Pido la palabra: Águilas que viven como gallinas

Por:Antonio José Monagas…

Cuando el ejercicio de la política se concibe perversamente, conduce a que el referido problema marque el desempeño de dirigentes y activistas políticos quienes al actuar lucen bastante distante de lo que en principio animó su actitud política.

 

Vale iniciar este prolegómeno, trayendo a colación la fábula del águila que vivió creyéndose gallina pues creció y se desarrolló al amparo de una gallina la cual supuso que el huevo que, a su tiempo incubó al águila, era uno de los suyos. Por tanto, no lo diferenció al momento de su nacimiento. Ni tampoco a lo largo de su crecimiento. De manera que la pobre águila nunca se sintió como tal. Sino que siempre se creyó gallina. Ni siquiera pollo, tanto que sus modales y alimentación se sujetaron al modo de vida de una prolija gallina de corral.

Cuando el ejercicio de la política se concibe perversamente, conduce a que el referido problema marque el desempeño de dirigentes y activistas políticos quienes al actuar lucen bastante distante de lo que en principio animó su actitud política. Particularmente, porque siguen una conducta a desdén de objetivos debidamente definidos o apegados a conceptos negligentemente comprendidos, errando su manera de pensar. Igualmente, su modo de reflexionar y de conducirse con base en  estrategias de naturaleza político-partidista capaces de sistematizar el orden natural de los estamentos que intervienen en el discurrir político de una situación.

Es poco probable que la honestidad se compadezca de sus actitudes debido a la falta de franqueza que generalmente padecen estos dirigentes políticos prestados a la gestión gubernamental en nombre de algún proyecto ideológico que bien habrá servido para ganar elecciones o para arribar a escaños de alto gobierno. Justamente, ante lo que esta situación compromete, bien cabe aquel aforismo anónimo que reza lo siguiente: “la política es toda actividad en la cual lo que se dice no se piensa y lo que se hace, menos se ha pensado”.

Esta sentencia, hacer notar la displicencia utilizada casi siempre como criterio de acción. Sobre todo, cuando la política se asume no tanto como arte para dar con equilibradas soluciones antes que los problemas turben las realidades, que como la ruta que lleva al gobernante a saciar avaricias. Pero también, a desquitarse de solapadas culpas personales mientras remonta hacia niveles de poder desde los cuales pueda imponer estupideces por encima de toda consideración o condición institucionalizada.

El caso de la actual Venezuela, refleja la actitud de gobernantes indolentes para quienes la política se convirtió en un juego en el que se apuesta “nada por todo”. O “todo por algo”. De ahí que lo que va de siglo XXI, ha sido un tiempo absolutamente difuso, Un tiempo que sólo refleja secuelas de un gobierno ignoto. Hechos que dieron cuenta que la represión y la opresión podían actuar como recursos de un tiempo perdido que escasamente sirvió para retrotraer el país a episodios protagonizados por la barbarie, la ignominia y la opacidad. Así, subyugaron a Venezuela hasta su más nimia expresión.

Aunque lo peor de todo fue producto de un diseño político que se ofertó con el ruido posible de una campaña electoral que, en 1998, y que luego repitió el mismo esquema, prometió dignificar al venezolano, tanto como exaltar la venezolanidad en conjunto con la institucionalización de una democracia “participativa”. Pero tantas promesas, cayeron al olvido pues como siempre, fueron pronunciadas en medio del jolgorio populista, por quienes se ufanan de lo que su discurso pretenciosamente blande. Aunque sin advertir que el devenir de tan fatal política, los subvirtió como hombres políticos. Es decir, que el tiempo disparó efectivos dardos sobre sus alas haciendo que su vuelo decayera hasta que se convirtieron en seres desprovistos de los principios que en un inicio los catapultó cuales proyectiles de extraordinaria sagacidad. Pero que, dada las imperdonables circunstancias que rodearon sus cuestionadas ejecutorias, fueron sorprendidos por las realidades. Son personajes a quienes se les notó, debajo de la costura, un talante de bajo impacto Tanto así, que hoy, penosamente, se tienen águilas que viven como gallinas.

“Muchas veces, las traiciones se las propina quien por capcioso, cree sabérselas todas sin advertir que las circunstancias castigan sin saber cuando recaen sobre la persona el castigo que la vida ha depararle. O sea, son quienes después de dárselas de poderosos, terminan arrastrándose en su propio terreno. Y eso sucede muy a menudo en la vida política” .

.AJMonagas