Pido la palabra: Es mera politiquería

Por: Antonio José Monagas…

Existen realidades donde la política dejó de ocupar el sitial que la historia de las ideas y del desarrollo humano, le habían concedido.

Aunque la política se haya entendido como el ejercicio del poder tras la búsqueda de un fin trascendente, su concepción sigue sin complacer a todos. Desde Aristóteles, el estudio de la política constituye uno de los pivotes desde donde es posible apalancar el mundo. Ya Nicolás Maquiavelo pudo demostrarlo cuando escribió “El Príncipe”. Max Weber también procuró lo suyo desde la sociología toda vez que estudió la política desde la perspectiva del Estado. Karl Marx, también se planteó la misma necesidad cognitiva e intelectual. Sólo que éste aborda el problema de conceptuar la política, desde la crítica que hace de la sociedad burguesa y del Estado burgués.

No fue sino hasta que Hannah Arendt propuso un concepto de política, que de alguna manera allanó una parte del laberinto que vino ampliándose a medida que la vida del hombre, en medio del trajín social en el que se permitió manifestar sus angustias políticas, alcanzó a complicarse sin el control que el que escasamente propicia la propia dinámica política.

Ante un concepto de “política”

Arendt hizo ver por política: “la vigencia, renovación y proyección de la polis como el espacio público provisto de libertad, igualdad, pluralidad, universalidad, no violencia; acción, comunicación e interacción de los seres humanos que son capaces de hablar y actuar continua y conjuntamente”. Sin embargo, tan pertinente formulación, pudiera ser objeto de alguna reconsideración obligada por las vivencias políticas que, desde la década de los cuarenta del siglo XX, se han tenido. Y que, sin duda alguna, durante ese tiempo que ocupa hasta el presente, han estallado no sólo viejas categorías de comprensión. También, obcecadas formas de adecuar variables de coyuntura a determinaciones actuales. 

Luciría propio pensar en su concepción de cara a las realidades vigentes. Habida cuenta que la política, lejos de conciliar posturas encontradas y reforzar mecanismos de integración que consoliden esfuerzos adelantados por actores mancomunados frente a propuestas de desarrollo local, regional y nacional, enrareció ámbitos sociales y económicos. Ofuscó escenarios que luego de riesgosas maromas y escarceos, terminaron por dejarse arrastrar hacia agudas crisis políticas que, además de profundas, envuelven el comportamiento de todo un Estado-nación. 

Praxis política tergiversada

Lo que ha corrido de siglo XXI, se ha caracterizado por situaciones de profundos conflictos, dada razones que solamente se explican en la magnitud del desorden alcanzado. Es decir, de realidades donde la política dejó de estar en el sitial que, la historia de las ideas y del desarrollo humano, le concedió. Sólo que, en estos tiempos, las ideas parecieran haberse agotado. Y el desarrollo humano, haberse detenido. Es lo que ha sucedido, aún cuando suena paradójico. Y es que las realidades hablan por sí solas cuando dan cuenta de estarse abonando, nuevamente, los terrenos de la antipolítica tal como ocurrió durante el último decenio del siglo XX.

La precaria cultura política de muchos gobernantes, azuzada por el pragmatismo y el vulgar inmediatismo, convirtieron la gestión pública en un teatro bufo. En un espectáculo de patética exhibición, que ni siquiera aplausos animó a pesar de las chocantes payasadas que tienen lugar como parte de todo acto central. Es decir, lo que podía entenderse como “política”, derivó en desnudas declaraciones de principios que sólo advirtieron problemas de coyuntura como si de problemas estructurales se tratara. Intereses gubernamentales, volcaron su atención hacia problemas intermedios del sistema político abandonando en consecuencia los problemas terminales del sistema social. Dicho esto, de modo llano, algunos gobiernos han paliado o atenuado cuanta anomalía, dificultad, inconveniente o aprieto le descarrían el aberrante populismo. Peor aún, siempre trazado como proyecto de gobierno.

A modo de inferencia

Toda la gestión pública de algunos países se reduce a un escueto malabarismo que termina agravando los problemas padecidos desde el ocaso del siglo XX. La elaboración de políticas públicas, no cuenta con el aval conceptual y metodológico propio. Ni tampoco, con los estudios pertinentes que la formulación de esos mecanismos de dirección política, económica y social afianzan ante exigencias de desarrollo nacional. De manera que a la vuelta de los años han alcanzado la capacidad para afrontar los cambios que la incertidumbre permanentemente acucia. Se arriba al poder, con proyectos políticos con más agujeros y atascos que rellenos y rellanos. 

Las realidades lucen fundidas, desperdigadas sus fortalezas y amenazadas por los ángulos posibles. La política, como condición de poder, forjan cualquier situación a llevarla a su mínima expresión. Escasamente, por “política” se tiene un poco menos que el recuerdo de promesas esfumadas. Sin fuerza para elevar las razones por encima de las emociones. Puede decirse que lo que se tiene por “política”, es un remedo de lo que en un principio fue. 

No hay espacio para dudar de que ahora, las realidades son otra cosa. Ante lo que viene suscitando cabría preguntar ¿dónde quedó la política? Ante lo que se ve, podría decirse que es la reducción al absurdo del concepto de Política pues termina castrándose de ideas, proyectos y determinaciones realidades donde se procuren izar libertades y derechos humanos como banderas de democracia. Se infiere que lo que está ocurriendo es mera politiquería desplazando la esencia de «Política». Así pudiera concluir asintiendo que todo eso es mera politiquería.

“Cuando la política se desprende de su concepción, su praxis se convierte  en desastre de toda índole”

AJMonagas

28-09-2025