Pido la palabra: “Bueno para nada”

Por Antonio José Monagas…

La palabra no deja de ser la mejor herramienta que luce la comunicación sociopolítica para conciliar o diferenciar condiciones y consideraciones que caracterizan la vida del hombre.

Las ciencias sociales, en su afán de determinar la movilidad del ser humano en el contexto de la diversidad no sólo ideológica, sino también cultural y social, ha buscado respuestas a los enredos desprendidos de paradigmas cuyas esencias teóricas, parecieran estar divorciada de las realidades ante las cuales presume su fuerza narrativa y conceptual. 

De esa manera, han surgido distintas teorías con el fin de ahondar en el análisis de la fenomenología que pretende ser el vehículo político que moviliza las presunciones del ser humano en su intento por posicionar sus arrogancias. Esconder sus flaquezas. O disimular sus inmodestias. Una de ellas, la resume la teoría del derrame. O la teoría de las causas finales. Esta, en lo particular intenta explicar las restricciones de la causalidad al momento de definir lo que la naturaleza dispone en función de su incidencia en el individuo y sus ostentaciones. 

Más allá de la formalidad teórica

Al lado de estas circunstancias, la filosofía plantea razones para despejar las incógnitas que emanan de la materia y del movimiento. Todo lo cual contribuye a acentuar condiciones que apuntan a diferenciar actitudes desplegadas por el ser humano al momento de proceder a demostrar o fingir cualidades con las cuales se apoya a los fines de trazar su comportamiento en la sociedad a la cual presta sus capacidades y potencialidades.

Es ahí cuando la sociología política, valiéndose de dicha coyuntura, se arroga la capacidad conceptual para estudiar las relaciones humanas y los cambios que se suscitan a consecuencia de los efectos de cuantos paradigmas logran calar en el orden humano. Aunque algunos intentan manipular al hombre con el propósito declarado de medir su fortalezas y debilidades. Particularmente, ante los cambios sociales, económicos y políticos que obligan al mundo a variar las condiciones de todo orden y sentido que permitan ajustarlo a nuevas a las nuevas formalidades, realidades y exigencias.

La intervención del vulgo

De esa manera, el vulgo valiéndose de su sabiduría creadora, produce y propaga cuantos aforismos, refranes o frases sean de posible reflejo del comportamiento del ser humano. Es un tanto el procedimiento del cual se fijan las ciencias blandas o inexactas utilizando la palabra como variable independiente.

En consecuencia, surgen locuciones que hablan del hombre toda vez que su oralidad apuesta a validar las libertades de las cuales pende la vida (en democracia). 

La frase que abre esta esta disertación: “bueno para nada”, como todas las provenientes del léxico popular, tiene la fuerza narrativa para romper pretensiones reduccionistas propias de la sociología mecanicista la cual fundamenta criterios que explican acciones sociales afianzadas en lo empírico. Pero que suelen confirmar lo que sus hipótesis apuestan.

Del lenguaje político

Así que, con base en lo aducido por la teoría de las causas finales, el lenguaje político se inflama del ímpetu necesario y suficiente para pregonar a los cuatro vientos lo que el pensamiento político es capaz de construir. Siempre, apegado a cualquier paradigma que exalte las libertades humanas. 

Por tanto, no debe existir estorbo, freno social o político, que asfixie la expresión libre de ideas u opiniones expuestas “(…) de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión (…)” (Del artículo 57 constitucional venezolano) la poética que, a dicho respecto, brota del espíritu humano.

Sobre todo, cuando contingencias de toda índole tienden a estrangular las necesidades e intereses del ser humano. Es el caso en que adquiere sentido y razón cualquier aforismo que retrate el carácter social, político, cultural o económico evidenciando de por medio la conducta del hombre actuando en sociedad. O sea, movido por los atolladeros que anidan en su desempeño.

El valor de la palabra

Sólo la palabra testimonia el discurrir del ser humano. De esa forma, la palabra destaca la identidad y la disposición que determinan la condición humana. Aunque la palabra no deja de ser la mejor herramienta que luce la comunicación sociopolítica para conciliar o diferenciar condiciones y consideraciones que caracterizan la vida del hombre. 

Así que la frase que intitula esta disertación vale a propósito de incitar una reflexión que potencie la capacidad de estimar, explorar o descubrir lo que hace laudatorio o denigrante al hombre en términos de sus actos. Por eso, ante la necesidad de dar cuenta lo que cada quien es capaz de mostrar, de cara a los problemas que padecen las realidades, cabe pensar en el aforismo que tantea sentimientos, emociones y actitudes: “bueno para nada”

“El valor de la bondad no necesariamente se mide a través de la acción realizada. Debe siempre coincidir con la intención declarada, demostrada y sincera”

AJMonagas

09-06-2024