16.4 C
Merida
martes, enero 20, 2026

Ni siquiera un techo de cartón para guarecerse

Es muy cierto que la injusticia social es un problema mundial. Ocurre en todos los países y regiones del mundo. Se expresa de distintas formas y con distintos niveles de gravedad, y genera conflictos sociales y políticos que pueden derivar en guerras, genocidios o revoluciones y la única forma de luchar contra la injusticia social es a través de la acción política coherente y consecuente para atacar sus causas, sin embargo, en Venezuela,cada día  observamos cómo la injusticia social crece y sus manifestaciones son cada vez más evidentes.

Aquí mismo, en Mérida, cerquita de cada uno de nosotros, frente a la conocida plaza Glorias Patrias nuestro lente captó una imagen desgarradora. Una familia, suponemos,  dormía sobre cartones y se arropaban con algunas mantas para soportar el frío de las noches en nuestra ciudad. Se podría decir: “son indigentes, mal vivientes”, pero también habría que pensar que en unapatria donde los dirigentes hablan de progreso, paz y justicia social, ya deberían comenzar a verse cambios significativos y escenas como la que hemos descrito, que se repiten a lo largo y ancho de nuestra geografía, no hablan, precisamente. de metas cumplidas. Recientemente, Nicolás Maduro, aseguraba «Hemos elaborado y se ha firmado con China, un Plan de Desarrollo integral en conjunto para 10 años, 2015-2025. De igual forma, en su cuenta en twitter aseguró que “diariamente, enfrentamos agresiones, mentiras, persecuciones y bloqueos del imperialismo y por el otro trabajamos incansablemente para brindarle a nuestro pueblo viviendas, salud, educación, empleo, pensiones, seguridad social y estabilidad política. ¡Rumbo al Socialismo Comunal! Y, no es que se dude de tales esfuerzos,  en casi 21 años de este “modelo “es mucho lo que podría haberse hecho. Pero, observando el escenario actual, estas afirmaciones suenan incongruente porque  ya estamos casi a finales del 2019, y la situación de Venezuela, lejos de mostrar signos de recuperación, está sumergido en un océano de problemas que todos conocemos y que padecemos diariamente.

El hambre ataca los estómagos de millones de venezolanos que ya no pueden alimentarse ni bien ni mal. Muchas empresas están cerrando y otras, como la Polar,  le ponen precios tan elevados y poco solidarios  a sus productos, que son contadas las personas que están en capacidad de adquirirlos.

“La economía venezolana ha experimentado el cierre de 370 mil empresas privadas en los últimos 20 años, el 60 % de las que existían en 1998 antes de la llegada del chavismo al poder, afirmó el presidente de Fedecámaras, Ricardo Cusanno, durante laasamblea 75 de la entidad gremial, el 16 de Julio de este año” Y por si fuera poco, la producción de petróleo bajó un 2,13 % (16.000 barriles diarios) entre mayo y junio, hasta los 734.000 barriles diarios (bd), Según fuentes, citadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en su informe mensual sobre el mercado de petróleo.

El último tiempo vivido ha sido realmente tenebroso para los ciudadanos porque nada está claro. Es como si estuviéramos en un limbo donde las partes en conflicto, no pudieran, o no quisieran,  unos, dejar de cometer errores, y reconocerlos, y los otros trabajar en forma coherente y mancomunada para ofrecer soluciones acertadas .En el medio de este marasmo,  estamos los que aun permanecemos aquí, intentando aprender de esta amarga experiencia y con fe en un futuro promisorio. Los que anhelamos  una transición,  que nos lleve a ser libres para decidir qué comer, dónde comprar, sin tener que esperar que el gobierno se haga cargo de enviarnos una bolsa de los Claps. Deseamos ganar sueldos justos y  adecuados a nuestro desempeño y conocimientos. Queremos poder viajar por nuestro hermoso territorio, sin tener que afrontar tantas vicisitudes. Aspiramos que las universidades estén repletas de estudiantes y profesores; y  que los niños y jóvenes en edad escolar cuenten con todo lo necesario para asistir a clases: uniformes, libros, cuadernos lápices, felicidad.   Esperamos que el respeto vuelva a los funcionarios públicos para que nos traten adecuadamente. Imploramos porque se acaben las infernales colas que se forman por todo y para todo. Oramos porque él éxodo de emigrantes cese y porque  los que se fueron regresen para apoyar las reformas necesarias. Ansiamos  vivir en un país democrático, amable, progresista, con valores y fraternidad. Y sobre todo que haya justicia social para que no tengamos que ver a más niños comiendo basura, y a más familias durmiendo a la intemperie por no contar ni siquiera con un techo de cartón.

Redacción C.C…Fotos Leo León @leoperiodista

Fonprula
Hotel Mistafi