Por: Antonio José Monagas…
Las fronteras entre economía y comercio se solapan causando problemas de manejo de poder. Del poder que cada una se arroga.
Si bien de la economía se ha dicho y escrito mucho, igual ha sido respecto del comercio. Aunque entre ambas disciplinas se tornan fronteras que, según las coyunturas y condiciones de las circunstancias en que suscriben sus acciones, y que además le infunden sentido a sus interpretaciones de las realidades, tienden a hacerse borrosas, ambiguas o confusas. Entre la economía y el comercio, se despliegan una serie de uniones que buscan asegurar la autonomía a toda racionalidad que intenta cubrirse bajo el manto de la negociación, del emprendimiento y de la empresa.
Mientras la economía sabe infundir el necesario resguardo o riesgo a toda praxis que en su relación con las finanzas intente ampararse bajo su cobijo operativo, el comercio buscará consolidar la formalidad de sus ejecutorias. Así sucede en la medida que el comercio logre integrarse al contexto en el que se moviliza la economía. De manera que la dupla entre la economía y el comercio, arrojaría resultados acordes con sus importancias y realidades en que actúan.
Pero la posibilidad de concatenar las fuerzas que amarran la relación en cuestión, no son siempre fortuitas. Tampoco resultan siempre como producto del manejo cognoscitivo que tenga quien, desde el mercado y el Estado, opere sus variables. Cuando una de dichas fuerzas acuden a prestar su valor en el plano del mercado o del Estado, representado éste en alguno de sus despachos correspondientes, la otra mitiga o abrevia sus influjos. Pues de no hacerlo, se engendra un conflicto entre elementos del dominio perteneciente a cada una de ellas.
Ahí, las fronteras entre economía y comercio se solapan causando problemas de manejo de poder. Del poder que cada una se arroga. Particularmente, toda vez que presumen ostentar fuerzas capaces de cimbrar, confinar, coaccionar o conmocionar las realidades. Es la razón que explica un tanto la inflación como fenómeno de presurosa incidencia.
Vale sumar a estas consideraciones, que en Venezuela, por causa de la emergencia humanitaria que oprime la sociedad, la relación entre la economía y el comercio, comporta resultados aún más incisivos que lo que en lo normal sucede bajo otras realidades. Así viene sucediendo, toda vez que la incidencia de la cabalgante crisis política acarrea crudas secuelas que repercuten en la economía nacional. Y sus efectos, arremeten contra toda situación en la que el comercio intenta imponer sus intereses.
La manera expedita que refiere la teoría económica cuando las crisis financieras azotan realidades y devastan áreas prestadas al desarrollo económico, es infundiéndole el conocimiento de la economía al comercio. Ello es garantía para multiplicar la intención dirigida hacia los confines de negociaciones, emprendimientos y terrenos donde tiene exacta cabida la empresa. Hacerlo así, aún cuando se piense de modo contrario, posibilita reducir las difusas fronteras entre la economía y el comercio.
“Entre la economía y el comercio, se solapan condiciones que terminan confundiendo sus implicaciones y significaciones. Lo cual se supera adentrándose en la teoría social en su condición de ciencia matriz. Por cuanto abarca sus sentidos y consideraciones operativas. Indistintamente de las circunstancias que pueden rodearlas”
AJMonagas


