Pedro Mario Burelli, experto y economista partidario de María Corina Machado, no discute matices: acusa una contradicción de fondo en la estrategia de Donald Trump y Marco Rubio hacia Venezuela. Tras una operación costosa para sacar a Nicolás Maduro, Washington tolera que Delcy Rodríguez administre el poder con presos políticos como moneda. Para Burelli, no es pragmatismo: es una política que legitima lo que dice combatir y arriesga convertir a Estados Unidos en cómplice de aquello que prometió desmontar.
Burelli no está contento con lo que vienen haciendo el presidente Donald Trump y el senador Marco Rubio en Venezuela. Está muy molesto con lo que están dejando hacer a la presidenta en funciones, Rodríguez, y a los residuos del chavismo que mantienen el control del poder, aunque tutelados. Considera impresentable el acuerdo expedito que cerró con la ex vicepresidenta de Maduro y totalmente dislocado y desarticulado con lo que esperaban los venezolanos luego de una excelente acción militar.
—Yo creo que la estabilidad se va construyendo pieza a pieza y sobre tierra firme. Sin crear o permitir condiciones que le den sustento, fortaleza, a lo que se quiere sustituir. No tendría sentido. Creerle a Rodríguez que mantener 500 presos políticos evita la desestabilización es decirle a la familia de esos presos que siguen encarcelados por una negociación, que esos presos son de Donald Trump y de Marco Rubio. Los estadounidenses se deben sentir como socios o cómplices de torturadores.
—¿Por eso le pregunta a Marco Rubio si su concepto de estabilidad se asocia con alabar a los torturadores y no con liberar a los prisioneros?
—Esos 500 presos son rehenes de una negociación incoherente. Son rehenes de una concepción de Washington que cree que compra estabilidad si deja que Rodríguez mantenga 500 presos políticos. Una presunción totalmente equivocada. Cuando Trump aparece en las redes sociales con el título de presidente interino de Venezuela, de forma burlona, y alabando a la funcionaria porque “lo está haciendo maravillosamente”, está expresando su acuerdo con lo que está ocurriendo: que haya 500 presos políticos y con el nombramiento de Gustavo González López como ministro de Defensa, un militar sancionado por Estados Unidos por violaciones de los derechos humanos desde 2014 que debería estar en la cárcel. No es coherente ni presentable. Estados Unidos debe darse cuenta del mensaje que está mandando. Si no tienes poder y estás negociando, no felicites a la señora, no digas que es una maravilla, no la llames presidenta electa. Sea mucho más serio y más juicioso. Está generando entre los venezolanos una molestia contra un país que siempre ha sido su aliado natural, que nos ha apoyado en esta lucha, y que dio un paso de un riesgo tremendo para salir de Maduro.
—¿Tiene diferencias con María Corina Machado?
—No. Tenemos roles distintos. Nada nos separa. Hace mucho tiempo entendimos contra qué estábamos luchando, tanto contra el régimen como con ciertos elementos en la oposición. Yo puedo decir cosas que ella no puede decir ni debe. Tenemos los mismos objetivos y luchamos por la misma causa, pero con estilos y discursos distintos. La independencia de no aspirar a un cargo en la mecánica del poder me permite emitir opiniones que a veces son distintas. Estamos muy unidos, evidentemente, pero no hay automatismo ni Pedro Mario Burelli habla como vocero de Machado.
—¿Qué lo separa políticamente de Machado?
—No tengo ningún desacuerdo con ella, ninguno. Ella es un actor político, con ambición de liderar el país y eso requiere vocación, personalidad y dedicación. Tiene la juventud, la energía, la ambición, el ego y todo lo que define a un buen político. Yo, en cambio, viví muy de cerca la política y desde muy joven le agarré cierta repulsión. Lo que puede aparecer como diferencias se basa en mi conocimiento sobre las relaciones de Estados Unidos respecto a Venezuela, antes del chavismo y, sobre todo, después del chavismo. Mis posiciones no la comprometen ni nunca he pedido permiso para emitir mi opinión sobre las decisiones que toman en Washington.
—Muchos aconsejan no criticar a Trump.
