Por Antonio José Monagas…
La muerte no detiene la continuidad que pauta la vida.
No todo se sujeta a la razón o al corazón. Pareciera esto ser un dilema de obligada resolución. Pero en medio de tan encarecida realidad, la vida puede asumirse desde una óptica más llana.
Es lo que motiva a considerar las diferencias entre posturas distintas. Por ejemplo, hay quienes creen que la muerte no detiene la continuidad que pauta la vida. Es sencillamente, convencerse a creer que realmente el hombre está situado ante la puerta de entrada de otro mundo el cual ha de conocerse seguidamente de respirar por última vez. Y justo es ahí cuando el individuo, atado a tan interesantes conjeturas, tiende a crear las dudas necesarias que han de obligarlo a elegir entre la razón y el corazón para entonces decidir la fundamentación sobre la cual se erigirá la ruta que marcará el discurrir que, en la vida presente, marca la senda a ser recorrida.
Es cuando decide pensar si es ADIÓS, o un HASTA LUEGO lo que escinde el trance final o de comienzo. Disyuntiva esta que descubre las rendijas que configuran el terreno sobre el cual discurre la vida.
Por eso, despedirse es un compromiso de cara al tiempo que se asume al tranzarse las distancias que comienzan a fraguarse desde el mismo en que los caminos se separan.
Pero a sabiendas que cada camino es una elección a asumirse sin atisbar exactamente lo que encubren las sinuosidades que describe la trayectoria del camino elegido. Pues sus efectos son desconocidos. Pero basta llegar a ellos no es posible darse cuenta que sólo así se habrán superado las dificultades propias dela trecho recorrido.
Quizás, fue la razón que contagió al poeta Porfirio Barba Jacob cuando su pluma dio luz a la Canción de la Vida Profunda. Su inspiración desafió las circunstancias. Tanto que hizo ver claramente que la vida tiene días resultan ser móviles Otros, lúgubres. También, días fértiles. Sórdidos. Plácidos, Incluso, lúbricos. Aunque realmente su emoción halló la senda para coronar la montaña más elevada de la vida. La cima desde donde puede alzar vuelo para partir hacia otra vida. Fue el testimonio que hizo el poeta para demostrar que siempre hay vida. Aunque en otro terreno. Pero que siempre ha de cambiarse de lugar.
Por eso el poeta detalló el magnánimo momento que vivimos, cuando escribió que “hay también un día en que levamos anclas (…) un día en que discurren vientos ineluctables (…) un día en que nadie nos puede retener”. Pero ¿y cómo? pues es que justo ahí levantamos vuelo tan alto que ni siquiera es posible toparnos con algún ave de extraordinario vuelo cuando le da por cruzar los límites de la verdad para jamás volver.
Tan breve prólogo, vale para honrar la vida de Ana Clarisa Contreras de Rincón Gutiérrez. O como mejor era conocida: Paquita. Su partida incita momentos en que ni Dios mismo puede reconfortar su ausencia. Esposa del hermano del recordado Rector Pedro Rincón Gutiérrez, reconocido profesor investigador de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, Paquita fue despedida con el respeto y afecto que sembró entre sus hijos, vecinos y amigos. Razón infinita para agradecer por la misión de vida que a ella correspondió y supo enaltecer con su palabra, obra y acción. Así, su vida terrenal será recordada cuales florestas rebosantes de esperanzas e ilusiones.
Sólo resta instar al Cielo para que Paquita vuele tan alto como sus pensamientos lo hacían cada vez que buscaba tantear realidades de tiempos pretéritos que seguro inspiraron en ella ideales que supo convertir en actos de solidaridad y deferencia. Así, muchos la emularán comulgando respecto de lo que fueron sus atenciones, consejos y sentimientos.
Hasta luego, Paquita. D.E.P…
“La ausencia del ser querido, no ahoga la fuerza que, en los sentimientos, marca su recuerdo en presente”
AJMonagas
26-11-2023



