Pido la palabra: 2024 ¿un tiempo esperado?

Por Antonio José Monagas…

Vislumbrar lo que la incertidumbre oculta, es razón para que todo ejercicio de gobierno se declare en franca rebeldía ante realidades imposibles de ser reveladas.

La dinámica de los tiempos, siempre ha sido objeto de estudio dada la irremediable desesperación de los cambios que ocurren en el tránsito inexplicable de las circunstancias. Sin embargo, la incidencia de elementos de naturaleza fáctica, así como de complexión humana, han impulsado siempre a estudiosos, impacientes y metódicos, a resistirse a los rigores de la incertidumbre cuyos análisis procuran atisbar lo que los tiempos encubren. Pero que finalmente, son capaces de evidenciar, aunque lo mínimo, algo de su particular trajín.

Del Eclesiastés

Del libro Bíblico Eclesiastés, se obtienen importantes consideraciones que bien dan cuenta de que el discurrir de los hechos que determinan la vida humana, está apropiadamente augurado por la naturaleza para que todo suceda en el tiempo establecido. Por eso el primer versículo del capítulo 3, refiere que “hay un momento para todo y un tiempo para cada acción bajo el cielo (…)”.

De manera que el ser humano, interesado y presuroso de adelantarse a los hechos para configurar la ruta de sus decisiones, intenta sortear el umbral de lo desconocido con la idea de hacerlo parte y causa del gobierno al cual suscribe su labor. Y es lo que pauta la teoría de la incertidumbre. Sólo que el problema de vislumbrar lo que la incertidumbre oculta, es razón para que todo ejercicio de gobierno se declare en franca rebeldía ante realidades imposibles de ser reveladas en toda su escala.

De la planificación política

La planificación política, habla escasamente de especular lo que avizorar el horizonte permite. Por supuesto, aceptando la insuficiencia que el esfuerzo de hacer la tarea representa.

No obstante, acá es cuando el planificador se vale de la aprehensión entrenada como metodología del análisis, para especular contextos en torno a escenarios posibles estructurados con base en las variables que presume como condiciones de posibles realidades esbozadas con criterios de ordenamiento politológico

El proceso electoral presidencial.

El estreno de 2024 del cual se han tejido diferentes conjeturas políticas, seguirán aportando recursos cognitivos para construir algunas especulaciones. Especulaciones que seguramente supeditarán la realización de escenarios a ser ocupados por variables que representarán categorías ajustadas a entornos, coyunturas y expectativas de cuanta propensión irrumpa las proyecciones políticas, económicas y sociales tratadas a instancia del análisis contextual en el curso de la correspondiente elaboración.             

Es lo que está en mente de muchos. O sea, el propósito que dicha tarea implica. Pero al ser 2024 un tiempo de “estreno” o debut de un nuevo ejercicio político-electoral, habrán de ordenarse múltiples presunciones políticas que se corresponderán con escenarios que serán convertidos en narrativas, discursos y propuestas de gobierno toda vez que 2024 en Venezuela es un año de elección presidencial.

En consecuencia, ello constituye una sobrada razón para hacer de dicha causa la oportunidad por muchos esperada para convertirla en justificativo de conversaciones, foros, exposiciones, programas de estudio, confrontación de opiniones y producción de misceláneos que buscarán vender la imagen de un 2024 característico del respectivo ejercicio político venezolano.

La diferencia entre un año electoral cualquiera y 2024, estriba en el inmenso y casi desmesurado deseo (contenido por la población) asumido como imperiosa necesidad (acumulada) de lograr democrática y pacíficamente, el cambio de gobierno que pauta la Constitución venezolana. Específicamente, cuando señala que el gobierno de la República de Venezuela “(…) es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables” (Artículo 6 constitucional)

Al cierre

Estas realidades se tornan más interesante y adquieren un marcado peso político, luego de estimar la presión causada por el evento electoral acontecido el 22 de octubre de 2023, organizado por la Comisión Nacional de Primaria (CNP) frente a la decaída popularidad del régimen político nacional. Además, bastante menguado por las sanciones establecidas de gobiernos extranjeros y tribunales internacionales que dejaron ver al resto del mundo, el talante delictivo, represivo y criminal de los cuadros políticos gubernamentales venezolanos.

Así que 2024, será un tiempo para definir cambios que no esperan más dislates. Ni tampoco, más prórrogas. Mucho menos, aplazamientos que sólo han conducido a desgraciar aún más las expectativas de vida y razones de bienestar de la población en general.

Entonces no cabe duda que 2024, es el tiempo exacto para que Venezuela demuestre otra vez su capacidad de alcanzar un inminente y necesario cambio político nacional. Razón plausible para pensar con el mejor optimismo que será 2024 ¿un tiempo esperado?

“El tiempo jamás apagará la esperanza, por extenso e intenso que sea. Pues para la esperanza el tiempo es su fiel biemhechor»                                                                

AJMonagas

14-01-2024