Pido la palabra: Despedir es abrazar por siempre

Por: Antonio José Monagas…

(In memoriam a mi hermana de la vida, Alicia Margarita Monagasº)

La inflamación de sentimientos y emociones que, en adelante, signarán el devenir venezolano, resonarán en el alma de aquellos venezolanos que deben vivir con el vacío que deja la desaparición de un ser querido.

Cada día, no sólo amanece con una promesa trazada por el color del sol naciente. También cada día, se escribe con el carboncillo de la persistencia que emana del alma humana Es el momento donde la existencia entra al terreno donde se juega la dualidad que se establece entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. Por eso, cada día despierta entre lo delineado por el destino y lo que la esperanza atesora en el talego de las emociones, de las aspiraciones, la paciencia y de la constancia. 

 

Es un poco lo que acontece a medida que la vida trasciende en complicidad con un tiempo que lo sabe casi todo. Pues lo que desconoce, intenta averiguarlo ayudado por la razón mientras ésta reflexiona sobre lo complejo e impredecible que resulta la aventura de vivir entre la incertidumbre y la esperanza cuya inexorable condición no escapa de la conciencia humana.

Lo que la vida guarda para sí

Es un poco lo que de la vida pudiera comprenderse. Aunque justo, situado a su diestra, está la temida muerte. Sin embargo, poco o nada se entiende lo que ella esconde a pesar que quien nace mortal, ¿cómo podría escapar de la muerte? Jean de la Bruyere, escritor y filósofo francés, escribió: “la muerte no llega nada más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida”. Quizás tan debatido dilema, hizo a Séneca, en: De la brevedad de la vida, referir que -ante la muerte- “(…) hay que aprender a morir”.  

No obstante, sigue habiendo opiniones que contrastan el sentido de la muerte como liberación. Tanto que algunas son de notar. Por ejemplo, el célebre general Charles de Gaulle, conmovido por la muerte de franceses en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, expresó “(…) la muerte sólo tiene importancia cuando nos hace pensar en la vida”

El rostro de una tragedia vivida

La tragedia vivida el pasado miércoles, 24 de junio, a consecuencia de las sorpresivas y potentes sacudidas que borraron parte de ciudades y poblaciones de Venezuela, particularmente Caracas y Vargas, comunidades caracterizadas por la alta densidad poblacional que concentran y el porte de sus construcciones habitacionales e infraestructuras, alienta esta disertación. 

Estas líneas desean rendir homenaje a quienes el destino determinó su hora de morir. 

Tal como pronunció el reconocido escritor y político cubano José Martí, “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Y vale así considerar. Es el caso de muchos, cuyas vidas seguirán notándose en lo que su obra perfiló. 

Sobre todo, quien en vida fuese parte de mi historia, Alicia Margarita Monagas, reconocida académica de la Universidad Central de Venezuela, Universidad Metropolitana y de la Universidad Católica Andrés Bello. Como bien lo manifestó el comunicado suscrito por el Foro Venezolano de Política Exterior, Alicia fue 

(…) ejemplo de rigor académico, generosidad humana y servicio al país. Su vida fue una constante entrega a la verdad jurídica y al fortalecimiento de las instituciones (…) Abogada brillante, de pensamiento claro y profundo (…) su partida representa una pérdida irreparable para la academia, para sus colegas, para sus estudiantes y para toda Venezuela.

No hay duda de que la ausencia de tantos venezolanos que partieron al final de la aciaga tarde-noche del miércoles 24 de junio, sin siquiera advertir que la hora de morir rondaba muy cerca, deja un recuerdo que con dificultad podrá descifrarse. 

Breve reflexión

Quizás, habrá de faltar tiempo para que muchos comprendan la trascendencia de los valores que, en adelante, se representarán cada 24 de junio Porque ahora, la tristeza sumada a la inflamación de sentimientos y emociones que, en lo sucesivo, signarán el devenir venezolano, resonarán en el alma de aquellos venezolanos que deben vivir con el vacío que deja la desaparición de un ser querido. De alguien allegado o enraizado a momentos imborrables. O por haber sido inseparable y considerable trozo de la historia vivida. 

Es innegable que morir suele ser un evento tan sencillo que la complejidad de la realidad, consume su entendimiento. Sin embargo, sucede que las circunstancias se avecinan sin saber cómo, ni por qué. Pero ahí están. Es precisamente el problema cuya respuesta continua inexpugnable. No ha habido solución que dilucide la incógnita que enmaraña tan lúgubre y oscuro momento. 

La condición inexorable de la vida lleva a como lo entona la “Canción de la Vida Profunda”, poema del colombiano Porfirio Barba Jacob (1915). “Hay un día en que ya nadie nos puede retener”. Es la muerte como liberación. O sea, vista como el atracadero donde el ser humano descarga sus ataduras y tormentos. 

Aún así, la muerte se ve con la naturalidad que la vida recoge. Sería la razón para la sensibilidad poética del físico norteamericano Thomas Campbell, cuando adujo que “vivir en los corazones que dejamos tras nosotros, eso no es morir” 

Por eso, muchos no mueren en lo cierto, como bien ha de ser en Alicia Monagas. Es así que vale apuntar que, ante tan crudo y culminante momento, cada recuerdo vivirá para siempre. Razón para vivir sintiendo que despedir es abrazar por siempre.

“Nada más difícil que decir adiós a un ser querido”

AJMonagas

12-07-2026

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