El sector agrícola venezolano ha experimentado un crecimiento gradual pero palpable en los últimos años, un proceso que se consolidó de manera significativa durante 2024, a pesar de los persistentes desafíos macroeconómicos y de infraestructura.
Este período estuvo marcado por un incremento en la producción de rubros clave, impulsado en parte por una mayor coordinación entre el sector público y privado, la focalización en la sustitución de importaciones y, en algunos casos, por el alivio o flexibilización de ciertas restricciones.
Sin embargo, la expansión del sector agrícola en 2024 se desarrolló sobre una capacidad instalada aún reducida y se vio limitada por la escasez de financiamiento accesible, la alta dependencia de insumos importados y los problemas crónicos de vialidad y distribución, elementos que mantuvieron en tensión la estructura de costos y la competitividad de los productores nacionales.
La dinámica para el año 2025 se presentó con un escenario de optimismo cauteloso para el sector agrícola, con una continuación de la tendencia de crecimiento, aunque posiblemente a un ritmo más moderado.
Sector agrícola en 2026
Las proyecciones económicas generales para Venezuela apuntan a una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) que, aunque impulsada principalmente por el sector petrolero, genera un efecto indirecto positivo en la demanda de alimentos y en la capacidad de importación de insumos agrícolas.
Se espera que la agenda de trabajo se centre en la adopción incipiente de tecnología (como la agricultura de precisión y la digitalización) y en programas específicos para fortalecer la soberanía agroalimentaria, incluyendo el impulso a la producción de cárnicos (como el sector avícola y porcino) y rubros con potencial exportador como el café y el cacao.
No obstante, el factor inflacionario y la inestabilidad cambiaria continúan siendo riesgos latentes que podrían socavar la rentabilidad y la planificación a largo plazo del sector agrícola.
Mirando hacia el 2026, la sostenibilidad del crecimiento del agro venezolano estará intrínsecamente ligada a la superación de cuellos de botella estructurales.
La proyección más favorable dependerá de una inversión sostenida y masiva en la recuperación de la infraestructura (riego, almacenamiento, vías de penetración), la reactivación de un sistema crediticio accesible y la garantía de seguridad jurídica que promueva la inversión extranjera y privada a gran escala.
La posibilidad de un crecimiento más sólido y diversificado en este horizonte se basará en la consolidación de nichos de exportación, la transferencia efectiva de conocimiento y tecnología para aumentar los rendimientos por hectárea.
Igualmente, es necesaria la implementación de políticas que mitiguen el impacto del cambio climático y fomenten prácticas agrícolas más ecológicas y resilientes para sentar las bases de una verdadera soberanía agroalimentaria.
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29-72-2025



