Pido la Palabra: El síndrome de la gasolina “socialista”

Antonio José Monagas

Por Antonio José Monagas…

No siempre los objetivos prometidos bajo una arenga política, pronunciada a espaldas de realidades suficientemente enfocadas y determinadas, terminan siendo debidamente acometidos. Posiblemente así sucede, por causa de una diversidad de razones que, en momentos de aguda disparidad estructural, se tornan tan esquivos como desordenados en su comprensión. Más aún, en su instrumentación. Sobre todo, en el fragor de situaciones en las cuales debían haberse consolidado como argumentos de específica consistencia. Pero superado el tiempo de desarrollo, sus resultados no logran conciliarse con las expectativas.

Cabe entonces preguntarse, ¿cómo podía pensarse en algo que calzara con las posibilidades que dichos objetivos pudieron tener para así alcanzar los efectos esperados, si ni siquiera tuvieron el tiempo mínimo para dejarse ver en su contenido y estrategias lo que habría generado el análisis correspondiente a las aplicaciones propias de tan particular proceso político?

Es el problema que acusan promesas elaboradas a la distancia. O aquellas que surgen de motivaciones infundadas. También, de otras que resultan de emociones sin causa. Casi, estas palabras perfilan la situación de crisis que tiene sucumbida a Venezuela luego que la verborrea “revolucionaria” exaltó lo imposible como recurso propio de lo que engañosamente anunciaba el “socialismo del siglo XXI” frente a furibundos, ilusos, ingenuos, analfabetos y vetustos en materia política. Aunque igual ante aduladores, usurpadores, esquiroles, advenedizos y ambiciosos.

Fue oportunidad para infundir la idea de convertir a Venezuela en un “país-potencia”. En el centro de tan prometedor realismo (mágico), las especulaciones y manipulaciones de embaucadores y carroñeros políticos fueron casi infinitas. Lo que había sido un país petrolero, se transformaría en un país altamente desarrollado, ejemplo para América Latina y para naciones situadas más allá de los mares. Sin embargo, nada fue tal cual había sido prometido con la oscura intención de enquistarse en el poder para entonces vaciar al país de sus riquezas en provecho personal de los nuevos precursores militaristas y libertadores socialistas.

De nuevo, la teoría política volvía a demostrar la veracidad de sus axiomas, criterios, deducciones, conclusiones y leyes. Venezuela se había convertido en terreno fértil para la comprobación de hipótesis que sostenían distintos argumentos expuestos por la teoría política. Quedaba fehacientemente demostrada la razón inversa de la proporcionalidad que se establece entre la capacidad del gobernante y el trazado electoral servido para articular objetivos políticos, económicos y sociales. Por eso la gobernabilidad como tesis política, no pudo alcanzar ni siquiera aún rango de relativa consideración.

Fue así como lo que se había esbozado en los planes políticos que comprometían la riqueza petrolera de Venezuela en términos del desarrollo prometido, se iría a fondo. Un tanto por parafrasear aquello que explica la Biblia cuando describe que “polvo eres y en polvo te convertirás” Pero dicho esto desde la perspectiva de la política delineada por los planes socialistas, podría ampliarse a: “de la tierra proviene el petróleo y para la tierra vuelve, convertido en miseria y ruina”.  

El mejor ejemplo o referente, fue en lo que se convirtió el negocio petrolero toda vez que sus productos más dimensionados técnica y comercialmente, como la gasolina producida en refinerías nacionales, dejó de sustentar el significado empresarial e institucional de PDVSA.

Hoy, la gasolina expone toda una realidad deformada dada el grueso de las contradicciones que como producto puntal de la industria petrolera venezolana, detenta. La gasolina se convirtió en razón para arruinar el tesoro público y arruinar la empresa petrolera nacional. Es mucho lo que al respecto puede decirse. Pero no lo que puede argumentarse para revertir la situación de crisis nacional. Salvo alguna propuesta de naturaleza económica. Aunque será de naturaleza conflictiva con la política gubernamental a la cual el régimen usurpador venezolano suscribe sus decisiones. 

Es sencillamente lo que ocurre en el fondo de la situación vergonzosamente engalanada por lo que encubre cuando el régimen se ufana con el mayor desparpajo posible, de lo que representa el irónico y paradójico estado de hechos el cual, en medio del cacareado proceso “revolucionario”, ha causado (con progresiva peligro) lo que puede calificarse como el síndrome de la “gasolina socialista”.

“En política, existen los traqueos. Sólo que cuando éstos se realizan a la usanza de la cotidianidad que azora al burro en su saturada rutina, el ejercicio político cae en un abismo del cual es imposible retornar”. AJMonagas