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lunes, julio 27, 2026

Oposición y golpismo

Por: Fernando Luis Egaña…

El señor Maduro acaba de reiterar en su reciente viaje a Moscú, que casi todos los sectores de la oposición están involucrados en planes golpistas… Y al respecto, hay que señalar dos cosas. Una, que se trata de una falsedad mayúscula y una irresponsabilidad aún mayor. Y la segunda, que desde la «óptica» de la hegemonía que Maduro representa, todo esfuerzo opositor es por definición «golpista», y por tanto es una declaración reiterada que se ajusta a una manera despótica de entender y ejercer el poder.

Según Maduro y los suyos, la llamada «revolución bolivariana» –o «bolivarista», como prefiero denominarla– es para siempre. Para todo el futuro de la historia. Entonces, todo esfuerzo por superarla es un atentado a su naturaleza, esto es, un golpe a su permanencia en el poder. La oposición política, bajo esos deformados criterios, tiene forzosamente que ser «golpista», no porque utilice o justifique a medios violentos o inconstitucionales para acceder al poder, sino por la sencilla razón de que aspira a alcanzar la conducción del Estado venezolano. Y tal aspiración, en la entendedera despótica, es golpista.

En una democracia, la alternancia en el poder público es lo más natural del mundo. De hecho, es la esencia de la democracia. Nadie plantearía que la oposición es golpista por el hecho de que aspire a sustituir a las fuerzas políticas del gobierno. Pero en una hegemonía despótica la perspectiva cambia radicalmente. Allí, el poder se atesora como un derecho adquirido y perpetuo, es decir, para siempre. Luego todo lo que pueda suponer que ello no sea así, es considerado y denunciado como un plan golpista.

Esta matriz, desde luego, no formaba parte de la cultura democrática de Venezuela. Pero ya no es así. Las acusaciones continuadas de “golpismo” a la oposición, caben en la opinión pública nacional no porque sean verdaderas, sino porque la configuración despótica las justifica. Ello, en sí mismo, ya es una tara que descompone las ideas básicas de la democracia. Y si encima, la hegemonía asesina, encarcela, tortura, persigue, exilia, intimida y denuncia como “golpista” a la oposición que se opone, entonces se hace evidente que en Venezuela impera un régimen que es contrario y hasta contradictorio con el sistema político, económico y social previsto en la Constitución formal.
Para la hegemonía roja, derivación del golpismo militar del tardío siglo XX, toda oposición democrática siempre será golpista. Y ese es un mal del siglo XXI que debemos dejar atrás.

flegana@gmail.com

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