Llegó diciembre para muchos el mes más bonito del año. Tiempo en que celebramos el nacimiento del Niño Dios. En nuestro país solíamos hacer de estas fiestas algo maravilloso, en las que poníamos todo el entusiasmo para no dejar morir las tradiciones: preparar las hallacas, montar el pesebre, decorar el arbolito con luces y bambalinas, hacer el dulce de lechosa, y hasta el ponche, una bebida medio espirituosa, pero sabrosa. Comprar los estrenos y alguno que otros detallito para regalar. Pero, este año, hemos visto más verdes que maduras y los meses se nos han pasado de sorpresa en sorpresa, lamentablemente no todas agradables. Entre medidas económicas, nuevo cono monetarios, apagones, basura, problemas con el suministro de agua, escasez de gasolina, gas, y sobre todo de comida y medicinas. Anuncios de aumentos de sueldo, dos, que se diluyen en la vorágine espantosa de la hiperinflación la cual, no ha habido forma ni manera de hacerla retroceder. Protestas por todos lados y provenientes de diferentes gremios: maestros, médicos, enfermeros, estudiantes trabajadores en general. Los empresario, comerciantes, profesionales independientes están preocupados y con sobradas razones porque ante una situación económica tan difícil ¿cómo van a poder hacerle frente a sus compromisos? en fin demasiadas circunstancias nefastas que, deberían disminuir el ánimo festivo, no obstante, pareciera que los nacidos en esta tierra, y que permanecen aquí no se dejan amilana.
Los contrastes
Pese al innegable, cuadro que acabamos de describir, el venezolanos, tiene algo, un no sabemos qué, que lo hace sacar fuerzas de donde no las hay, y así vemos por la calle los contrastes que a cualquier estudioso de la sociología lo dejarían con un fuerte dolor de cabeza por no encontrar explicaciones razonables. Notamos por ejemplo, a los niños caminando hacia sus escuelas, porque transporte no hay, con sus gorritos rojos navideños, inocentes al drama que están viviendo sus padres para alimentarlos.Descubrimos a una niña comprando un libro de 880 Bs,(todos sus ahorros) para hacerle un regalo a su papá “porque él también se merece un obsequio”.Tropezamoscon una amiga muy dispuesta a hacer las hallacas vegetarianas, “a falta de carne, y pollo, serán verduras-dice- y aun cuando están muy caras, en mi casa, como somos muchos, cada uno llevará lo que le corresponda. ¡ La Navidad hay que celébrarla ¡. En la unión está la fuerza-asegura Moraima- con el entusiasmo que la caracteriza. Algunos colegios están invitando a “parrandones” con comida, aguinaldos, y hasta gaitas. Los representantes de la iglesia católica, llaman a los diferentes actos religiosos propios de la época y la feligresía asiste, con devoción, fe y esperanza. Nuestra universidad enciende las luces de su gran árbol, una hermosa tradición y en el Mukumbarí hay tremenda agenda para que la luminosa Cruz de la Montaña”, brille durante estos días decembrinos.. Así se podrían contar innumerables historias, en las que queda demostrada la fuerza espiritual de quienes aun pasando necesidades, no quieren permitir que “les roben la Navidad” .
La verdad es que,lo más importante es que haya mucho amor entre nosotros, que se imponga la solidaridad, que si podemos, hagamos una donación por pequeña que nos parezca a nuestros hospitales, hay tantas personas que lo necesitan. Dispensemos una visita a la señora que se quedó sola en su casa, porque los hijos se fueron. Compartamos un pedazo de pan con el señor que nos limpia la calle. La satisfacción de dar es tan absolutamente deliciosa, que si la practicamos nos sentiremos muy bien, y cuando le digan “que Dios se lo pague” puede estar seguro que así será. Arinda Engelke. C.C.
Foto: Leo León


