Persiguiendo propósitos

Por: Rosalba Castillo…

Todo nos muestra, como al comienzo del año, estamos armando nuestro listado de buenos propósitos que mejoraran nuestras vidas. Muchos se quedarán a medio andar, algunos ni siquiera se nos darán, mientras otros nos harán inmensamente felices. Y es que se requiere que ir más allá de buenas intenciones. Se trata de verdaderos proyectos que ameritan de proyección en el tiempo y el espacio. El cambio de hábitos conforma esas pequeñas decisiones, que constituyen el centro de esta transformación que modificará nuestras rutinas y las del planeta, mientras nos desdibujamos en medio del cambio climático.

Los psicólogos sugieren la comodidad de asumir solo dos o tres nuevas prácticas, que, bien pensadas, se quedan con nosotros a lo largo del tiempo, luego de preparar a nuestro cerebro para estos nuevos escenarios. El mercado editorial, consciente de la necesidad de nuevas dinámicas para replantearnos la vida, se centra en cambios que van desde la hora para despertarnos como nos dice “El Club de las 5 de la Mañana” para algunos cargar con la deuda del sueño durante todo el día o hacerlo más productivo, desde el silencio y la creatividad matutina.  “Hábitos Atómicos” hará que logremos pequeños canjes, para obtener resultados extraordinarios como un tsunami.

Un verdadero Détox en nuestros días, hará que seamos mejores ciudadanos del mundo, luego de habernos modificado las rutinas desde la inmediatez tecnológica que nos abruma hasta llevarnos a enfermar nuestra salud mental. En medio de este listado de propósitos, el minimalismo nos empuja deshacernos de esos objetos que hacen nuestra vida, para instalarnos en espacios pequeños y costosos, que con grandes esfuerzos y mucha alegría se pueden adquirir como símbolo de la libertad y madurez o la negación a la tenencia de un lugar propio como la que mencionan los nómadas digitales en su afán de disfrutar del mundo, con sus vidas dentro de una mochila y los 23 kilos de una maleta.

Pareciera que atrás está quedando nuestra vida, en el camino de las nuevas tendencias, no solo de los 365 días del año que cerró.  Se trata de la historia que estamos dejando, para verla reducida a un Twitter o a un video. Esta globalización tecnológica que levantó su bandera para salvarnos en esta pandemia, hace que estas jornadas se reduzcan no solo a los trabajos remotos, sino a ese minimalismo exacerbado que está hurtando nuestros objetos personales. Crecimos en medio de ellos. Tazas, libros, cuadros, cajas, frascos, cuadernos, telas, botones, lentes, botellas, lapiceros. Piezas que van más allá de ser solo “objetos,” para convertirse en conexiones de nuestra alma y corazón con el pasado.

Elementos que van mucho más lejos de los desechables, promovidos por Amazon, fabricados de manera masificada por las maquilas chinas y ahora mexicanas. Y es la virtualidad y el consumismo, quienes se llevan esos momentos de nostalgias. Cada pieza, pertenecía a las vitrinas de las abuelas, tías o padres fallecidos, marcando una relación con su esencia y nuestras vivencias infantiles  Esos momentos que nos hacen tan humanos y vulnerables.  La tendencia del orden absoluto nos está llevando a la inteligencia artificial, así encontraremos según la pareja o el empleo ideal. Soltando cada milímetro de nuestras vidas, se nos promete que seremos ordenados y felices, a pesar de que nos sentiremos más solos, habiendo perdido esa inexplicable relación que establecimos con la cajita de música de la abuela, y    ese   cofre de cartas del primer amor.

Las experiencias del pasado bonitas o no, de afecto o de carencias, se proyectan en el presente, en nuestro cerebro cuando el aroma del café por la mañana nos da seguridad y olor a familia. La fragilidad de la vida se nos muestra a cada instante y allí muchos de nuestros propósitos desaparecen, a los pocos días de tan dignamente haberlos decretado. Estamos frente a momentos inciertos donde se nos hace complejo enfrentar más cambios de los que hemos vivido durante estos tiempos oscuros. Sin embargo, tenemos la oportunidad de decidir aspectos importantes para nosotros y para el planeta. Dediquemos el mayor tiempo posible para el logro de nuestras metas, así nuestro cerebro se estará involucrando en el proceso. Se trata de vincularlo a las emociones positivas, a los nuevos hábitos y adecuarnos a nuevas actitudes. Anotarlos en un papel a pesar de ser esta la era digital, nos asegura que podremos lograrlos en un 42%.

Creemos, un horario semanal, colocándolo en un espacio visible, intentando que las actividades diarias se conviertan en rutinas. Recordemos que la energía se debe centrar en aquellas cosas que podemos controlar. Permitamos crear posibilidades para el futuro, centrándonos en lo que podamos hacer aquí y ahora. Siempre agradeciendo por habernos hecho posible el alcanzar nuestros objetivos de antemano.

Tenemos la oportunidad de cuidar a aquellos para los cuales este  año seguirá siendo otro  de malos momentos.

Rosalba Castillo.

rosaltillo@yahoo.com

07 01 2023