jueves, julio 18, 2024

Pido la palabra: ¡A golear al régimen!

Por: Antonio José Monagas

Al régimen la economía se le volvió un enredo. El «Plan de la Patria» sólo animó inflación y escasez por lo que la actividad privada se tornó en un nudo difícil de desatar.

En nada ha cambiado a pesar de los compromisos adquiridos en tiempos de elecciones. El régimen sigue haciéndolas de una manera grotesca y sin cálculo de las consecuencias. Es decir, sin medida, ni dirección, ni tampoco sentido. La brutalidad que rige sus decisiones, junto con el poder económico incautado a través de artificiosas determinaciones jurídicas asociadas con la ideologización de los estamentos del poder del Estado, han llevado al país casi que al cadalso. O sea, al pie de su propia tumba la cual ha cavado valiéndose de las más vergonzosas extorsiones, chantajes e impúdicas exfoliaciones.

Las libertades fueron secuestradas por el afán de poder de sus dirigentes y funcionarios en cargos de alto gobierno. Las garantías las conculcaron con la misma perversa intención manejada al me-jor estilo chauvinista desde 1999. Sin embargo, las cosas empeoraron a medida que los tiempos fueron pasando. Y con ellos, permitiéndose el desangre del país razón por la cual apelaron a la impunidad para cometer los desbarros que concibieron bajo el oscuro cauce del llamado «socialismo».

2014, completó el cuadro de torcidos «méritos» que le valieron el reconocimiento internacional a su ineptitud, incompetencia e indolencia. Tanto que, ante los estragos realizados gracias a la escasez provocada, la mayor de la era democrática, se logró el apoteósico éxito del macabro plan de desabastecimiento a lo cual contribuyeron la patética socialización de los medios de produc-ión y la concepción comunal de la geopolítica nacional. (Léase: Estado Comunal)

Había que inventar lo de la guerra económica. Pero poco a nada consiguieron, pues los absurdos propósitos gubernamentales cayeron en la desgracia de su misma trampa. Se revirtieron, a lo que ayudó la protesta estudiantil heroicamente iniciada el día de la Juventud, el pasado 12 febrero. Tampoco les ha válido el maloso y aburrido cuento del «gallo pelón». O sea, el del «magnicidio» manipulado con el auxilio de la represión.

Al régimen el mundo se le complicó tanto, que hasta perdieron el camino en principio trazado. La economía se le volvió un enredo. El «Plan de la Patria» sólo animó inflación y escasez por lo que la actividad privada se tornó en un nudo difícil de desatar. De hecho, la inflación ha comenzado a bordear límites inesperados al punto que en los últimos meses llegó a 60.9%. Puede decir-se que la gestión gubernamental provocó la distorsión del funcionamiento del país sin que haya hecho nada para revertir tan serio problema.

Quizás por apostarle al proselitismo demagógico, el régimen devino en una situación que lo in-dujo a caer en las contradicciones de su propio modelo económico. Se ha visto que tan bajo ha caído, no sólo la popularidad del presidente de la República, sino también la de la nación ante los ojos del resto del mundo que, para evitar hundirse, continuó tomando decisiones totalmente contraproducentes. Así profundizó la represión. Sus arbitrariedades activaron mecanismos de persecución contra medios de comunicación negándole la venta de papel periódico, expulsando corresponsales extranjeros y conminando la línea editorial de la poca prensa libre todavía existente. No conforme con esto, el régimen persiste en su afán de amedrentar a activistas de derechos humanos, estudiantes demócratas y venezolanos con conciencia.

Ni siquiera la realización de la vigésima edición de la Copa Mundial de la FIFA, ha sido óbice para apaciguar la protesta. Por el contrario, en distintas ciudades venezolanas se revivieron manifestaciones y pancartazos exigiendo la libertad de los presos políticos y respeto a la democracia. Y a pesar del uso desmedido de la fuerza por parte de la Guardia y la Policía Nacional, las acciones de calle no se hicieron esperar.

El miedo de los gobernantes ante sus propias equivocaciones, que si bien no reconocen pública-mente sí las han entendido, ha sido la razón para actuar con el desafuero característico del despotismo. Imponen la máxima del autoritarismo en la que pensar diferente convierte al ciudadano en sospechoso. Luego lo inhabilita, despojándolo de sus derechos ciudadanos. Y por tanto, del bien político más preciado: su ciudadanía. Pero aún cuando el régimen insista en acallar la valiente resistencia popular, castigando con violencia la disensión política y negándole al venezolano sus derechos civiles y las libertades políticas constitucionales, en el país no cesará la protesta mientras no haya un giro rotundo que coloque las cosas en su santo lugar. Más aún, con los eventos que significan el Mundial Brasil 2014. Pensando en fútbol, habrá que exclamar a toda voz: a golear al régimen.

“En política, es propio vencer al adversario haciéndole goles (como se habla en fútbol). El problema es cuando en dictadura busca vencerse al otro mediante métodos opresivos que ahogan libertades y asfixian derechos”

AJMonagas