—No hay problema alguno en reclamarle una conducta a alguien al que tenemos que agradecer. No es contradictorio. Estoy 100% de acuerdo con Machado en que no podemos negar que Donald Trump es el único presidente de Estados Unidos que puso en peligro la vida de estadounidenses y mucho dinero en una operación costosísima; arriesgó su capital político, su presidencia, en una operación para enjuiciar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores. Venezuela estaba secuestrada por un grupo criminal. Ese juicio y los conexos permitirán que el mundo sepa lo que hemos vivido los venezolanos.
—Una operación muy costosa…
—La intención era sacarlos vivos, no muertos; que no se escaparan, que no tuvieran ningún aviso y disminuir casi a cero el riesgo de muertes estadounidenses. Fue extremadamente costoso y tenemos que agradecer, pero no es de desagradecidos advertir sobre la existencia de una serie de incoherencias desde el primer día. Una brillante operación militar, una operación política absolutamente dislocada. Acceder a que el régimen se desmantele para evitar una guerra civil es un total y grave desconocimiento de la realidad. Ese presunto riesgo de guerra civil es mentira. No existía ni existe riesgo alguno de guerra civil.
—Para la guerra civil se necesitan dos.
—En estos 27 años, la oposición venezolana nunca ha respondido con violencia a la violencia del Estado. Nunca se montó un brazo armado de la oposición, nunca se secuestró o se puso bombas en las casas de quienes estaban secuestrando y asesinando opositores. Hay un grupo muy pequeño que genera violencia y una gran mayoría que no ha mostrado interés alguno —ni siquiera con el instinto natural de furia, rabia, frustración— de utilizar la violencia como respuesta. Desde la Guerra Federal, Venezuela no resuelve las disputas políticas a través de la violencia. El siglo XX nos trajo gente que venía huyendo de guerras civiles, de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial. Nos hicimos país con mucha gente que huía de la guerra, de la violencia, y que son parte integral de la cultura y la fibra del venezolano.
—Esa teoría tuvo mucha divulgación en los medios; una red de analistas la replicaba.
—El bulo de la guerra civil lo promovió José Luis Rodríguez Zapatero y un grupo de empresarios extranjeros y locales con la intención de justificar que la funcionaria debía ocupar el puesto de Maduro. Desde antes de la operación Resolución Absoluta existía un plan para que ella se quedara hasta 2030, pero ese no fue el camino que la instaló en funciones tuteladas de poder. Siguen empujando ese plan para seguir beneficiándose de esa situación, pero Rodríguez es transitoria. Mientras se desmantela el régimen y se llega a una elección. Hay que evitar que se confundan uno y otro y que Estados Unidos empiece a enredarse.
—¿De dónde puede venir el enredo?
—Rodríguez es muy habilidosa en repartir dinero y contratos. Siendo generosa, abierta e irresponsable, puede buscar aliados entre gente cercana a la administración estadounidense para crear una base de apoyo al statu quo que representa. Firman contratos y creen que su permanencia en el poder les garantiza el cumplimiento. Pero esos contratos tienen un defecto de origen. Estados Unidos puede darle el reconocimiento diplomático que desee, pero ella, por la legislación venezolana, no tiene ninguna justificación para ser la presidenta en funciones. Trump no puede reparar la falta de legitimidad de Delcy Rodríguez Gómez ni de la Asamblea Nacional. Ni la gente seria firma contratos con alguien que es ilegítimo. Los abogados de las grandes corporaciones no aceptan contratos con ese riesgo.
—¿Por qué Estados Unidos la unge?
—Hay bucanerismo e imprudencia. Ocurren incoherencias inaceptables, como que Estados Unidos sea la razón de que 500 personas sean presos políticos en Venezuela. Estados Unidos tenía suficiente fuerza para evitar que hubiera un bochinche y llegar lo más rápido posible a un gobierno de transición sin darle legitimidad a alguien que no la tiene. Tan impresentable como que González López sea ministro y que haya 500 presos políticos es que el secretario de Interior, Doug Burgum, se monte en un avión con 100 millones de dólares de oro producto de un ecocidio. Nadie en Estados Unidos quiere refinar ese oro de sangre, pero el secretario acepta viajar con 100 millones de dólares en lingotes impuros de oro.
