“Mujer” no es sinónimo de debilidad

Por: Angélica Villamizar…

El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La Asamblea General de la ONU en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

La violencia contra la mujer de cualquier edad,  es una de las violaciones de los derechos humanos que más se están presentando en Venezuela y el resto del mundo y ésta situación ha aumentado desde que comenzó la pandemia, debido a que las mujeres han tenido que estar encerradas con personas abusivas. Esta violencia no solo es física, también se presenta de forma sexual y psicológica.

La cultura machista está arraigada en los hogares, lo vemos cuando los esposos o compañeros sentimentales imponen a la mujer el arreglo de la casa, la preparación de los alimentos, atender a los hijos, etc, cultura que condiciona que las mujeres son las que deben realizar todo el trabajo doméstico, solo por el hecho de ser mujer, porque se les cree débiles, sin permitir además que realice actividades que la satisfagan y la hagan feliz.

Pero existe otro panorama; muchos hombres, padres de familia están perdiendo su trabajo, o bien, porque producto de la pandemia han cerrado sus puestos de trabajo o porque su edad no les favorece a conseguir un nuevo empleo. Por consiguiente, esa situación los ha vuelto agresivos, intolerables y en algunas ocasiones, les molesta  que sea “ella” quien ponga el pan en la mesa, lo que le ha generado a la mujer que le aumente sus horas de trabajo, en la calle y luego en la casa, y que además tengan que soportar los maltratos de su pareja.

Estas situaciones se dan en la vida privada, donde es la víctima quien decide solucionar o no el problema, atreviéndose a tomar decisiones necesarias para eliminarlo. Pero ¿qué pasa, cuando el agresor es algún funcionario del Estado? Por ejemplo, cuando una mujer necesita realizar un trámite y para agilizarlo el funcionario le pide un “favor sexual” a cambio, o trabaja en el sector público y es acosada o manipulada por su jefe bajo la amenaza de despido si no accede.

Entonces, este tipo de situaciones son consideradas como corrupción, siempre y cuando se presenten algunos de estos tres elementos, el abuso de poder delegado por parte del agresor, solicitud de un favor sexual a cambio de cumplir o no con una tarea y por su puesto la coerción psicológica.

Es todo un reto sobrellevar esta pandemia, y que se imponga  la igualdad y los derechos de las mujeres sin menoscabar por supuesto, los derechos de los hombres. Se requiere de un equilibrio, de acompañamiento por parte de familiares de las víctimas y también de instituciones que hagan cumplir las normas para acabar con este flagelo que crece cada día más.

¡Tú misma detén la violencia, toma decisiones, actúa y denuncia. Nadie lo hará por ti!

 

Correo: amvs286@gmail.com

18-11-2020 (19)