¡Panamá, siempre verde!

Después de 5 horas en el aire, las ventanillas del avión dejaban colar siluetas de edificaciones que parecían competir por alcanzar primero el cielo. En su mayoría, rascacielos localizados a lo largo de la franja costera, donde el océano Pacífico se posa en tierra panameña.

Luego de una reparadora noche y un buen desayuno criollo, caminar por Ciudad de Panamá fue la mejor idea para interactuar con la cultura istmeña y vivir el territorio que alberga uno de los pasos transoceánicos más transitados del planeta.

A medida que se entretejen calles y avenidas repletas de vehículos y numerosos proyectos habitacionales y comerciales, queda en evidencia el auge económico experimentado por Panamá en los últimos años. Sin embargo, en ese enorme rompecabezas de concreto emergen pequeños “oasis verdes”; donde las “baby-sitters” panameñas aprovechan de hacer vida social mientras los niños bajo su cuidado se divierten entre columpios y toboganes.

Muchos parques públicos son el refugio de los citadinos, quienes aprovechan sus horas de ocio para hacer yoga, practicar deportes y ocasionalmente “tirarse” al césped para leer la prensa o el bestseller del momento.

El entusiasmo por recorrer lugares menos concurridos dirigió la consulta a un vendedor de helados, quien amablemente sugirió la visita al Parque Natural Metropolitano, en las adyacencias a El Canal de Panamá y a los puertos donde arriban cargueros de todo el planeta.

Con 232 hectáreas de bosque húmedo tropical y seco tropical, esta “mancha verde” escondida entre tanto concreto es el paraíso mismo. Enormes árboles cubiertos de bromelias y helechos son el hogar de unas 227 especies de aves locales, quienes comparten su hábitat con migratorias que llegan desde Norteamérica.

De los senderos brota aire puro que refresca el espíritu de aquellos que desean aislarse del desenfreno de esta gran urbe centroamericana. Debido a lo frondoso del bosque, no resulta extraño esporádicas lluvias por el rocío acumulado en su dosel.

El silencio se adueña de los pasos del visitante, aunque de vez en cuando interrumpidos por muy lejanos murmullos de vehículos y locomotoras en el área de El Canal y en particular por el crujir de la hojarasca, cuando pequeños mamíferos como el ñeque (Dasyprocta punctata) cruzan los senderos en procura de semillas y frutos.

La mejor vista de la capital se logra desde el Sendero de Los Caobos y para disfrutar de este  “pulmón verde” se necesita una mochila repleta de respeto y pasión por la naturaleza y por supuesto cómoda ropa y calzado.

A la salida del parque había un anuncio publicitario de El Valle de Antón. La curiosidad triunfó y enseguida desde la Terminal de Albrook se emprendió rumbo al interior del país.

El conductor del diminuto y blanco autobús solo esperaba que los últimos tres pasajeros ocuparan sus asientos. Inició la marcha a un lugar colmado de identidad y con valles y montañas que los panameños incluyen en sus vacaciones.

Atrás quedaba la carretera Interamericana y se emprendía un continuo ascenso hasta El Valle de Antón. Los pastizales y pequeños bosques se abrían paso entre tenues cortinas de neblina; cubriendo la fosa de un volcán inactivo. Granjas y viveros artesanales exponen la riqueza botánica de la provincia de Coclé.

Con los primeros destellos del sol, cada fin de semana llegan al Mercado Artesanal alforjas repletas de todo tipo de plantas ornamentales, flores multicolores y apetitosos frutos y vegetales que incitan su consumo casi inmediato.

Puestos para la venta de artesanía exhiben la creatividad de los lugareños, quienes dan forma y sentido a la madera y a las rocas. Pinceladas coloridas proyectan la alegría de la vida y reflejan en lienzos y madera la variada fauna de la zona.

A medida que se incrementa el interés por los paisajes y faenas rurales de El Valle, sus habitantes han gestionado ofertas de experiencias turísticas genuinas; que más allá de estadías placenteras, buscan promover el arraigo cultural moldeado por la madre natura.

Senderos, bosques, quebradas, colinas, caídas de agua y amplios sembradíos invitan a conocer sobre la armónica convivencia entre hombre y naturaleza.

Es común que en cualquier rincón se escuchen acordes de violines, hábilmente interpretados por músicos autodidactas; quienes con las expresiones en sus rostros evidencian una pasión desbordante y contagiosa, esto es Panamá.

Antonio Rivas

Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.

04 de noviembre 2025

www.linkedin.com/in/antonio-rivas-a2b85b73