Por: Angélica Villamizar…
La ilustre Universidad de Los Andes, prestigiosa Casa de Estudios que ha formado desde hace más de doscientos años a muchos hombres y mujeres, quienes han marcado la diferencia en Venezuela y el resto mundo, y que por cierto, la QS Latin American University Rankings 2020, la posiciona entre las 100 mejores universidades de América Latina, ocupando el sitial número 82, en base a algunos criterios tales como, impacto de la investigación y productividad, compromiso de enseñanza, empleabilidad, impacto en internet e internacionalización y elementos como la reputación académica, reputación entre empleadores y la proporción de docentes respecto a estudiantes.
En el interior de esta Casa, por la cual han pasado 61 Rectores y un sinfín de estudiantes y trabajadores, se guardan inolvidables vivencias, también discusiones necesarias para llegar a acuerdos importantes, allí donde se forjan esperanzas, como dice su Himno, donde se respiraba un aire de sapiencia se sentía un cariño fraternal entre la comunidad universitaria, ahora, por el contrario, se siente desolación y desesperanza.
Hoy, tristemente vemos cómo se está quedando sola, las facultades sin sus profesores y sus estudiantes, y hasta sin esas personas que se encargan de salvaguardar las instalaciones, los vigilantes; y no precisamente por la pandemia, sino que en su gran mayoría, desde hace tiempo, han decidido emigrar hacía otros países llevándose sus conocimientos y talentos en busca de una mejor calidad de vida que lamentablemente este país no les ofrece.
La Universidad está pasando por momentos muy duros, la crisis política, social y económica que atraviesa Venezuela la está sumergiendo en un abismo, se está atentando contra la academia, la investigación, contra su autonomía; crisis que ha hecho salir lo peor de nosotros. Está siendo segregada, entre otras cosas, por las limitaciones presupuestarias que han incidido gravemente en la continuación de sus actividades.
La pérdida de los valores humanos, es otro de los desafíos por los que se enfrenta esta prestigiosa institución educativa, está deshumanizada completamente, se ha ido perdiendo el sentido de pertenencia entre sus miembros y el esmero por la excelencia académica, sus trabajadores se sientes desprotegidos, con sus salarios miserables, sin protección del sector salud, entre otras calamidades por las que tienen que pasar los que se quedaron.
A pesar de todas estas adversidades y limitaciones, pedimos porque nuestra ULA salga a flote, y siga siendo la pionera en la enseñanza universitaria; creemos firmemente en el personal que sigue apostando por su recuperación, muchos de sus integrantes, no quieren verla hundida, hacen todo en medio de sus posibilidades, de darle el cariño y la ayuda que se merece de diferentes maneras, los estudiantes mediante jornadas de limpieza y mantenimiento, sus gremios siguen luchando por reinvindicaciones, los profesores pasan los días pesando y discutiendo la mejor manera posible de seguir impartiendo sus conocimientos sin perder esa calidad que la ha caracterizado por tanto tiempo y que seguirá enalteciendo la academia a través de todos esos egresados regados por el mundo.
Ahora más que nunca, necesitamos de la comunidad ulandina para la reconstrucción de nuestro país, donde prevalezca la solidaridad, el respeto, la admiración por la ilustre universidad, porque trabajando cada uno como los engranajes del reloj, se puede llegar a ser una fuerza muy poderosa.
Correo: amvs286@gmail.com
05-11-2020 (17)




