Pido la palabra: La intolerancia en la política

Por Antonio José Monagas…

Pero ¿dónde y cómo se engendró la intolerancia?

La intolerancia siempre ha existido. Sólo que ahora, la dinámica de los tiempos ha envilecido las circunstancias que allanan cada recorrido de la vida. Por tanto, la intolerancia adquirió más impulso como conducta asumida al momento de esconder las carencias que caracterizan las actitudes del individuo toda vez que pretende cubrir de tolerancia la aceptación a todo aquello que no calza con sus expectativas, proyectos y agrados.

Razón en demasía tuvo Robert Southey, historiador y poeta inglés de la primera generación romántica, cuando refirió que “el furor de la intolerancia es el más loco y peligroso de los vicios, porque se disfraza con la apariencia de la virtud”. Esto, pareciera justificar la posibilidad de reconocer que lo único que merece no tolerarse, es la intolerancia.

Del foco de la intolerancia

Pero ¿dónde y cómo se engendró la intolerancia? Aunque hay distintas versiones que indagar tan craso problema, es posible examinar la ruta que lleva a pensar que la intolerancia, de considerarse como la irritación de quienes carecen de alguna opinión ante una realidad o evento determinado, radica en el odio que se descarga ante quien posee lo que el otro desea tener. Su tenencia reside en la envidia o en el egoísmo que se padece al no soportar creencias distintas de las mentalizadas por el otro.

Así llega a hablarse de que la intolerancia induce crímenes de odio y discriminación. De ahí que la intolerancia analizada en términos del comportamiento político de quienes ostentan el poder en la alineación despótica y con ínfulas de hegemonía de una estructura de gobierno, termina convirtiéndose en una falta de voluntad que compromete valores morales sobre los cuales se asienta una democracia.  

El problema de la intolerancia es tan maligno, dado el carácter drástico que su disposición encarna, que en el caso de sistemas políticos autoritarios tiránicos o totalitarios fascistas es aprovechado para sobre su práctica construir la insidia que sus fechorías requieren. Para eliminar libertades y clausurar derechos humanos. 

Algunas implicaciones

Para sacrificar el pensamiento libre y la conciencia a costa de la mayor maldad que son capaces de inducir en aras de sus sectarios beneficios. Para arruinar cuanta institución muestre algún ápice de sentimiento y soltura democrática. Para cerrar emisoras de radio y televisión sólo por el miedo que le produce que la verdad se vuelva bandera de lucha. Para atentar en contra de la autonomía universitaria toda vez que la dictadura en curso tiene amplio conocimiento del alcance del conocimiento, de la educación como factores que combaten de frente la ignorancia que esconden los talegos de la represión, la deshonra y el oprobio que representan toda ideología apegada a modelos verticales de gobierno.

Y, en efecto, la intolerancia en el ejercicio de la política, es instrumento de la destrucción de valores que endosa la moral y el civismo. Aunque sus consecuencias permiten que la praxis política se vea percudida de lo que la suciedad de la intolerancia en la política, chorrea, chapotea y esparce a “alta velocidad” y “máxima potencia”.

Por eso el peligro de la intolerancia practicada como recurso del poder político, termina desenfrenando a la politiquería ejercida. Es ahí de donde surgen politiqueros libertinos. O de censurable, controvertida conducta y repugnante actitud. Son politiqueros con escaso sentido de las libertades. Actúan, como quienes se habitúan a obtener provecho a costa ajena. A este tipo de prácticas la han denominado “la política del gorrón”. Para referir al inmoderado, al desenfrenado, al reprochable.

En conclusión

La ironía sembrada por la intolerancia política, gira alrededor de las más atrevidas demostraciones de intolerancia política. 

La lectura del artículo constitucional 25 de la Constitución venezolana, da cuenta del problema que proyecta la intolerancia política en el fragor de cualquier realidad que pretenda arraigarse. Dicho precepto determina que: 

Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley, es nulo. Y los funcionarios que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que le sirvan de excusa órdenes superiores.  

Los hechos que traducen tan fiero problema, llegan a extremos insospechados. La teoría política lo denomina: la intolerancia en la política.

“Cuando la intolerancia se somatiza como recurso político, cualquier problema existente termina por exacerbar las realidades”

AJMonagas

27-10-2024

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