Por: Antonio José Monagas…
La respuesta que mejor podría determinar qué sucede con el discurrir del tiempo, involucra la “relatividad” como condición propia de su esencia física.
No resulta sencillo aludir al tiempo en términos de sus implicaciones. Sobre todo, al momento de buscar dar con respuestas que intenten responder a la pregunta que intitula esta disertación. O sea ¿A dónde se ha ido el tiempo?
La respuesta que mejor podría determinar qué sucede con el discurrir del tiempo, involucra la “relatividad” como condición propia de su esencia física. Particularmente, toda vez que su contemplación da cuenta del carácter relativo que su sensación de movilidad de todo cuanto rodea la vida del ser humano, compenetrada con las dimensiones que definen la vida misma (tiempo y espacio), evidencian la naturaleza que, por excelencia, se vive.
La percepción del tiempo
Esto hace ver lo que la percepción temporal en el contexto de la dinámica de la vida, impulsa a presumir de cuánto el ser humano se atreve a alardear. Es precisamente lo que hace creer que el tiempo transcurre rápido y otras veces, lento. Cuando en realidad, no es cierto, por cuanto el tiempo transcurre apegado a la velocidad que determina la rotación y traslación del planeta alrededor del sol con base en el meridiano de Greenwich.
Por consiguiente, se hace práctico que los eventos individuales puedan referirse mediante una escala reconocida. Lo cual se efectúa en virtud del interés por la medición del tiempo ocupado por el hecho bajo observación.
Sin embargo, la incertidumbre atrapa al individuo en la desconfianza y temor que proveen los momentos vividos y compartidos. Acá surge, entonces, la contra-pregunta que matiza esta aventurada narrativa: ¿Por qué varía la velocidad del tiempo?
Otros factores inciden
La velocidad del tiempo se aprecia mediante la percepción que se tiene del mismo. Por tanto, puede decirse que la percepción del paso del tiempo tiende a variar por causa de distintos factores. Tanto psicológicos como biológicos. Aunque a menudo, ello se acelera con la edad. Es decir, la rutina, la falta de novedad, el procesamiento cerebral que por la edad es más lento o la sobreestimulación tecnológica, pueden contribuir a experimentar esa sensación. Además, eventos emocionales intensos o la falta de atención, también pueden distorsionar la percepción temporal de la variación del tiempo.
Sin embargo, no es raro que cualquier persona viva momentos en que la percepción del tiempo ocurre cual evento normal de la vida. Y es porque, generalmente, dicha sensación sucede como consecuencia de la cantidad de información recibe y procesa.
“El tiempo pasa volando”
Aún así, no es extraño escuchar la frase: “el tiempo vuela”. O también aquella que reza: “el tiempo pasa volando”. Cualquiera de ellas, denota la sensación de velocidad con la cual avanza el tiempo. Casi siempre, al hacer actividades que, por agradables o interesantes, se disfrutan. Pero cuando dichos momentos son pesados por aburridos, fastidiosos o por la pausada espera, el tiempo se torna lento. Incluso, cuando la ansiedad o el estrés angustian.
Asimismo, el tiempo parece muchas veces desvanecerse entre las sinuosidades del camino. ¿O acaso se esconde de cualquier mirada, en la primera curva que en su recorrido encuentre? No hay duda que si bien el tiempo es una dimensión cuya medición marca el mismo ritmo que la naturaleza le marca, por igual induce sensaciones que no encuentran explicación sólida.
A manera de conclusión
El problema es que la percepción que del tiempo se tiene, ante la dinámica que la vida impone, suele creerse que “vuela”. Cuando, escasamente, su velocidad no aventaja ninguna otra dimensión más allá de las que determinan la vida en medio del mundo en que habita el ser humano.
La otra perspectiva bajo la cual busca responderse ¿A dónde se ha ido el tiempo?, se relaciona con los recuerdos que van grabándose en la mente como momentos vividos disfrutados, pues cada uno imprime una huella emocional casi siempre imborrable. He ahí las huellas que deja el caminante en su paso por la vida. Es la razón que invita a contemplar la existencia en el plano vivencial. También, a reconocer que el paso del tiempo tiene la fuerza para perderse en el camino. Así vale justificar la pregunta que abre esta disertación: ¿A dónde se ha ido el tiempo?
“Nadie ha logrado saber la ruta del tiempo. Aunque es seguro que su senda dirija a algún portal pluridimensional, pues tan rápido como viene asimismo se va perdiéndose en el mundo imaginario”
AJMonagas
09-11-2025





