Pacientes renales denuncian el colapso de unidades en al menos cinco estados del país

Tener insuficiencia renal en Venezuela no significa únicamente padecer una enfermedad crónica. Para miles de personas representa una lucha constante contra las deficiencias del sistema de salud, las fallas de los servicios públicos y la incertidumbre de saber si podrán recibir el tratamiento que les permite seguir con vida.

La diálisis sustituye parcialmente la función de los riñones y debe realizarse, por indicación médica, tres veces por semana durante sesiones de aproximadamente cuatro horas. Sin embargo, en distintas regiones del país los pacientes denuncian que esos tiempos se han reducido drásticamente debido al deterioro de las unidades, la escasez de insumos y las fallas operativas.

La situación ha llegado a tal punto que algunos pacientes han optado por abandonar el país en busca de atención médica. El pasado 27 de mayo, un joven de 25 años oriundo de Barquisimeto viajó a España tras reunir los últimos recursos de su familia.

Al llegar, solicitó ayuda humanitaria alegando que permanecer en Venezuela ponía en riesgo su vida.

Según Anabelle Camacaro, vocera y familiar de un paciente renal, al menos 15 pacientes de la Unidad de Diálisis Barquisimeto han migrado a España durante 2026 para acceder a programas de asistencia médica.

Lara: sesiones recortadas y déficit de equipos

Anabelle Camacaro aseguró que la situación en la Unidad de Diálisis Barquisimeto se ha deteriorado progresivamente desde que el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) asumió la administración del centro.

Actualmente, las sesiones fueron reducidas a tres horas y quince minutos. De las 55 máquinas disponibles, solo 41 permanecen operativas para atender a 245 pacientes distribuidos en tres turnos diarios.

La problemática también afecta a la Unidad de Diálisis y Trasplante Razetti (Unidiatra). Su vocera, Mirla Angulo, informó que recientemente la avería simultánea de varios equipos obligó a reducir las sesiones a apenas dos horas y media.

«Los pacientes quedan con retención de líquidos y toxinas porque el tratamiento no se completa. Eso compromete gravemente su salud», advirtió.

Guárico: máquinas agotadas y protestas

En la Unidad de Hemodiálisis de Calabozo, estado Guárico, la situación provocó protestas de pacientes y familiares que exigen respuestas de las autoridades. Los afectados denuncian que de 21 máquinas apenas seis se encuentran operativas y que los insumos llegan de forma incompleta. Además, una falla en la planta de ósmosis dificulta el funcionamiento del servicio.

«Tenemos máquinas que ya cumplieron su vida útil. Cada día hay más pacientes y menos atención», expresaron durante una manifestación realizada recientemente.

Los usuarios también reportan filtraciones en la infraestructura y aseguran que los tiempos de diálisis son insuficientes para atender la demanda de los tres turnos diarios. Según denunciaron, actualmente solo quedan cinco o seis máquinas disponibles para cubrir la atención de todos los pacientes.

La crisis también alcanza al personal de enfermería, cuyos salarios resultan insuficientes incluso para cubrir gastos de transporte. Las trabajadoras deben extender sus jornadas para atender a todos los pacientes pese a las limitaciones del servicio.

La situación se replica en la unidad de diálisis del Seguro Social de San Juan de los Morros. Allí, más de 60 pacientes denuncian constantes averías en los equipos.

Olga Martínez, paciente renal, aseguró que con frecuencia quedan fuera de servicio cuatro, cinco o hasta seis máquinas simultáneamente.

«Necesitamos que las reparen o que instalen equipos nuevos. Es nuestra salud la que está en riesgo porque no estamos recibiendo las cuatro horas de tratamiento que necesitamos», afirmó.

Miranda: sin agua no hay diálisis

En la Unidad de Diálisis Fortaleza y Vida, ubicada en Charallave, estado Miranda, la principal amenaza es la falta de agua. Familiares denuncian que las sesiones, que anteriormente duraban cuatro horas, fueron reducidas primero a tres y en ocasiones apenas alcanzan una hora debido a la imposibilidad de iniciar los tratamientos a tiempo.

Los pacientes están distribuidos en dos grupos que reciben atención tres veces por semana en jornadas que comienzan desde las seis de la mañana. Sin embargo, las constantes interrupciones afectan el funcionamiento normal de la unidad.

Los afectados denunciaron además la muerte reciente de un paciente que, según relataron durante una protesta, no recibió a tiempo la diálisis que requería.

Según los denunciantes, los Bomberos de Miranda han tenido que suministrar agua mediante camiones cisterna para evitar la paralización total del servicio.

«Las horas de conexión a la máquina eran de cuatro horas; luego bajaron a tres y muchas veces solo reciben una hora», denunciaron familiares de los pacientes.

Los afectados señalan que las respuestas de las autoridades han sido insuficientes y que organismos como la alcaldía, la gobernación, Hidroven y el IVSS no han logrado garantizar una solución permanente.

Zulia: pacientes pagan el agua

La crisis también golpea a los pacientes renales del estado Zulia, especialmente a quienes reciben tratamiento en unidades privadas subsidiadas por el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).

José Luis Tello, defensor de derechos humanos de los pacientes renales, denunció que estas instalaciones atraviesan una situación crítica marcada por la falta de personal, equipos fuera de servicio y problemas constantes con el suministro de agua.

«Las unidades de diálisis privadas están catastróficamente mal. Tienen muchas máquinas dañadas, no hay suficiente personal porque no les pagan; incluso, hay trabajadores que tienen hasta dos meses sin cobrar. No tienen agua y los pacientes deben comprar los camiones cisternas», afirmó.

Según explicó, la realidad es distinta en las unidades que funcionan dentro de hospitales públicos de la región, las cuales han sido modernizadas y cuentan con mejores condiciones para enfrentar las fallas de los servicios básicos, caso que también se repite en Portuguesa

«En las que están en los hospitales siempre hay agua, hay personal y todas tienen planta eléctrica. Pero en las demás no es así. Cuando ocurren los apagones deben esperar», aseguró.

Uno de los casos más preocupantes es el del Centro de Diálisis de Occidente, donde reciben tratamiento cerca de 80 pacientes renales. Los usuarios denuncian que el centro opera con apenas cuatro enfermeras para cubrir tres turnos diarios de lunes a sábado.

Además, de las 33 máquinas de diálisis instaladas en la unidad, solo 11 se encuentran operativas. Cuando falla el suministro de agua, los propios pacientes deben organizarse para reunir dinero y contratar camiones cisterna, mientras que durante los cortes eléctricos los tratamientos se retrasan hasta que se restablece el servicio.

Enfermedad que no admite improvisaciones

Para un paciente renal, cada minuto de tratamiento cuenta. Reducir o suspender una sesión de diálisis implica la acumulación de líquidos y toxinas en el organismo, aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares y puede comprometer seriamente la vida del paciente.

Mientras las autoridades no ofrecen respuestas estructurales, cientos de venezolanos continúan dependiendo de sistemas improvisados para recibir un tratamiento que debería estar garantizado. Para ellos, la diálisis no es un procedimiento médico más: es la diferencia entre vivir o morir.

Los pacientes y sus familiares exigen que se garantice el cumplimiento de las cuatro horas reglamentarias de tratamiento, el mantenimiento y sustitución de equipos, el suministro continuo de agua y electricidad, así como una revisión urgente de los recursos destinados a las unidades de diálisis del país.

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06-06-2026