Por: Germán Rodríguez Bustamante…
Es inminente el agotamiento del sistema político imperante en estos últimos veintidós años, sin embargo, la incertidumbre arropa a los venezolanos, limitando su capacidad de poder anticipar los hechos que puedan preceder a una ruptura. La actuación del régimen no deja dudas sobre su incapacidad para atender los problemas presentes. En este marco crece la preocupación por la consolidación de la desesperanza, la incredulidad y la incertidumbre sobre el futuro, para el cual no aparece en el horizonte cercano, una propuesta que pueda conducir el camino para la construcción de la esperanza.
El régimen hábilmente antes de la pandemia y en contexto de ella, ha venido avanzando en un pragmatismo económico, obviamente con extrema opacidad, pero que al final del día le ha dado resultado. Esto le ha permitido sobrevivir a una de las peores crisis de la historia venezolana, con una tímida liberación económica, el fortalecimiento de la represión y la militarización encuadrada en la pandemia. Aunque no se abordó una reforma económica formalmente, algunas medidas y anuencias como: la dolarización, la desregulación de los precios y la apertura selectiva hacia el sector privado, constituyeron una válvula de escape, que respondió a una estrategia de supervivencia política, con la finalidad de ganar tiempo para desactivar las tensiones y aliviar la presión social.
Por su puesto que estas acciones no resuelven los problemas de raíz, simplemente son compresas para contener la hemorragia, sin aplicar la quirúrgica requerida para cada complicación. La apertura ordenada al sector privado con un marco regulatorio claro, para que los inversionistas nacionales e internacionales tengan reglas transparentes, permitiría captar inversiones. Esta inyección de recursos contribuirá a la recuperación de la capacidad productiva manufacturera y agrícola en la estructura de la producción total, para disminuir la dependencia productiva y fiscal del petróleo. Indudablemente se requiere una revisión operativa y financiera del tejido empresarial público incluyendo el sector petrolero, dando espacios para la participación de inversionistas privados, en un proceso de privatización sincero.
El Estado debe en paralelo incrementar la productividad en la provisión de bienes y servicios, atacando las desviaciones de recursos y otras formas de corrupción con un marco regulatorio ajustado a las novedosas formas delictivas. La autonomía de los poderes es fundamental para la recuperación de la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Ajustar el gasto público para hacerle frente a los compromisos de gasto ordinario, incluyendo el gasto social, entendiendo que la conversión del Estado Benefactor al Estado Productivo requiere de compensaciones en el corto plazo. Existen un porcentaje elevado de la población, que puede llegar al 80 % que requiere con urgencia del apoyo del Estado, para poder enfrentar las condiciones económicas y sociales.
Tristemente muchas iniciativas o propuestas económicas dependen de un cambio político o de un gran acuerdo nacional. Las propuestas del régimen buscan ocultar los problemas suavizándolos sin eliminar el dolor. Mientras que algunos sectores políticos atan las transformaciones económicas al cambio político, el régimen mantiene su ruta con una tendencia hacia el autoritarismo y un mayor control militar. Su fragilidad económica y política es contenida con alianzas selectivas y oscuras con sectores económicos y militares. En lo económico se deja hacer y en lo político se reprime con más fuerza a los disidentes.
La reconstrucción de Venezuela exige un sacrificio en el que debe participar la mayor cantidad de conciudadanos, sin discriminaciones de ningún tipo. Construir un movimiento de recuperación del país, partiendo de la realidad social, con propuestas claras para solventar los problemas económicos, sociales y finalmente los políticos, y ello pasa por incorporar a las personas más capacitadas en cada área particular, sin importar su afiliación partidista. Es indispensable disminuir los grados de incertidumbre, con un clima adecuado en lo macroeconómico, jurídico y de reglas de juego con políticas económicas, incluyendo las de desarrollo de largo plazo, para que las inversiones puedan realizarse.
Los cambios económicos deben ser integrales y no solamente para atender las demandas de los grupos económicos con mayor poder político. La dolarización alivio y canalizo formalmente a las remesas. Los precios de casi todos los bienes y de algunos servicios están dolarizados, con lo cual la referencia para asignar precios es más que evidente. La circulación del efectivo en dólares es mucho mayor que la circulación de los bolívares, la moneda local sirve únicamente para cancelar transporte. El cambio político depende de la unificación de la oposición para poder logar una cohesión, que le de peso mayor en una eventual negociación. Pareciera que el cambio político que derive en las reformas económicas, debería pasar por un acuerdo con los militares, más que por sanciones económicas o de otra índole.
El régimen con toda seguridad mantendrá el pragmatismo económico, selectivo y oscuro para aliviar tensión social, la pandemia justificará las cuarentenas y los cambios requeridos para un plan de recuperación económica ordenado, se mantendrán diferidos. Mientras los ciudadanos enfrentando las condiciones de exterminio que derivara en mayor desigualdad y éxodo.
26-04-2021



