Noruega perdió, pero el canto vikingo se mantiene en el juego

Por: Rocío Márquez…

Noruega se despidió del Mundial después de perder 2-1 ante Inglaterra. El equipo de Erling Haaland quedó fuera de la competencia, pero uno de los símbolos que acompañó su recorrido parece destinado a permanecer: el canto vikingo y la celebración colectiva de los remos. En otras palabras, terminó el camino deportivo de la selección, pero no necesariamente la vida cultural de sus imágenes.

¿Nos apropiamos del canto y el movimiento de los remos?

Durante el torneo, Haaland dejó de ser solamente un goleador. Su apariencia, su nacionalidad y su presencia constante en memes reforzaron la figura del vikingo contemporáneo.

La publicidad deportiva y distintas marcas, como Nike, encontraron en ese imaginario un recurso fácilmente reconocible. Sin embargo, no fueron las empresas las que crearon por sí solas el fenómeno. Se incorporaron a una tendencia que ya circulaba entre aficionados, transmisiones y plataformas digitales.

El canto y el movimiento de los remos comenzaron a aparecer una y otra vez en videos, memes y publicaciones; y los algoritmos hicieron lo suyo. Aumentaron su visibilidad hasta hacerlos parecer inevitables.

Pero el fenómeno no terminó en las pantallas. También se trasladó a reuniones para ver los partidos, celebraciones, bares, plazas, incluso al sofá frente al televisor.

Personas alejadas de Noruega comenzaron a repetir un ritual cuyo origen quizá desconocían, pero cuyo sentido colectivo comprendían perfectamente.

Resignificamos lo que recibimos

 La repetición del canto vikingo en la vida cotidiana, en los aeropuertos, en la calle, en las salas de las casas, me recuerdan a los profesores José Sosa y Carlos Arcila, quienes escribieron sobre la apropiación de los medios.

Ambos, expertos en teoría de la comunicación, nos recuerdan que la comunicación no termina cuando un mensaje llega a la audiencia, sino que es precisamente allí donde comienza un proceso mucho más interesante. Las personas interpretan, adaptan y resignifican aquello que reciben de acuerdo con sus propios referentes culturales.

Como sostiene Henry Jenkins, los públicos no son consumidores pasivos, pues no se limitan a consumir contenidos. Los transforman y los hacen circular. Es decir, producen nuevos significados.

Eso es justamente lo que ha sucedido con el canto vikingo. En Hispanoamérica ya no representa únicamente a Islandia ni a Haaland. En muchos casos se ha convertido en una forma de celebrar, de crear identidad entre aficionados, de acompañar una victoria o simplemente de participar en un ritual colectivo. El mismo sonido comunica cosas distintas dependiendo del contexto en el que se utilice.

Los entornos digitales favorecen precisamente estos procesos de apropiación. Las plataformas facilitan la circulación de los contenidos, pero también permiten que las comunidades los transformen constantemente. Un mismo audio puede convertirse en meme, en recurso publicitario, en celebración deportiva o en símbolo de pertenencia. La comunicación deja de ser un proceso lineal para convertirse en una construcción colectiva de sentido.

Noruega se fue del mundial, pero se quedó en las prácticas compartidas

 La derrota de Noruega permite observar con mayor claridad esa transformación. Los acontecimientos deportivos terminan, pero algunos símbolos adquieren una segunda vida. Pasan del estadio a las redes, de las redes a la publicidad y de allí regresan a los espacios presenciales convertidos en prácticas compartidas. Los algoritmos pueden impulsar esa circulación, pero no controlan por completo sus significados.

Ahora que Noruega está fuera del Mundial, es interesante notar, en la rápida expansión de su canto, la manera en que hoy las audiencias transforman un símbolo deportivo en una experiencia colectiva, pese a que su popularidad pueda ser pasajera.

Quizá dentro de unas semanas otra canción, otro meme o algún nuevo rito ocupe su lugar. Pero mientras eso ocurre, no sería extraño que, al escuchar «¡Ro! ¡Ro! ¡Ro!» (remar), más de uno levante los brazos y empiece a remar casi sin pensarlo. Después de todo, así también se construye la cultura

*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora de la Universidad de Los Andes, Táchira.

13-07-2026

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