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lunes, junio 15, 2026

Pido la palabra: ¡En el puro carapacho!

Por: Antonio José Monagas…

Por todas partes se cuelan encendidos discursos enarbolados por el concepto de “patria” sin aclararse su alcance, contenido e implicaciones.

¿Qué no decir del término “patria”? Mas, cuando lejos de toda noción que explique su significado en el plano de lo jurídico, histórico y emotivo que puede sentirse por la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, desde los cenáculos del poder se incitan situaciones que maltratan al otro Solamente, por el hecho de exigir vivir apegados a los derechos fundamentales. Sobre todo, al dar cuenta que estos exhortan el sentido de ciudadanía. O más aún, la condición de ciudadano que debe imperar en medio de toda consideración que exalte el concepto de “patria”. El problema es que su acepción se desvió de la dirección que inspiró luchas que, en otrora, reivindicaron ideologías democráticas.

Con el tiempo, el concepto de “patria” se vio revolucionado por causa de la dinámica que le imprimió la política emergente del llamado siglo de las luces, bajo la influencia del pensamiento ilustrado que signó el siglo XVIII. Pareció haberse entendido el concepto de Voltaire quien en su Diccionario Filosófico, señaló que “se tiene una patria bajo un buen rey, no bajo uno malo”. O “donde uno está seguro de su fortuna y de su vida”.

De alguna forma, comenzó a fraguarse que la patria no era la tierra natal de los ancestros. Que comprendía las instituciones, las leyes y costumbres. Se admitió que no hay patria sin ciudadanos, sin libertad. Se arraigó aquel sentimiento de que se ama a la patria de la que se es ciudadano y en la que se pueden decidir sus leyes. Ya lo había indicado Montesquieu que “bajo el despotismo no hay patria, otras cosas la suplen, el interés, la gloria, los servicios al príncipe”. Es decir, que se tuviera por patria un ámbito impregnado de valores morales. Particularmente, en el terreno de los derechos humanos.

Sin embargo, tan profusos ideales tuvieron dificultades en cuanto a su manejo político. Su concepción tendió a excluir a las clases trabajadoras, campesinos sin tierra y obreros. De hecho, Marx y de Engels, en el Manifiesto Comunista (1848), apuntaron que “los obreros no tienen patria”. Esa denuncia revelaba la exclusión que padecían las mayorías y las exigencias del acceso de las clases trabajadoras a la ciudadanía. No obstante, el tiempo no ha sido lo suficientemente condescendiente. Luego de casi dos siglos, estos problemas siguen padeciéndose.

En la actualidad, el término “patria” continúa sirviendo para obnubilar condiciones asediadas por el populismo demagógico. Éste ocupa casi todo el entorno de la semántica y la dialéctica empleada por la politiquería para emprender acciones que, al emocionar como parte del discurso político, deforma el pensamiento que sustenta afectos, lealtades y expectativas. Sólo su mención, causa retracción y hasta encogimiento que moldea en el iluso o furibundo una conducta cuyo nivel de manipulación es capaz de forjar mitos peligrosamente traumáticos en lo político, social y en lo cultural. De ahí su capacidad superior para despertar el poder de la emoción y la pasión, por encima de la razón. Pero también, de ahí su fuerza para articular mentiras que son, en lo mundano, instrumentos de perversión de los cuales se vale el dirigente político de ocasión para infundir el patriotismo que su aberrada causa necesita para espesar su poder.

En Venezuela, esta práctica le ha sido útil al régimen para que, con base en sus mediáticas proyecciones (de fracasos), haya podido enquistarse en el poder. Aunque sin la legitimidad que corresponde tanto al momento, como al propósito o intención aludida por el mismo gobierno. Por todas partes se cuelan encendidos discursos enarbolados por el concepto de “patria” sin aclararse su alcance, contenido e implicaciones. Actos públicos, ceremonias de honor, ritos solemnes y cultos al recuerdo del héroe de fustigadora mirada, se organizan por doquier impulsados por esa orgullosa y arbitraria discriminación montada en el término “patria” convencionalismo éste al que apela la disfrazada doctrina revolucionaria.

El régimen no tiene la menor idea que las circunstancias dominantes, llevaron a que el término “patria” fuese golpeado por la conciencia egoísta de quienes se han opuesto al desarrollo de la nación. Para mayor desgracia, tan retorcida realidad igualmente ha servido para frenar la conciencia del venezolano cuyo sentimiento democrático descansa en el sentido de ciudadanía, de libertad y de derechos. Así se tiene que la manoseada noción de “patria”, usurpada por el régimen a los fines de sus intereses socialistas, no sólo es la confirmación casi ingenua de la pérdida de individualidad en beneficio de una propuesta de poder alevosamente elaborada con la exclusiva intencionalidad de imponerse a la fuerza sobre el resto de la sociedad. Para ello, se han valido de términos que fácilmente conmueven susceptibilidades al incitar emociones y sentimientos. Pero estos gobernantes no se han percatado que al concepto de “patria”, lo dejaron hueco, pelado. Es decir, en el puro carapacho.

“Cuando se gobierna a desdén de valores morales, los símbolos patrios se convierten en camándulas de uso vulgarmente populista para
provecho de intereses demagógicos”
AJMonagas

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