—¿Maduro y Flores eran el problema?
—Está claro que Maduro y Flores duraron lo que duraron por Delcy y Jorge Rodríguez. Son los grandes manipuladores, los grandes sostenes del régimen. El primitivismo de Maduro y Flores se compensaba con la astucia, las marramuncias, lo retorcido de los hermanos Rodríguez Gómez. No solamente eran parte del régimen, eran esenciales con todo lo que conlleva: la destrucción de Pdvsa está en manos de Rodríguez, el caso por el que Tareck El Aissami desapareció, ella está metida, el ecocidio, está metida, el narcotráfico, está metida en todos los estropicios y en crímenes de todo tipo. Yo puedo decir que esta señora está trabajando, le estamos dando órdenes, pero no que tenemos una maravillosa relación, porque me hago solidario con las cosas que están mal en el país. La mayoría, nada se ha desmontado.
—¿Los republicanos no reclaman?
—En el Congreso, los republicanos atacan a Rodríguez por cosas que hace con la venia de la Casa Blanca, y los demócratas, que no tienen miedo de atacar a Trump, preguntan por qué ella está en ese cargo. Se asombran de que se utilizara la fuerza armada, se corriera todo ese riesgo y se invirtiera todo ese dinero y se permita que el régimen continúe. No es normal. Se preguntan si hay algo raro, huelen algún negocio. Los republicanos tienen mucho más miedo de enfrentar a su presidente y atacan a la funcionaria. Les informo que ella está actuando con el aval de la Casa Blanca.
—¿Cuál es la fuerza de Rodríguez?
—Si Estados Unidos le dice que suelte los presos políticos, los tiene que soltar. Pero si le cree el cuento de que si suelta a los 180 presos políticos militares habría un caos en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo seguirá igual. Deben soltar a los 180 militares presos para que los militares enfrenten la realidad. La institución armada sostuvo un sistema que torturó a 180 de sus compañeros y los siguen torturando. Para la gran mayoría de la fuerza armada es una vergüenza que se nombre ministro a un oficial que debió pasar a retiro en 2012. Si la Corte Penal Internacional actuase de forma diligente, si hiciera su trabajo, dictaría orden de captura contra diez personas y González López estaría entre los primeros de la lista.

—¿Es coherente agradecerle a Donald Trump y criticarlo al mismo tiempo?
—Sí, es coherente. Los demócratas no atacan a Donald Trump por la salida de Maduro, había que salir de Maduro, lo atacan por la solución. Los venezolanos tenemos el derecho y la obligación de decir: “Nosotros necesitamos ayuda de Estados Unidos”. Pero también tenemos que mantener nuestra dignidad y exigir que se respeten valores y principios que hemos compartido con ese país. Los venezolanos estamos luchando contra el autoritarismo, contra la corrupción, contra el amiguismo y el nepotismo, contra todo eso, y resulta que en Washington se está configurando una solución para Venezuela que empieza a reflejar que va en contravía con valores y principios, y con beneficios económicos para grupos cercanos al poder.
—Negocios son negocios.
—Desde la administración de Clinton, con un Chávez emergente y luego con Chávez ganador, he lidiado con Estados Unidos y puedo decir con propiedad que todos han dejado a Venezuela peor de lo que la encontraron por el mal manejo de Washington. La gravedad de la situación doméstica de Venezuela es nuestra responsabilidad, pero sería muy grave que Trump, después de arriesgar vidas y tesoro, termine en un entuerto incomprensible. Nuestro aliado principal, Estados Unidos, al que agradecemos, tiene comportamientos que van a contravía de lo que esperamos. Hay mucha molestia en el gobierno estadounidense porque le han asignado un rol de cotorturadores.
—¿Estados Unidos está validando las torturas a los militares presos en el Fuerte Guaicaipuro?
