Por: Antonio José Monagas…
Cuando una sociedad despierta del letargo que ha incitado la obstinada gestión de gobernantes de mortecino currículum, comienzan a desplomarse las coartadas que hasta ese momento sirvieron para tapujar mentiras, engaños y humillaciones.
La teoría política no es tan puntillosa como pudiera desprenderse del estudio comparativo entre postulados trazados en diferentes momentos de la historia contemporánea o por parte de distintos autores. Como agregada de la Ciencia Social, sus principios dejan ver la benevolencia que determina la dinámica de los hechos cuya variaciones se hallan sujetas a la multiplicidad de variables que dan cuerpo y sentido a cada acontecimiento que registra el discurrir de la sociedad en aras de superar toda contingencia posible. A decir por el aforismo que reza: “cada pueblo tiene el gobierno que merece”, sus interpretaciones dan lugar a distintas razones que llevan a vincular dicho señalamiento con el entorno más próximo a la realidad que se cuestiona ante una determinada circunstancia.
Si bien la afirmación anima gruesos enfrentamientos, igualmente aviva acusaciones muchas veces utilizadas para impugnar o correr el velo de crisis sociales, económicas o políticas que suelen atrapar, retrasar o condenar realidades a condiciones y tiempos pretéritos. Indistintamente de la autoría referida a Nicolás Maquiavelo, al italiano José de Maestre, o al francés André Maiirux, incluso al texto bíblico (Eclesiástico 10:2-5), la idea tiene la cabida que permite la consciencia de un colectivo sumiso ante la autoridad de un gobierno que poco o nada se conduele de las necesidades más clamadas y demandadas.
Tanto como que “cada pueblo tiene el gobierno que merece” o que “tenga los gobernantes que mejor se le parezcan”, el problema que la situación refiere no deja de describir la amenaza que sobre cada caso se cierne. Aunque la sentencia del político cubano, José Martí, luce igual de infortunada, es quizás más apropiada para reseñar el serio problema que vive una sociedad que, por haber carecido de la suficiente cultura política y de la necesaria memoria histórica, cae en el agudo trance de vivir atestada de dificultades que en ningún momento previó. Martí escribió lo siguiente: “Pueblo que soporta a un tirano, lo merece“ con lo cual aludía a que cuando la tolerancia se asume sin fundamentos morales ni precisiones de ética pública y orden jurídico, las realidades se pervierten. Sobre todo, cuando quienes gobiernan improvisan con la alevosía que supone el manejo del resentimiento como criterio de gobierno.
De ahí que cuando un pueblo advierte el inmenso desgaste que soporta por causa de gobiernos corruptos, farsantes, conflictivos, arrogantes y ostentosos, las realidades políticas se tornan de cuidado. Sucede que alrededor de las situaciones que conducen a un proceder popular caracterizado por legítimas y desnudas protestas, se producen reacciones con tal firmeza que afianzan valores morales que, a su vez, exhortan una ciudadanía en sintonía con el Derecho y la Justicia, condiciones incontrovertibles de un Estado democrático.
Por consiguiente, cuando una sociedad despierta del letargo que ha incitado la obstinada gestión de gobernantes de mortecino currículum o dedicados a realizar negocios propios con dineros públicos, analfabetas funcionales con altos y caprichosos sueldos, y además diferenciados privilegios, comienzan a desplomarse las coartadas que hasta ese momento sirvieron para tapujar mentiras, engaños, fraudes y todo aquello que hasta entonces valía como pretexto para disfrazar canales de libertad y postulados de derechos humanos con falsas ideologías.
Cuando una sociedad se quita el mantillo de los ojos, la visión vuelve a remozarse con los colores del aura que brinda un horizonte que se rejuvenece cada vez que se alza una mano que empuña dignidad, se aviva un corazón que late al ritmo de las esperanzas de un pueblo con consciencia democrática. Cuando despierte Venezuela, dentro de pocos días, el país amanecerá bajo el candor de ideas que apuntarán a exaltar la dignidad, elevar la solidaridad, reencontrarse con la historia encauzada por la libertad y valores de moralidad y espiritualidad en franca relación con la verdad. Llegó la hora. Por eso se habla del momento, cuando Venezuela despierte …
“Las realidades, aunque inexorables, no dejan de contar con hombres que saben entender la tolerancia como recurso de la solidaridad”
AJMonagas


