Pido la palabra: «Amor» en tiempos de Tiranía

Por: Antonio José Monagas….

El país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenadopor la Constitución venezolana.

La violación de los derechos constitucionales en Venezuela ha alcanzado tal grado de exasperación, que el ejercicio de la gestión pública, ejercida por el alto gobierno en los últimos años, rompió las barreras de la resignación, la conformidad y de la paciencia al abusar de la autoridad. O sea, trasgrediendo las prerrogativas que las leyes le confieren. Cada discurso presidencial, ha pecado de falsas acusaciones, cruentas humillaciones. Pero sobre todo, insolentes señalamientos que inculpan, sin prueba alguna, a quien cuestione las desvergonzadas e ilegales arbitrariedades cometidas por un gobierno cargado de la vulgaridad y soberbia propia de todo tirano.

Cada pronunciamiento de algún alto funcionario, expresa no sólo injuria y difamación. También, es contentivo de una alevosa manifestación de prepotencia. O de un desquiciado sentido de superioridad, que calza exactamente con el tamaño de la indecencia y del desconocimiento. Además, cargado del atrevimiento de todo ignorante capaz de asomar tanta torpeza, sin que logre comprender la necesidad y obligación de recular o de excusarse ante el dislate cometido. Las disonancias de lenguaje y expuestas órdenes de presumida cuartelaría, son demostrativas del primitivismo político que viene caracterizando la contrariada y cuestionada labor gubernamental.

Lo que se ha visto durante estas dos últimas semanas a lo largo y ancho de Venezuela, ha sido en respuesta al paroxismo alcanzado ante la animosidad del régimen no sólo por mantenerse en el poder, a pesar de la ilegitimidad y exagerado nivel de maniobras con el cual ha intentado delictuosos hechos de inconstitucional tenor e ilegal cometido. Debe reconocerse que el régimen venezolano forzó toda medida de aceptada legalidad, mediante arbitrariedades logradas a la fuerza Así pudo desprenderse de las ataduras constitucionales que obligan al Poder Público Nacional a someterse a lo que la ley consagra como norma. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, sordo, ciego y mudo ante las decisiones tomadas, y en complicidad con ilegítimos magistrados adscritos a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de (In)Justicia, puso al descubierto la sucia jugada de asaltar al Poder Legislativo valiéndose del predominio del cual goza a través de conspicuos asociados colocados en cargos claves relacionados con la elaboración de las torcidas decisiones que luego procedió a hacer efectivas.

Así el alto gobierno, se voló el ordenamiento jurídico abusando de la autoridad que le permite actuar desde las alturas del poder. En consecuencia, el país político advirtió la rotura del estamento constitucional al violarse la ilación de preceptos que ensamblan la institucionalidad del sistema político ordenado por la Constitución venezolana. Esta situación tuvo eco en una población agobiada, maltratada y vapuleada. En una población con hambre y con enfermedades. En una población sin un empleo que le asegure el sustento ya que el régimen se ha empeñado en incumplir su decretado compromiso de “estabilidad laboral”. Por otra parte, ha sido consecuente con la impúdica política de desconocer derechos que exhortan libertades económicas que resguardan la propiedad privada de intrusos agentes de  la economía y hasta del gobierno. Pero las realidades de estos días, demostraron que la paciencia llegó al límite superior y se desbordó en protestas que, la misma Constitución, permite y exalta como derecho humano adquirido. Tan convulsiva situación hizo que la paciencia popular explotara e implocionara. Pero también llevó a la exacerbación de la resistencia que venía asumiendo como conducta social.

La presunción inconstitucional de desconocer al Poder Legislativo para sustituirlo por el ilegítimo fuero de la Sala Constitucional, sumado a decisiones de revolver y transgredir la convivencia social basada en el pluralismo político y democrático, tanto como la persecución a dirigentes políticos, y a quienes llegan a opinar en desmedro de las mentiras y trampas ordenadas y cometidas por el régimen, provocó el necesario enfrentamiento de sectores populares a las desmedidas imposiciones gubernamentales.

Tanto ha sido el nivel de confrontación, que la justicia gubernamental se volvió plastilina. El diálogo pretendido entre actores de la oposición y agentes del gobierno, quedó sin oportunidades ni alternativas cónsonas con lo que pudo haber logrado lo políticamente ansiado por la unión organizada de factores de oposición. La inmadurez política demostrada por el régimen, hizo pensar que se estaba fraguando un Golpe de Estado desde el Imperio. Y con el auxilio de una oposición sectaria. Cuando contrario a dicho cuadro de falsedades, las realidades fueron el mejor retrato del engaño diseñado seguramente por colaboradores cubanos. La situación que de ello resultó, hizo ver que todo fue una manipulación concertada entre altos funcionarios con el propósito de asegurar el enroque sobre el cual ha venido sosteniéndose a duras penas, pues su popularidad se vino al suelo. La militancia del partido del oficialismo, se desgranó en tanto toletes como cuadros revestidos de decepción por el mal gobierno adelantado.

La furia producida en la maltratada población venezolana por tanto abuso gubernamental y humillación padecida, alcanzó su máximo apogeo cuando el gobierno -subestimando la indignación del pueblo- el pasado 11-A, convocó a un acto de masas en San Félix, Edo. Bolívar, con la burda excusa de conmemorar el bicentenario de la Batalla de San Félix. El enardecimiento y la iracundia contenida por dicha población, se tradujo en arrebato de violencia al término de un discurso presidencial cargado del más asqueroso populismo. A su salida, la comitiva presidencial fue objeto de contundentes y aireados reclamos, lo que no fue óbice para que le lanzaran huevos, tomates y piedras que dieron en la humanidad de algunos funcionarios y oficialistas.

Tan inaudita acción, demostró que se perdió el miedo frente a la represión armada con la cual responde el régimen. Inclusive, con la impune intervención de civiles armados. Aunque el hecho no pasó a mayores, significó una abierta demostración de que el pueblo se hastió de tanta indolencia gubernamental. Su clamor es desatendido por el alto gobierno lo cual es entendido como descarada burla.

De estos sucesos se aprendió que “quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna, no lo conseguirá. Pero terminará sabiendo manejar la honda” (Proverbio árabe). Es claro que todo ello no fue ninguna respuesta de amor o de apoyo al gobierno nacional, tal como fue insinuado por algunos afectos al régimen. Aunque si pudiera verse como una contrariada expresión de “amor” en tiempos de tiranía.

“ Cuando la política gubernamental alude al amor como razón para reivindicar ideales, está desviando el sentido que estructura su concepción. Por eso, la política busca justificarse en su capacidad para entrometerse hasta en el amor y así manipular los intereses que lucen convenientes a sus ámbitos de intervención”

AJMonagas