Por: Ramón Rivas A….
La Mérida de España, permeó el espíritu salvaje de la sociedad precolombina en la cordillera de Los Andes. Una tarde, cuando el sol de los venados resplandecía el lomo de las altas montañas, sintió el peso del hombre europeo, fascinado por la serenidad de una laguna: La Laguna de Urao. Una pequeña fantasía de ensueño de sus aborígenes y sus mestizos. Una laguna que vio crecer a sus hombres y mujeres con el correr del tiempo. Esa laguna agiganta la fantasía de esos seres humanos en cuanto al origen y el destino de la vida y la muerte y su conexión con el cosmos. Sus dioses, sabios y sacerdotes bebieron del alma de esa laguna que impactó a inmigrantes y viajeros desde sus orígenes. Es la laguna que estremece permanentemente los rostros de hombres y mujeres.
Hoy, muere lentamente: para algunos la razón está en el cambio climático; para otros,en la desidia de sus gobernantes y gobernados; y a otros se les ocurre pensar que la mundanidad ha deteriorado física y moralmente a esa laguna. En esos atajos que se entrecruzan maravillosamente caminos y senderos, pregunto al sabio ignorante: ¿Por qué muere lentamente la Laguna de Urao? Su respuesta fue perpleja: sabrá Dios, sabrá Dios. Todo parece confuso. Lo cierto es que la laguna cada vez más se seca lentamente sin saber cómo y por qué. Si muere la Laguna de Urao, morirá para siempre elánima de una geografía que cautiva a sus arbustos y a sus aves. La laguna de Urao muere lentamente; sus peces presienten el fin de sus días y sus noches. Sus aves, las garzas, comienzan a mover sus alas hacia otros horizontes.
La laguna de Urao pierde su encanto, su magia y su misterio. Sus habitantes temen que la muerte de su laguna arrastre hacia el abismo a un entorno que tanto inquietó el espíritu épico y guerrerista de sus conquistadores. Los príncipes y los monarcas del imperio español, descubrieron en los relatos de sus cronistas la existencia de una laguna, La laguna de Urao, un paraíso que hubiese embriagado la aventura de aquellos hombres que caminaron inmensos desiertos para encontrar un edén.
La Laguna de Urao, el espejo espiritual y simbólico de toda una familia, de sus padres, de sus abuelos y de sus hijos no dejan de añorar aquellos tiempos misteriosos que vieron crecer las aguas de esa laguna. Cada uno de sus habitantes lleva en su alma un pedacito espiritual de una laguna que se resiste a perecer. Cada uno de sus habitantes lleva en su memoria y en su fantasía un mito, un relato, una leyenda.
La Laguna se encoge de tristeza y dolor al sentir en su interior la pérdida de sus aguas. Un momento crucial viven los hombres y las mujeres de la laguna de Urao, porque presienten que ese entorno fascinante pareciera morir con el tiempo. Prefieren vivir con su laguna eternamente en su presente. ¡Salvémosla!
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