“Pasajeras”: Antología del cautiverio

Viaje al interior de una pandemia.

Fabulosa iniciativa la de reunir, en un recinto con alas, libro digital, las voces de nuestras poetisas y narradoras venezolanas; escritoras, amigas entrañables y admiradas. Flores del jardín fecundo de nuestra literatura; de pensamientos e ideas diversas, mostrando, cada una, textos de vida tejida con hilos de colores diversos en sus vivencias del cautiverio-pandemia, pero con un denominador común: el don de la palabra escrita y la facultad de plasmar sus pensamientos en cuartillas de letras, en cualquier lugar y circunstancia; donde la inspiración les hace un guiño afectivo. Ellas, fieles amantes de una idea reveladora, hacen lo que muy bien saben hacer: escribir.

Las creaciones de cada una de las participantes fueron resguardadas en una antología del cautiverio, compilada por Lesbia Quintero y Graciela Bonnet. Un trabajo iniciado en cuarentena, durante los meses de marzo, abril y mayo 2020. Gracias al empeño y al laborioso trabajo del equipo liderizado por Lesbia Quintero, de la Editorial Lector Cómplice, Caracas, Venezuela, hoy los lectores de todo el mundo pueden recrearse con “Pasajeras” y disfrutar de esa travesía literaria maravillosa, al compás de las horas que en              –cautiverio– se hacen más largas y duras.

Es un libro denso y profundo con una hermosa portada de “pluma viajera”, acompañada de 60 escritos, correspondientes a cada una de sus autoras, en los cuales hay un alto vuelo de palabras que expresan el profundo sentir de quienes, desde diferentes latitudes del planeta, participaron con su ingenio creativo para conformar una obra mágica, subyugante, intensa, vibrante. Melancólica a veces, encendida otras. Repletas de experiencias, de nostalgias, de profundos sentimientos de amor, dolor, incertidumbre, miedo, tristeza.

Lesbia Quintero (escritora, ensayista y editora) ​, fue la culpable de reunir en un solo sitio a las hadas de la escritura venezolana, en su presentación nos confiesa: Cuando el mundo está paralizado por una pandemia y nuestra vida discurre en medio de la incertidumbre, es difícil concentrarse en la creación literaria, poética, artística. En estos días quebrados recogemos, con guantes y mascarilla, los pedazos de lógica dispersos en nuestra vida, los fragmentos de la razón se escurren en la parálisis de las semanas, porque sabemos que estas formas de entendimiento operan coherentemente si nuestro entorno está equilibrado en la rutina, en el desenvolvimiento doméstico conocido. En varios trabajos de las escritoras participantes leí el asombro al descubrirse frágil ante un enemigo furtivo e invisible que acecha en cualquier rincón. En otros vislumbré la belleza verbal, con toda su potencia”.

¡Qué experiencia tan gratificante leer y leer a Pasajeras! Empezar y no querer parar, terminar releyendo algunos párrafos. Trasladarse como en el vuelo de una mariposa amarilla a aquella cocina, cuarto, escritorio, salón, donde hay vivencias que se cuentan, se narran, se describen, se comparten, se sienten.

Como algunos párrafos y sus autoras que cito, entre tantos maravillosos, pero que el espacio periodístico no permite más: “Tengo ganas de quedarme dormida, como si hubiese muerto, inmóvil para siempre hasta mañana, cuando recobre el rumbo, borracha de cansancio o de tristeza, avergonzada de mis desatinos, ajena a los jirones de mi alma y a los cocodrilos de mi mente: Liliana Fasciani M, en su Arrebato.

Como también aprender de algunas palabras como: “kenopsia”, de origen griego, que significa la sensación triste de extrañeza y soledad ante espacios que fueron habitados, donde hubo mucha presencia humana y que hora están vacíos, de Graciela Bonnet.

Tal vez entusiasmarse a escribir una Carta en tiempos de pandemia como lo hace Yurimia Boscán y decir: Frente a la certidumbre de la muerte queda la eternidad de la querencia, como si esa Inmortalidad a la que el poeta está destinado fuera la única cosa por salvar. Seguirá tocando mi noche y las bromelias de nuestros patios, compartirá nuestra congoja… ¿cuántos adioses inventaríamos ya? Son tiempos de pandemia, de contagios y de miedos…

Conocer los días extraños de Mariela Cordero: He dejado de escribir. El perfume de la peste deambula por las calles. El silencio casi sepulcral de los primeros días se ha convertido en un rumor, un murmullo de hambre, de gemidos, de celajes de animal enjaulado… Despierto de golpe y es difícil distinguir un viernes de un martes, todos visten trajes idénticos. Todos los días son uno solo. Frente a mí veo pasar un día único, deforme y bañado en sudor…

Tomar “El pulso de una ciudad” como lo hace Valentina Saa Carbonell: El día de júbilo ha de llegar. La esperanza aguarda, herida y ansiosa, pero sigue, quiere ver el final. Quizá se escuche el tañido de las campanas y alguien se preguntará por quién doblan esas faldas de bronce, a quién le dicen o le cantan. Quizá suene una trompeta también. Quizá, despertemos de una larga pesadilla…

Y de María Luisa Lázzaro, que desde nuestra Mérida querida se desdobla, en el texto “Desterrada cuerpo”, entre su cuerpo y su mente para sentirse acompañada en este cautiverio de penurias en la cotidianidad, para tener con quien ir hablando de cada circunstancia: No tenemos con quien hablar, no entenderían este idioma de quien se desdobla acompañado, en la misma calle, la misma cuadra donde nacimos. No sabemos si los otros mastican dialectos militares o de ciudadanos encarcelados en su propia casa, en un éxodo in situ que no se sabe si tiene fin en sí mismo.

Desearíamos presentarlas a todas y ponerles luminarias en sus nombres, pero carecemos de espacio.

Sepan ustedes queridos lectores que están invitados a entrar en esas vidas, conocerlas, compartir con ellas todo ese caudal de emociones que, gracias a la Editorial Lector Cómplice, por esta publicación de libre lectura, que puede ser reproducida total o parcialmente por todos los medios, reconociendo los méritos a cada autora y los créditos correspondientes por su trabajo.

Textos: Arinda Engelke. Comunicación Continua.

Edición: María Luisa Lázzaro.

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