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lunes, junio 15, 2026

Pido la palabra: El colmo de lo absurdo

Por: Antonio José Monagas…

El analfabetismo de estos gobernantes en materia de economía, obvia que el precio de un producto del mercado está determinado por el equilibrio entre la oferta y la demanda.

En medio de las arbitrariedades y equivocaciones propias de un régimen dirigido por la ineptitud convertida en decisiones virulentas, la supervivencia del venezolano se ha tornado incierta dado el nivel de carestía y tragedia que caracteriza la apesadumbrada dinámica económica vigente. Esto ha llevado al rechazo de las medidas machacadamente adoptadas por el alto gobierno. Sobre todo, por cuanto son órdenes dictadas al margen del concepto y praxis de la economía. Quienes tienen la responsabilidad de conducir el país en función de la movilidad que se establece entre la oferta y la demanda, en tanto que variables fundamentales a partir de las cuales se define la formación de precios de mercado de los bienes que requiere todo venezolano para su diaria subsistencia, desconocen las exigencias que establece un modelo de economía basado en la relación ecuánime entre el precio de un bien y las ventas del mismo.

Peor aún, estos mismos gobernantes no tiene idea alguna del hecho de considerar que en un mercado de competencia, el precio de mercado lo establece el llamado “punto de equilibrio” el cual sirve para fijar estrategias capaces de ordenar la funcionalidad de la economía. Pero su analfabetismo en materia de economía, obvia que el precio de un producto del mercado está determinado por el equilibrio entre la oferta y la demanda. No como ahora se pretende: instaurando dos nuevas formas que presumen establecer el cálculo del “precio justo” lo habrá de traducirse en más controles que sólo apuntarán a embotar más la economía y entumecer más aún la política.

La primera de ellas, llamada “Precio Máximo de Venta al Público”, aplicable a todos los productos y servicios, pautada de acuerdo a nueva metodología seguramente elaborada a instancia de condicionantes demagógicas. La segunda, denominada “Precio Justo”, estará destinada para aquellos productos protegidos por la absurda “Ley de Precios Justos”. Encima de tan extrañas maneras de comprender la economía, todavía se insiste en la creación de un “Comando Nacional de Precios Justos” con el objetivo de apalear toda actitud que se revele ante ello. Con esto, el régimen se arroga atribuciones para gravar nuevas sanciones que elevarán las penas de cárcel por aquello de que “en tiempos de guerra económica las leyes tienen que volverse implacables”. Así lo expresó el presidente de la República, desde Barinas, al momento de anunciar tan desatinadas medidas supuestamente “para la defensa de los ingresos del pueblo”. Ello, para no decir que todo terminará siendo una radicalización fracasada del retardatario y anormal “control de precios”.

En medio de estos dictámenes, cuya aberración evidencia el carácter tiránico del régimen, además de la torpeza que exhibe en el manejo de la economía, no es difícil inferir que el régimen no está intentando, para nada, cambiar el modelo económico asumido de cara a su ambiguo socialismo. Con ello, sólo acentúa las erradas decisiones que ha venido tomando en perjuicio del país económico lo cual habrá de redundar en mayores angustias para los venezolanos.

La teoría económica explica que si el precio de un bien está demasiado bajo y los consumidores demandan más de lo que los productores pueden colocar en el mercado, se produce una situación de escasez, lo que lleva a que los consumidores se dispongan a pagar más. Entonces, los productores subirán los precios hasta alcanzar el nivel al cual los consumidores no estén dispuestos a comprar más si el precio sigue subiendo. En la situación inversa, si el precio de un bien es demasiado alto y los consumidores no están dispuestos a pagarlo, la tendencia será a que baje el precio, hasta llegar al nivel al cual los consumidores acepten el precio y pueda venderse todo lo que se produce. Pero estos gobernantes se resisten a entender que la economía sólo puede ser impulsada por las fuerzas del mercado. Nunca, las imposiciones de un autoritarismo violento o de un despotismo desfachatado. En consecuencia, deberá reconocerse que de continuar el régimen contraviniendo la dinámica propia de la economía, la situación del país se verá tan deplorable como improbable. Tanto, que podría considerarse como el colmo de lo absurdo.

“El desconocimiento que mantiene un gobernante sobre economía u otra materia que estudia el desarrollo, no lo excusa de decisiones que afecten la salud social y financiera de la población a la cual debe su ascenso político”

AJMonagas

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