Obra Virtuosa

Por: Ramsés Uribe…

Meritorio. El llamarse virtuoso y llevarlo como apellido no es casualidad.  Siempre hemos considerado muy subjetivamente que el nombre parcial o completo de alguien dice mucho del personaje. Llamarse de una determinada manera le imprime un sello personal único e irrepetible o cuando menos peculiar que arrastra con orgullo o pesar durante toda su vida. El nombre artístico de alguien le otorga un poder especial en el mundo del arte y el espectáculo. Aparte de ser su sello particular parece que le abre un mundo extenso de posibilidades de expresión e incluso de éxito o fracaso.  De ahí que algunos anhelan cambiarse el nombre. El llamarse José Virtuoso, le confiere o asigna a priori un adjetivo calificativo de su calidad humana no por consenso público de asamblea o por decisión propia sino que al ser su nombre de pila, tiene un cierto carácter providencial. A la vez, tal condición de identificación pública le obliga, le exige más que a la mayoría de las personas. Tamaño compromiso le otorgó la divinidad para siempre.  Fue un luchador social incansable y noble clérigo politólogo, director del Centro Gumilla,  Doctor en Historia y Rector, reelegido en tres oportunidades, de una de las universidades más importantes del país, la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), le confieren méritos y credenciales más que suficientes como para considerar su opinión y gestión en beneficio de Venezuela. Fue la autoridad rectoral  que siguió a la anterior gestión de otro gigante de la lucha por la democracia y la justicia social nacional, el eclesiástico, José Ugalde.    

Obra virtuosa. Pocos individuos o sujetos, como diría el gran filósofo y científico francés, Michel Foucault, soportarían un análisis con el método axiológico (valores) a sus vidas u obras. Es más, pocos pasan la prueba del tiempo, menos el de la historia e incluso en su vida personal. El jesuita aprobó en todo con la máxima calificación de sobresaliente.  El asunto estriba no sólo en recordar y reafirmar el aporte indudable de este gran universitario, sino ir más lejos. En Lagranaldea.com (2022), se apunta lo siguiente: “se concluye que el padre José Virtuoso era percibido como la personificación del país que podemos ser; la síntesis de las mejores cualidades del gentilicio; y la encarnación de las acciones estratégicas más eficientes para lidiar con la crisis, entendernos con el otro y optimizar los recursos”. En una entrevista del periodista Hugo Prieto del 2016, el jesuita ucabista expuso y propuso recuperar la política para enfrentar la crisis profunda y sistémica dentro del marco constitucional. “Si no aprendemos de esta terrible situación, pues ciertamente estamos perdidos”; de todo esto quedan grandes lecciones y aprendizajes positivos. El embrollo total del país ha causado una gran resignación y a resolver los problemas de la mejor manera posible, además, hay la creencia de que nada va a pasar, y se ha desdibujado el sentido de pertenencia e identidad y la búsqueda de un horizonte común. Nuestra sociedad está dividida y fragmentada donde se genera poco entusiasmo para ser parte de ella. Hay una suerte de desilusión colectiva, desamparo y frustración que llevan a una profunda atomización.  “Ese es el resultado de un proceso de disgregación social, que lleva al sálvese quien pueda, haga como pueda, no espere que aunque usted haga mucho, esto va a cambiar demasiado”. Debe verse el problema social desde la perspectiva del bien común. La respuesta debe ser colectiva, no individual. El gobierno tiene un fin político muy claro, la domesticación de la sociedad, generar una situación de total sumisión. Se está dando una recomposición social que permite repensar lo ocurrido y se fraguarán nuevas formas de dar respuesta a la crisis.

El anterior resumen del pensamiento del Virtuoso es significativo porque demuestra que este pastor académico hizo los deberes como politólogo; además demostró una fuerte preocupación que siempre tuvo sobre la ruda situación de nuestro país caribeño y su aporte desde las trincheras de la iglesia, su contribución como guía pastoral y promotor de la organización ciudadana en Catuche, Caracas y de la universidad y los medios de comunicación, es un hecho fuera de serie. Nos deja una de las personalidades públicas más relevantes de nuestra época convulsionada por la problemática política y social, quien asimismo estudió y abordó con denuedo y compromiso en su praxis profesional y apostolar lo referente a la actualidad nacional. Su Diagnóstico sociopolítico es preciso, objetivo y muy atinado sin maquillarlo ni exagerarlo, tampoco complace al poder gubernamental, político o económico, sólo es fiel a la verdad como hacen los grandes  e inéditos ciudadanos, así como los un poco más conocidos filósofos, científicos o gobernantes de la historia. Y no contento con eso, sugirió las alternativas adecuadas y a la altura de estos duros tiempos que corren, que no son mesiánicas, ni fantasiosas o absurdas como hacen los socialistas, sino acorde a la realidad del país y sobretodo, con la firme convicción de que la solución a la calamidad de Venezuela está en manos de todos los ciudadanos de bien que son la mayoría.  

Virtuosamente. Es un buen momento para fijarse en esa hermosa probidad de las personas tanto famosas como anónimas. A propósito de estas personalidades, como el buen rector ucabista José Francisco Virtuoso Arrieta, siguiendo a Platón, las virtudes como la templanza, fortaleza, prudencia o justicia, seguramente las encarnó este distinguido religioso y pudo ejercitarlas efectivamente en su gran apostolado social en favor de los necesitados y en su gestión académica. Sin duda, fue muy prudente en sus declaraciones públicas en pro de la verdad sin ofender a nadie, como si acostumbran algunas figuras públicas con sus improperios, amenazas y maldad. Aplicó la templanza y la fortaleza para alcanzar la excelencia profesional en todo lo que hizo así como en la esfera personal. ¿Solemos enarbolar estas virtudes platónicas en nuestra cotidianidad? Pues sería importantísimo seguir su ejemplo. Respecto de las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad cabe acotar  que el cura Francisco José,  tuvo una inmensa fe en Dios a prueba de calamidades que le permitía seguir adelante en su obra encomiable. Tenía gran esperanza en los venezolanos y su poder regenerador del país. La caridad se manifiesta en su amor al prójimo especialmente en esta deplorable situación país. La cordial invitación es a que sigamos el ejemplo del extraordinario presbítero y académico, quien le hizo honor a su apellido, José Virtuoso.    

Profesor de la ULA

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8-11-2022