No hay democracia universitaria sin duelo

Escribo desde lo incómodo, no desde una postura política acomodaticia electoral, sino desde el estremecimiento de una conciencia que nunca me permitió dejar de trabajar en la ULA; a pesar de las circunstancias. Vi derrumbarse casi todo en dos décadas y en ausencia de elecciones universitarias que me permitieran colaborar formalmente dentro del caos.

También veo con esperanza un renacer en ciernes, hay ulandinos workaholic que merecen todo nuestro respeto. Toda mi juventud y mi estancia como docente ulandino la he vivido entre la precariedad universitaria, la persecución política, la dictadura roja y las pugnas internas sin sentido, propias de la miseria humana. Nuestra tragedia duele tanto que a veces obviamos a la otredad para seguir sobreviviendo con nuestras vidas. Reconozco que quise alejarme de eso, pero, me quedé, y aún no sé el porqué.

El país, ya tantas veces fracturado por la pobreza, la migración, la precariedad, el quiebre institucional y la pérdida genuina de la cotidianidad, ha sido nuevamente atravesado por una tragedia que nos devuelve a lo más elemental: la fragilidad de la vida humana. Y, en este contexto, se anunciaron unas posibles elecciones de cogobierno en la Universidad de Los Andes, previstas para el 07 de octubre, y observo que, aparentemente, ya empezó la campaña. Repito, después de casi dos décadas sin elecciones, nadie sensato podría negar la importancia de recuperar la vida democrática universitaria. La universidad necesita deliberar, elegir, recomponer sus espacios de representación, reingeniería, una ontología diferente y salir del letargo institucional que la ha mantenido suspendida entre la resistencia y el desgaste. Creo que debemos hacer un giro ontológico hacia la ontología de la otredad; en diálogo con Levinas o con el Mitsein y la Fürsorge heideggerianos.
En este sentido, hay momentos en los que la política —también la universitaria— debe escuchar el tiempo que nos habita.

No puedo, al menos yo, asumir la elección como “una feria electoral”, mientras el país cuenta muertos, desaparecidos, heridos, damnificados y familias partidas por una tragedia que no es solo natural, sino también humana, social e institucional. Obviamente, celebro la democracia universitaria; no obstante, me opongo a que la democracia pierda su alma; el numen de la polis. No rechazo el voto en esta coyuntura; rechazo la celebración indiferente del acto de votar cuando alrededor hay duelo, polvo, escombros, familias rotas, ulandinos con los bolsillos y el estómago vacío y un estado de anomia en la universidad. Rechazo las consignas vacías, los edificios de palabras que algunos construyen desde el teclado, los que gritan y no aportan. Rechazo la invisibilización de los que, a pesar del tiempo, trabajan en silencio para sostener el peso de una universidad en terapia intensiva que celebra estar en los rankings de la nada. Rechazo que no haya formación en el relevo e intenciones de realmente pasar el testigo.

Por eso, decido participar en este evento electoral cuidando que el “buscar o dar un voto” no signifique ahondar en el dolor de profesores, trabajadores, estudiantes y ciudadanos que han perdido su poder adquisitivo o a sus familiares en este nuevo cataclismo que nos tocó vivir. En el que el pedir adhesiones, apoyos, respaldos o debates, se nos olvide la dignidad del otro, eso es un despropósito humano. El momento histórico nos interpela para que en la “competencia electoral” seamos sobrios, serios y realistas con las propuestas ofertadas, responsables en la difusión de los logros alcanzados durante el tiempo, y conscientes de que el “adanismo o mesianismo refundacional, no funciona. Depongamos la retórica, la endogamia científica y también la invisibilización de los liderazgos universitarios emergentes. Es hora de ser benedictinos, y también es momento de debatir de forma vehemente y respetuosa quienes están en el status quo.

Lo humano es político, y lo político, si es verdadero, debe ser profundamente humano y en eso debemos convertir la cotidianidad universitaria. Cuando la política se separa del dolor y la necesidad concreta del otro y de la intelección de la realidad que se habita, se convierte en un ejercicio vacío, en un rito sin espíritu, en un mecanismo que crea vínculos sin rostro. Sobre esa base no me gustaría que nos reedificáramos. Una universidad no puede permitirse eso. Mucho menos una universidad pública, andina, venezolana, históricamente rebelde y sostenida por profesores, trabajadores, estudiantes y jubilados que han resistido casi todo desde hace dos siglos. Creo que, por nuestra inherente andinidad, hemos colapsado el concepto de resiliencia el cual debe significar otra cosa para los merideños de estos tiempos. Sobre esto último debemos también reflexionar.

Y me pregunto, ¿Qué significa hablar de cogobierno y gobierno universitario si no somos capaces de cogobernarnos moralmente frente al sufrimiento? – Ese nosotros y nuestras circunstancias, debe ser abordado con aplomo, polarizando con aquellos que quieren convertir a la ULA en una universidad kakistocrática y endocentrista.

Si defendemos la democracia universitaria, entonces devolvámosle su vínculo con la compasión y el país. Si defendemos la política, entonces no la divorciemos del rostro concreto de quienes la sufren. Si queremos una universidad diferente, consensuémosla de forma diferente. En mi imaginario, nuestra caduca Ley de Universidades hablaba de “comunión de intereses espirituales”, yo la pienso como la comunión de estructuras morales que hagan de las personas egresadas de nuestras universidades públicas seres endoglobalistas al servicio de la existencia y trascendencia humana.

Vivamos el luto con dignidad en estas elecciones, porque lo humano es político, y lo político, si no es humano, deja de ser política: se convierte en cosificación del dolor e instrumentalización de nuestras carencias, intereses universitarios y nuestra poca capacidad de decidir sobre el futuro universitario.

Respeto e inclusión para el que piense diferente a mí.

Prof. Jorge Bastidas – FACES ULA
Coordinador General del Proyecto SCOPUS – Library
@jorgebastidasc_

26-07-2026