solos y en medio de la tormenta y el terremoto de problemas, hemos sentido su presencia. En esta turbulencia he sentido la brisa suave del Dios que nos ama.
Hoy doy gracias a Dios, por el excelente Padre y Pastor de Mérida, el Cardenal Porras Cardozo, quien al inicio de esta pandemia, nos llamó y organizó para el trabajo que realizaríamos desde la Iglesia y para la gente.
Gracias a Dios también por los médicos y todo el personal de salud, que nos han tratado y acompañado a destiempo dando sus vidas por nosotros sus hermanos. Queridos médicos y personal de salud: Gracias y que Dios les multiplique en vida, salud, bienestar familiar y éxito profesional, por todo lo que han hecho y seguirán haciendo. Son Ustedes nuestros ángeles terrenales en medio de la pandemia. Todos los días los bendecimos y oramos por ustedes. Los queremos mucho y que viva la dignidad del médico venezolano, porque ustedes con su personal, equipo de trabajo, y apoyo de sus familias, demostraron de qué están hechos y quienes los formaron.
Doy gracias a Dios por el clero que tenemos no sólo en Mérida, sino en toda Venezuela, quienes se entregaron también a trabajar más y más con nuevas formas y métodos y aunque los templos se cerraron, se abrieron los corazones de cada uno de ellos para dar lo mejor de sí, sin dejar a la gente sola. Unos corrieron con la suerte de no enfermarse y otros perdieron la batalla con este virus, pero la ganaron con Dios porque sus nombres ya estaban inscritos en el cielo y hoy gozan de su presencia, o sea también salieron victoriosos.
Gracias hermanos sacerdotes, diáconos permanentes, religiosos y religiosas, grupos de apostolado, laicos comprometidos con la Iglesia y no comprometidos, a todos los que hicieron un trabajo, ayudando y acompañando a los demás. Ustedes son grandiosos. Continúen cuidándose.
Gracias eternamente a Dios por los medios de comunicación social, periodistas, dueños de emisoras, televisoras y redes sociales, personal técnico y obrero, en los distintos lugares, que Dios recompense el trabajo titánico que hicimos juntos y continuaremos realizando Dios mediante.
Gracias Señor, por quienes desde lejos pero cerca, nunca nos olvidaron y nos ayudaron para poder solucionar muchos problemas.
Te doy gracias Señor, por tanta bondad y por muchas otras razones que seguro escaparán en estos momentos, pero los invito a seguir siendo agradecidos, porque ustedes seguramente también tienen motivos e intenciones para hacerlo, por ejemplo si yo fuera un padre de familia, hoy daría gracias por los que no descuidaron ni abandonaron por completo la educación, formación y cuidado de los hijos. Por los profesores y maestros educadores…
Les pido por favor, no renegar de este año porque no sacamos nada bueno, la actitud de un cristiano debe ser la del agradecimiento.
Ayúdenme a pedir por la conversión de los que se dedicaron a hacerle a daño a otro, incluso a familias completas, para que esos corazones de piedra se conviertan en corazones de carne que se sensibilicen ante la necesidad de sus hermanos.
Que Dios nos bendiga a todos y que esta noche al momento de despedir este año, y al sonar de las doce campanadas, podamos decir: GRACIAS, SEÑOR GRACIAS.
Feliz Año Nuevo 2021 y que nuestra amada Venezuela vea por fin la luz que tanto ha deseado, la luz de la libertad. Un abrazo cercano y de corazón sincero desde la distancia. Que María Inmaculada, nos cubra con su manto maternal.
“Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4, 13)
+Luis Enrique Rojas Ruiz
Obispo Auxiliar de Mérida
31/12/2020
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