—Hay mucha incomodidad. Me consta. Si el presidente no se da cuenta, si no entiende que los tiempos importan y que lo que ocurre en Venezuela es insostenible, se le va a revertir. Estamos muy agradecidos, pero sorprende que se inviertan recursos y se corran tantos riesgos para una solución chucuta.
—La presión tiene que ser de los venezolanos.
—Yo tengo una gran confianza en la intuición del venezolano. Machado conectó con esa intuición, con el instinto de supervivencia, con la esencia de lo más importante: la familia. El problema fundamental del venezolano —chavistas, opositores, civiles y militares— es la división de la familia. Antes de que acomoden las carreteras, antes de que recuperen Pdvsa y antes de que las cuentas fiscales cuadren, los venezolanos quieren reunirse con la familia. Esa división nos afecta a todos. Machado está luchando fuera del país, pero está conectada con una nación que tiene clarísimas sus prioridades; no se las va a inventar nadie, ni la CIA ni una oposición falsa. La prioridad del venezolano es reunirse con los suyos, prosperar en Venezuela.
—¿Tratan de demorar las elecciones lavándole la cara al régimen y adaptándose a los plazos que el interinato pretende?
—Es un plan que venía en marcha. Antes de las primarias de 2023 y de las elecciones de 2024, Henrique Capriles llevaba a Washington la idea de que las elecciones no se podían ganar y que la oposición debía enfocarse en 2030. Planteaba regalarle a Maduro el periodo entero. Capriles decía: No podemos ganar en 2024, enfoquémonos en crear condiciones para estar fuertes para la de 2030.
—¿Cómo va Machado a desmontar a los que ejercen el poder?
—La fuerza de la gravedad va a corregir el problema. La realidad. La incoherencia la está sintiendo la gente normal. En todos los gobiernos, incluido el de Estados Unidos, se dan cuenta de que lo que existe en Venezuela es anormal e insostenible. Los congresistas republicanos que son el soporte de la administración —Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez, María Elvira Salazar— están pegando gritos desesperados. No pueden aceptar una solución que es contranatura para un demócrata. Lo que está en juego con Venezuela no es lo que separa a republicanos y demócratas, sino lo que los une: las piedras angulares de la democracia, los valores y las convicciones democráticas. Machado se cuida mucho en público y es muy agradecida, pero en sus conversaciones con el presidente Trump y con Marco Rubio es muy dura en cuanto a exigir plazos y en cuanto a su propio retorno a Venezuela. La presión es de los venezolanos. Empiezan a salir a la calle y Rodríguez teme que se pierda el miedo. Ese es su miedo mayor y mantiene 500 presos políticos para atemorizar.
—Lo está perdiendo aceleradamente.
—Independientemente de lo que la CIA crea que es conveniente o de lo que amigos del entorno y miembros del gabinete de Trump supongan, puede haber una poblada en Venezuela que ponga fin a este experimento loco. Las encuestas evidencian que Jorge y Delcy Rodríguez son hasta más odiados que Maduro y Flores. La intuición del venezolano los identifica como más perversos y manipuladores.
—Marco Rubio pide paciencia.
—Sí. A mí la gente también me dice que tengo que ser paciente, y soy paciente. Si al régimen lo podemos desmontar en paz, mucho mejor, maravilloso. Pero quiero que las acciones y decisiones vayan bien direccionadas. Yo no puedo convalidar ejercicios legislativos chucutos ni nombramientos chucutos. Las decisiones del Legislativo y del Ejecutivo ranchifican más el país. Estados Unidos, en lugar de reconstruir la institucionalidad utilizando la presión y la fuerza que pueden ejercer, está ayudando a montar un rancho institucional. Es como si no les importara. Al frente del Banco Central de Venezuela han puesto a un impresentable, involucrado en manejos de criptomonedas con Irán, precisamente cuando el Fondo Monetario Internacional viene a investigar y a revisar cuentas. Sin duda, hay una gran improvisación. Nosotros tenemos la obligación de agradecer lo hecho por Venezuela y su democracia, pero también debemos exigir coherencia. Sin coherencia vamos al fracaso.
29-04-2026
https://www.elnacional.com/2026/04/burelli-trump-venezuela-delcy-rodriguez/




