¿Para qué la consulta a la Biblia en esta temática del vínculo entre la religión y la ciencia?

En artículos precedentes, «la aspiración a la verdad rotunda: lugar de encuentro entre lo religioso y lo científico», «el origen descendente-ascendente», y «la armonía religión y ciencia, ¿es factible?», quedaron patentes algunos pasajes bíblicos, Isaías 41, 4; Mateo 11, 27; Hebreos 11, 3; Salmo 113b, 16; el presente estará orientado por otros dos versículos: «les he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones» (Lucas 10, 29), y, «no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos» (Apocalipsis 22, 5).

En realidad, ha de quedar claro que la Biblia es exclusivamente Historia Sagrada, un sostén de la fe para todos los cristianos; no obstante, al propio tiempo es también un libro de hechos que tuvieron auténtica realidad.

No es un texto de ciencia, de historia, de leyendas piadosas; en efecto, entenderlo sin tratarlo escandalosamente, es comprender que él mismo solicita encuadrarlo en un exacto marco cronológico, histórico y geográfico. Por eso, distintas disciplinas científicas están al servicio de la verdad que el “libro de los libros” contiene, y a través de las cuales ella en él irradia su “clara luz” para la humanidad.

Las dos últimas citas bíblicas recalcan: la religión no ofusca el afán de la ciencia por obtener resultados más auténticos y benéficos a partir de sus postulados (ej., la tabla periódica que desvela para qué sirve cada elemento; el hallazgo de la liberación de sustancias químicas por parte de las células nerviosas: neurotransmisores; el cambio de rumbo de una enfermedad; el suero antiofídico, etc.); pero en este afán la ciencia tampoco ofusca la fe verdadera.

Por supuesto, hay serpientes y escorpiones simbolizados en supuestas bondades y en un optimismo desbocado con el cual aseguran este mundo temporal y su progreso como el mejor posible, al modo de Leibniz.

Ante esto, en el religioso y el científico la vocación de verdad y de infinito, expresó G. Marcel, no ha de desaparecer; el fracaso está en la pretensión del religioso que ambiciona apoderarse con la religión de lo científico y descuida el hecho de recordarse y recordarle al otro que el éxito del conocimiento del comportamiento de la luz de la lámpara y del sol, asimismo de los elementos químicos y sus aleaciones, los descubrimientos de la genética humana, los algoritmos y ecuaciones tan simples empleados en robótica, computación, etc., no se fundan definitivamente sobre la voluntad del hombre, sino sobre la de Dios; he aquí una de las razones de la segunda cita de la Sagrada Escritura, «no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos» (Ap 22, 5).

Por su parte, a la primera, pisotearán serpientes y escorpiones, responde este fino sentido del Salmo 36, —alusivo de igual forma a lo dicho en relación al científico, «la religión no ofusca el afán de la ciencia por obtener resultados más auténticos y benéficos»—, o sea, el Señor «hará brillar tu justicia como el amanecer» (v.6).

28-07-24

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

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