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lunes, febrero 16, 2026

Pido la palabra: ¡Burda politiquería!

Por: Antonio José Monagas…

No hay espacio para dudar de que ahora el concepto de “política” pareciera otra cosa.

Aunque la política se haya entendido como el ejercicio del poder tras la búsqueda de un fin trascendente, su concepción sigue sin complacer a todos. Desde Aristóteles, el estudio de la política constituye uno de los pivotes desde donde es posible apalancar el mundo. Ya Nicolás Maquiavelo pudo demostrarlo cuando escribió “El Príncipe”. Max Weber también procuró lo suyo desde la sociología toda vez que estudió la política desde la perspectiva del Estado.

Karl Marx, también se planteó la misma necesidad cognitiva e intelectual. Sólo que éste aborda el problema de conceptuar la política, desde la crítica que hace de la sociedad burguesa y del Estado burgués.

La visión de “política”

No fue sino hasta que Hannah Arendt propuso un concepto de política que de alguna manera allanó una parte del laberinto que vino ampliándose a medida que la vida del hombre, en medio del trajín social en el que se permitió manifestar sus angustias políticas, alcanzó a complicarse sin mayor control que el que propiciara la propia dinámica política.

Arendt hizo ver por política “la vigencia, renovación y proyección de la “polis” como el espacio público provisto de libertad, igualdad, pluralidad, universalidad, no violencia; acción, comunicación e interacción de los seres humanos que son capaces de hablar y actuar continua y conjuntamente”.

Sin embargo, tan pertinente formulación, pudiera ser objeto de alguna reconsideración obligada por las vivencias políticas que, desde la década de los cuarenta del siglo XX hasta ahora, se han tenido. Y que, por lo tanto, sin duda alguna, durante todo ese tiempo hasta el presente, han estallado no sólo viejas categorías de comprensión. También, obcecadas formas de adecuar variables de coyuntura a determinaciones actuales.

Otro enfoque

Luciría propio pensar en su concepción de cara a realidades vigentes. Habida cuenta que la política, lejos de conciliar posturas encontradas y reforzar mecanismos de integración que consoliden esfuerzos adelantados por actores mancomunados frente a propuestas de desarrollo local, regional y nacional, enrareció ámbitos sociales y económicos. Ofuscó escenarios que luego de riesgosas maromas y escarceos, terminaron por dejarse arrastrar hacia agudas crisis políticas que, además de profundas, envolvieron el comportamiento de realidades de toda naturaleza.

Lo que ha corrido de siglo XXI, se ha caracterizado por situaciones de profundos conflictos, dada razones que solamente se explican en la magnitud de las dificultades expuestas. Es decir, donde la política dejó de estar en el sitial que la historia de las ideas y del desarrollo humano le imprimieron. En estos tiempos, las ideas parecieran haberse agotado. Y el desarrollo humano, haberse detenido. Es lo que ha sucedido, aun cuando suena paradójico. Y es que las realidades hablan por sí solas. Más, cuando dan cuenta de ver abonando, nuevamente, los terrenos de la antipolítica tal como ocurrió durante el último decenio del siglo XX.

La precaria cultura política, azuzada por el pragmatismo y el vulgar inmediatismo, afectaron la gestión pública. El interés gubernamental, volcó su atención mayormente hacia problemas intermedios del sistema político. Dicho esto, de modo llano, las realidades se vieron paliadas o atenuadas de cuanta anomalía, dificultad, inconveniente o aprieto coadyuvara a forjar el populismo como criterio.

Algunas inferencias

Podría decirse que la gestión pública se redujo a un escueto malabarismo que terminó agravando los problemas que padeció el país al ocaso del siglo XX. La elaboración de políticas públicas, no contó con el aval conceptual ni metodológico propio. Ni tampoco con los estudios pertinentes que la formulación de estos mecanismos de dirección política, económica y social asientan ante las exigencias de desarrollo nacional.

De manera que, a la vuelta de casi 30 años de variados ejercicios de gobierno, las realidades se vieron sin la capacidad exacta para afrontar los cambios que la incertidumbre pudo acuciar. En casi tres décadas de siglo XXI, el país luce golpeado, desperdigadas sus fortalezas, cansado y amenazado por distintos ángulos. La política, como condición de poder, fue forjada hasta su mínima expresión. Se violentaron sus capacidades.

Hoy, por “política” apenas se tiene un poco menos que lo que su primigenia intención trazó. O sea, sin la fuerza necesaria para elevar razones por encima de emociones. Puede decirse que lo que esos tiempos tuvieron por “política”, se convirtió en un remedo de lo que en principio pretendió.

No hay espacio para dudar de que ahora pareciera otra cosa. Habrá que endosarle a cuanto politiquero pretenda dársela de protagonista, que eso que llaman “política”, es simplemente ¡burda politiquería! 

Aunque se diga que la politiquería es la reducción al absurdo del concepto de política, sus consecuencias son nefastas pues castra de ideas, proyectos y determinaciones toda realidad donde se procuren izar las libertades y los derechos humanos, como banderas de democracia.

AJMonaga

18-01-2026

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