Así lo escribió el papa en el mensaje publicado este viernes para la Jornada de los Migrantes y Refugiados que la Iglesia celebrará el 4 y 5 de octubre.
Y denuncia que «la tendencia generalizada de velar exclusivamente por los intereses de comunidades circunscritas constituye una grave amenaza para la asignación de responsabilidades, la cooperación multilateral, la consecución del bien común y la solidaridad global en beneficio de toda la familia humana».
Así mismo critica que «la perspectiva de una nueva carrera armamentística y el desarrollo de nuevas armas ―incluidas las nucleares―, la escasa consideración de los efectos nefastos de la crisis climática actual y las profundas desigualdades económicas hacen que los retos del presente y del futuro sean cada vez más difíciles».
Y advierte de que «ante las teorías de devastación global y escenarios aterradores, es importante que crezca en el corazón de la mayoría el deseo de esperar un futuro de dignidad y paz para todos los seres humanos».
Asegura que «en un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza» y que «su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas».
También recuerda a la Iglesia católica la necesidad de ocuparse de los migrantes y los refugiados y a los migrantes católicos los insta «a convertirse hoy en misioneros de esperanza en los países que los acogen».
«De este modo, los migrantes y refugiados son reconocidos como hermanos y hermanas, parte de una familia en la que pueden expresar sus talentos y participar plenamente en la vida comunitaria», añade León XIV.
EFE
25-07-2025




